miércoles, 6 de junio de 2018

Mantas para los glaciares y otras insólitas soluciones para enfrentar el calentamiento global

El cambio climático es sin duda el problema más importante al que se enfrente la humanidad en los años que están por venir. Por ello, la comunidad científica está tratando de poner toda la imaginación en el asador y dar con soluciones viables y eficaces para lograr salvar nuestro medio ambiente antes de que sea demasiado tarde. De esta lluvia de ideas han surgido propuestas de lo más delirantes y surrealistas. Simular una erupción volcánica, echar hierro al mar, acabar con los camellos… ¿Se han vuelto locos nuestros científicos?

Lo cierto es que muchas de estas ideas aún pertenecen al terreno de la hipótesis, pero otras tantas ya se han empezado a aplicar. En Suiza, por ejemplo, llevan años arropando sus glaciares con lonas en verano para que no sufran el deshielo provocado por el Sol ¿Lo mejor del plan? Que funciona. Os contamos cuáles han sido los planteamientos más curiosos de los últimos años para ponerle freno al cambio climático:

Proteger un glaciar con mantas

Puede parecer la idea de un niño pequeño o de una abuela preocupada por la temperatura corporal de sus nietos, pero se trata de un solución bastante eficaz que lleva años utilizándose en el glaciar de Rhône, en Suiza. Cada verano, con el aumento de las temperaturas, los glaciares se derriten y encogen. El problema es que, con el cambio climático, cada año retroceden más. Por ello, los residentes de esta zona decidieron tapar la parte final del glaciar con varias mantas blancas de gran tamaño. De esta manera, el Sol rebota y no hace tanto daño al hielo glacial. Esta técnica podría reducir el derretimiento estacional en un 70%, según informó AFP en 2015. De momento, está funcionando tan bien que países como Italia o Alemania están estudiando cómo aplicar la misma estrategia en sus glaciares.

Rociar con hierro el mar

A priori puede parecer una medida poco ecológica, pero la idea es bastante básica: el hierro fomenta el florecimiento del plancton en aguas oceánicas. El plancton absorbe el dióxido de carbono y, cuando este muere, se lo lleva al fondo del océano. Por ello, fertilizar los mares con hierro podría ser una buena estrategia de mitigación del cambio climático. De hecho, algunas compañías ya se han aventurado a hacerlo en aguas australes. Sin embargo, aún no se conoce qué efectos tendrá este hierro sobre el ecosistema marino en general y la medida no ha terminado de gustar en los sectores ecologistas.

Simular una erupción volcánica

En 1991, la erupción del Monte Pinatubo arrojó al cielo 20 megatones de dióxido de azufre, lo que ocasionó una bajada de temperaturas en todo el mundo. Esto hizo pensar a los científicos que podría ser técnicamente factible dispersar azufre en la atmósfera para revertir el cambio climático. Desde entonces se han propuesto todo tipo de planes para llevar a cabo esta erupción volcánica artificial: añadirlo en el combustible de los aviones, enviarlo en globos atmosféricos e incluso utilizar artillería naval para disparar bombas de azufre al cielo. De momento sigue resultando un plan demasiado descabellado para llevarse a cabo, además de que algunos científicos señalan que esto podría ser muy dañino para la capa de ozono.

Un ‘camellicidio’

Tras varios informes, el gobierno australiano se ha planteado sacrificar a muchos de los 1,2 millones de camellos salvajes que vagan por el país como parte de la solución contra el cambio climático. En Australia estos animales no son nativos y están considerados una plaga agrícola y ecológica (puesto que producen unos 45 kilos de metano al año, lo que se traduce en 1,1 toneladas de dióxido de carbono anuales). Por cómico que parezca, la mitad de emisiones mundiales de metano provienen de las flatulencias del ganado.

Tejados blancos por todas partes

En España, no es ningún secreto que las casas de piedra encalada son más frescas en verano y, por ello, más eficientes energéticamente (ya que necesitan menos energía para enfriar las estancias). El Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, en California, hizo un estudio para llevar esta idea a los techos de Estados Unidos: sustituyendo los tejados normales por unos blancos (reflectantes) se conseguiría reducir las emisiones de CO2 en 10 toneladas métricas por año. Un hogar estadounidense común produce aproximadamente una tonelada métrica de CO2 cada mes debido a la demanda energética.

Barcos que siembran nubes oceánicas

Uno de los reflectores naturales más importantes de la tierra son las nubes, especialmente las nubes marinas, que ocupan una cuarta parte de la superficie oceánica. Desde la Universidad de Edimburgo han diseñado un modelo de barco que pulverizaría gotas de agua de mar en el aire para producir más nubes de este tipo. Se necesitarían alrededor de mil buques de este tipo para que el plan fuese efectivo, por lo que aún se estudia la viabilidad del plan y sus consecuencia a largo plazo.

Sombrillas espaciales

Desde la Universidad de Arizona se ha propuesto un plan para lanzar trillones de sombrillas espaciales en lo que se conoce como la órbita L-1 entre el sol y la Tierra. Estos toldos, aproximadamente de medio metro de diámetro y un peso de un gramo, crearían de forma colectiva una nube larga y cilíndrica que ayudaría a reducir en un 2% la luz solar que llega a la Tierra. Desde la universidad creen que el proyecto podría ser factible en 25 años y su coste rondaría la trillonada de dólares.

Bosques falsos para aspirar CO2

Los científicos del Institution of Mechanical Engineers en EE.UU. han propuesto construir un bosque con más de 100.000 árboles falsos que ayuden a absorber las emisiones de carbono y así poder combatir el calentamiento global. Este bosque de máquinas aspiraría el carbono del aire a través de filtros y luego lo almacenarían, haciendo en cierta medida el trabajo que los árboles reales realizan.

Un edificio, un huerto

La producción de alimentos es uno de los principales motivos de la deforestación que sufre el planeta Tierra. Con el crecimiento demográfico y la mayor demanda de espacio para la agricultura, este problema sólo parece ir a peor, pero la Universidad de Columbia parece haber encontrado la solución: cosechar en vertical. Dentro de la misma ciudad, donde todo es vertical, se podrían construir invernaderos y granjas verticales para producir alimentos, además ahorrando energía, puesto que el modelo incluye un techo verde que retiene el calor del edificio en invierno y atrapa el aire frío en verano. ¿Colgarán tomates de los rascacielos del mañana?

Espejos orbitando para controlar el clima

Una de las propuestas más descabelladas y complejas que se ha tomado en consideración en los últimos años: reflejar y dirigir la luz a nuestro antojo a través de espejos en órbita. Se le conoce como geoingeniería, y consiste en aplicar la tecnología para poder modificar el clima terrestre a voluntad. Los espejos podrían moverse para dejar pasar el Sol o reflejarlo lejos de la Tierra y de esta manera se podría controlar cuánta radiación ingresa en el planeta y así revertir el cambio climático.

En su mayor o menor medida, todas estas insólitas medidas son bastante ingeniosas: el problema es que la mayoría resultan prácticamente imposibles de aplicar a escala planetaria, por el coste y las dificultades técnicas que conllevan a día de hoy. Quién sabe si en un futuro próximo pudieran llevarse a cabo, para intentar salvar nuestro planeta.




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