martes, 12 de junio de 2018

El islám afirma que Mahoma era analfabeto

Cuando los más de 1.300 millones de musulmanes concluyan este jueves su mes santo de ramadán -el ayuno obligatorio durante la jornada de luz solar-, habrán cumplido cabalmente con uno de los cinco pilares de su religión. El tiempo de penitencia musulmana -abstinencia completa de comida y bebida- es una de las muchas similitudes entre el islam y las dos grandes religiones monoteístas anteriores: el judaísmo y el cristianismo. Ambas fijan en su liturgia un periodo algo más dilatado, para rememorar los cuarenta años de travesía de Israel por el desierto en busca de la Tierra Prometida, o los cuarenta días de ayuno de Jesús antes de comenzar su vida pública. Con el paso del tiempo, la penitencia ritual cristiana ha sido acotada con las normas moderadas de ayuno y abstinencia de la Cuaresma.

Mahoma conoció sin duda tanto la doctrina judía como la cristiana antes de recibir, en torno al año 610 d.C., cuando tenía 40 años, la revelación del Corán a través de una visión del arcángel Gabriel. Su conocimiento, siquiera sesgado, del Antiguo y del Nuevo Testamento está atestiguado por muchos versículos del Corán y por los testimonios históricos, que demuestran su contacto con tribus judías de la península arábiga, y con comunidades cristianas influidas en gran medida por la herejía que niega la divinidad de Jesús.

No obstante, el islam siempre ha defendido el carácter original y revelado de la predicación de Mahoma, y ha negado categóricamente el carácter de «copia», y además «parcial y tergiversada», que desde el principio ha sido crítica constante en el Occidente cristiano. Para apuntalar la defensa, la doctrina común suní -la corriente mayoritaria del islam, que representa al 90 por ciento de los musulmanes- no ha dudado en subrayar siempre su opinión de que Mahoma era analfabeto, aunque algunos historiadores de la primera hora como Ibn Ishaq sugieran que sabía leer porque era comerciante en La Meca.

La razón dogmática del «analfabetismo de Mahoma» es clara: si el profeta no sabía leer, no pudo utilizar para su predicación del Corán los escritos sagrados revelados de judíos y cristianos, muy anteriores. Todo fue en el islam auténtico y novedoso: Dios, a través de San Gabriel se fue revelando a Mahoma y le pidió que memorizara y recitara a continuación a sus seguidores los versículos del Corán. La primera transcripción del libro sagrado de los musulmanes no tuvo lugar hasta muchos años después de la muerte del profeta, durante el tercer califato.




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