jueves, 21 de junio de 2018

La impresionante revolución tecnológica en el fútbol

Atrás quedaron aquellos tiempos en los que lo más revolucionario del fútbol era que el balón fuera blanco y negro, para que los espectadores que siguieran el partido por televisión pudieran verlo con mayor nitidez. Ahora, la tecnología del balompié ha ido mucho más allá de nuestros ojos. Desde los sistemas de geolocalización y movimiento que llevan muchos futbolistas, capaces de medir la distancia que recorren durante el encuentro (e incluso calcular su nivel de cansancio), hasta los balones con chips integrados que se comunican con el árbitro. Y en mitad de toda esta revolución, las cámaras juegan un papel fundamental.

No se trata solo de que permitan a los aficionados ver cada detalle del juego (e incluso de aquello que ocurre en la grada) desde todas las perspectivas posibles. Tampoco es únicamente que permita a los cuerpos técnicos analizar las distintas acciones del partido para descubrir aquellos aspectos en los que flaquea su rival. Es que ahora, gracias al análisis de la vista de los jugadores, con el que seguir sus movimientos oculares para ver dónde miran y cuándo, es posible mejorar numerosas facetas técnicas.

En los partidos más reñidos, las decisivas tandas de penaltis acaban por decantar la balanza hacia uno u otro lado. Y los futbolistas tienen que estar preparados para saber cómo acertar en sus lanzamientos desde los once metros, mientras que los porteros tienen que tener recursos para adivinar si el rival va golpear hacia la derecha, hacia la izquierda, raso, por alto, a lo Panenka… Para ello, se realizó un experimento con jugadores del New York Red Bulls, un equipo que milita en la Major League Soccer, en el que se intentó analizar cómo los futbolistas se preparaban a la hora de lanzar los penaltis y así tratar de mejorar su efectividad.

La prueba la realizaron con la tecnología de la firma Tobii Pro, que ha creado unas gafas para captar la dirección de los ojos de quien las lleva. Con ellas, lo que se pretendía comprobar era hacia dónde miraban los jugadores a la hora de prepararse para golpear el balón. La mayoría dedicaban la mayor parte del tiempo a mirar al portero (un 46%). La siguiente zona que más atención recibía era la propia portería, donde miraban durante un 36% de los instantes previos al chut y, por último, el elemento al que menos miraban los participantes en la prueba era al balón. Solo destinaban un 18% del tiempo a mirar el esférico.

En el caso del portero, el dispositivo que le colocaron para rastrear su movimiento ocular sirvió para tratar de determinar a qué puntos de los rivales miraba para intentar adivinar la dirección del disparo. Con los futbolistas pudieron realizar más pruebas, desde cómo evolucionaba su golpeo para acertar en un blanco hasta dónde focalizaban su atención cuando tenían que realizar un saque de esquina o un lanzamiento de falta, difícil cuando se interpone la barrera entre el balón y la portería.

También realizaron un análisis de la visión de los futbolistas a la hora de intentar hacer un regate. En estos casos, lo habitual era que los jugadores mirasen cómo colocaba las piernas el contrincante para, en el momento adecuado, intentar colarle el balón entre ellas.

A este respecto también realizó un análisis exhaustivo la investigadora Alyona Grushko, de la Lomonosov Moscow State University, que con un grupo de jugadores que se ofrecieron voluntarios trató de examinar aquellos puntos a los que más atención prestaban cuando tenían que esquivar ciertos obstáculos y realizar un disparo a portería. No obstante, su investigación a partir de la tecnología que capta los movimientos oculares ha ido mucho más allá. Junto con otros investigadores, analizaron cómo estaba conectada la visualización de los deportistas con su aspecto psicológico y en la mejora técnica, para así poder ser más eficientes.

Al final, aquello que nos explicaron de pequeños de que antes de lanzar un penalti no había que mirar el balón, porque era señal de duda, tenía otras muchas lecturas. Con estos datos sobre la mesa, los Ramos, Iniesta, Costa y Aspas podrán prepararse por si en Rusia tienen que reeditar el éxito de las tandas penaltis de los europeos de 2008 y 2012, donde los jugadores españoles estuvieron más acertados desde los once metros que los italianos y portugueses, respectivamente.

A cámara lenta, sanciones más duras
Los que también van a contar con las cámaras como aliadas para realizar de forma más correcta su labor son los árbitros, los encargados de que se cumplan las reglas establecidas sobre el terreno de juego. Y lo cierto es que estas no parecen ser buenas noticias para los futbolistas, que podrían ver cómo las sanciones se vuelven más duras gracias a la cámara lenta, como pueden hacer ahora con dispositivos como el VAR, la nueva tecnología para el arbitraje.

Al menos, eso es lo que afirma una investigación realizada por la Universidad de Leuven, en Bélgica, que comparó las decisiones que tomaban 88 árbitros de 5 países europeos al ver 60 acciones del juego tanto en tiempo real como ralentizadas, para que pudieran analizarlo todo con más detalle. Si bien es cierto que sus decisiones no cambiaban al verlo de una u otra forma, es decir, consideraban que había infracción en ambos casos, sí que cambiaba la percepción de si había más o menos intencionalidad por parte de los infractores.

En este sentido, el estudio demostró que los árbitros eran más propensos a enseñar la tarjeta amarilla o incluso la roja cuando veían las jugadas analizadas a cámara lenta, que si lo hacían viendo esa misma escena en tiempo real. “El hallazgo de que los árbitros tienen más probabilidades de tomar decisiones más severas después de las repeticiones a cámara lenta es una consideración importante para desarrollar pautas para la implementación del VAR en las ligas de fútbol de todo el mundo”, explicaba el doctor Jochim Spitz, que ha liderado esta investigación.

Es por ello que los autores de la investigación concluyeron que las repeticiones a cámara lenta podían ser una buena herramienta para valorar si hubo o no contacto o si fue dentro o fuera del área la infracción, pero no para valorar la intención de los jugadores que cometían la falta. Si eso ocurría, el resultado podría ser mucho más negativo para quienes actuaban saltándose el reglamento.


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