martes, 12 de junio de 2018

¿Por qué las mujeres se están poniendo máscaras para ir a los baños en Corea del Sur?

Ir a un baño público se ha convertido en un odisea repugnante para millones de mujeres en Corea del Sur. La moda de grabarlas con cámaras espía para subir los vídeos a Internet ha llegado a un punto en el que algunas ya optan por ir al retrete con máscara. El pasado 9 de junio, 22.000 coreanas han dicho: ¡Basta!


Puede parecer exagerado, pero no lo es. Al principio era un pervertido metiendo el teléfono móvil por debajo de la puerta del baño, pero los métodos de los mirones se han refinado hasta extremos sencillamente intolerables. Desde 2013, la policía del país registra une media de 6.000 denuncias por el uso de cámaras espía en lugares públicos.


Las cámaras se introducen en el aseo mediante agujeros en la pared, pero también se han encontrado casos de cámaras ocultas en los zapatos y apuntando hacia arriba para grabar las partes íntimas de mujeres por debajo de la falda. En el metro y otros lugares públicos no es infrecuente ver a mirones apostados bajo las escaleras con un smartphone. Los casos más sofisticados muestran cámaras camufladas como tornillos en las cerraduras de la puerta del aseo.


Las protestas se remontan a mayo, pero el pasado 9 de junio cristalizaron en una masiva manifestación que reunió a más de 22.000 personas, en su mayoría mujeres. Las coreanas culpan a la policía del país de no actuar con la suficiente mano dura en estos casos, y tienen razones para ello. De los 20.924 sospechosos investigados desde 2012, solo 540 fueron arrestados. El reciente arresto de una estudiante de la Universidad de Hongik por grabar y distribuir el vídeo de un compañero suyo desnudo ha sido la gota que colma el vaso para las coreanas, que acusan a las autoridades de sesgo hacia las víctimas masculinas.

La tendencia es cada vez más acusada. Según la asociación coreana de mujeres abogadas (KWLA), en 2006, solo un 3,6% de los delitos sexuales eran cámaras espía. En 2015, la cifra era del 24,9% y subiendo. Muchas de las víctimas ni siquiera son conscientes de que las están filmando o lo descubren pero este se da ala fuga antes de que la policía pueda apresarlo. Una vez que los vídeos llegan a Internet, ya es casi imposible borrarlos.
La ley coreana tampoco ayuda. La definición de pornografía que se contempla es tan difusa que a menudo el infractor no llega a ser condenado. En redes sociales, las mujeres coreanas siguen luchando por visibilizar la plaga de cámaras espía y lograr que la ley endurezca las penas contra este tipo de delitos. Muchas de las protestas y testimonios se agrupan bajo la eqtiqueta #혜화시위. Mientras tanto, algo tan cotidiano como ir al baño sigue siendo motivo de miedo e inseguridad para millones de mujeres.




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