sábado, 16 de junio de 2018

Sorprendentes anécdotas de los astronautas tras sus viajes espaciales

Cuando vuelves de un largo viaje siempre tienes decenas de anécdotas que contar: hoteles desastrosos, restaurantes excelentes, joyas escondidas en un callejón… Pero seguro que ninguna de ellas puede superar a las de los astronautas que han vivido en la Estación Espacial Internacional (EEI) o han paseado sin gravedad observando nuestro planeta desde la distancia. Desde limpiarse con paños húmedos hasta deshacerse de la ropa sucia lanzándola al espacio, seguro que sus historias le hacen sombra (y mucho) a las de tu crucero en el Mediterráneo. Ellos las habrán sacado en más de una y más de dos comidas familiares; y ahora nosotros te las contamos.


16 amaneceres al día

Una experiencia al alcance de muy pocos es disfrutar de varios amaneceres al día. La EEI tarda 90 minutos en dar una vuelta al planeta Tierra. Esto permite algo asombroso: observar 16 salidas del Sol a lo largo de una jornada de 24 horas. Los amantes de la contemplación del astro rey tendrán los dientes largos de envidia, pero por fortuna esto se puede observar también desde la Tierra: solo hay que seguir el directo de la NASA que emite desde 4 cámaras que tienen ahí arriba.

Miden más al aterrizar…
Los astronautas pegan un estirón sin necesidad de beber leche. El astronauta Scott Kelly pasó 340 día en la EEI y su hermano gemelo Mark, también astronauta, se quedó mientras en tierra. Al regresar, el primero medía cinco centímetros más. ¿Cómo fue posible? Por la ingravidez, los telómeros (extremos de los cromosomas) del tejido cartilaginoso de la columna vertebral experimentan unas mutaciones que provocan esa mayor altura. Una dieta baja en calorías y un mayor ejercicio físico hicieron el resto.
…pero envejecen más
Eso sí, no todo son ventajas. A la vez, en el espacio se acelera el envejecimiento. De nuevo, por la falta de gravedad, pero también por la presencia de radiactividad. Ese envejecimiento lo sufren esqueleto (los osteocitos, propios del tejido óseo, mueren en gravedad cero), músculos y arterias. Según un estudio realizado en Francia, los huesos de apoyo de las piernas no vuelven a ser los mismos tras uno de estos viajes. Para intentar contrarrestar los efectos de la inactividad se están investigando sustancias naturales, como el resveratrol, que se puedan aplicar para mitigar los efectos.

Aumenta su temperatura corporal

Nosotros podemos tener una incómoda fiebre durante un viaje tras la picadura de un insecto tropical. Ellos también se arriesgan a una calentura espacial, pero por otras razones. Investigadores alemanes comprobaron la temperatura de los astronautas y observaron que tenían una un grado superior a la habitual de 37 ºC. De nuevo, la dichosa ingravidez tiene la culpa: es muy difícil eliminar el exceso de calor. Por suerte, no es algo repentino, sino que de los 37 a 38 grados subieron a lo largo de más de dos meses y medio.

La oscuridad del espacio, el cesto de la ropa sucia
Allí arriba, la ropa también se ensucia. Pero no hay lavadora, ni servicio de habitaciones ni una bolsa en la que ir echándola para limpiarla al regresar a casa. Así, los astronautas tienen un método bastante peculiar para deshacerse de ella: la tiran al espacio, donde se desintegra. No se puede acumular porque ocupa mucho espacio y huele mal. Como los astronautas suelen pasar allí bastantes meses, su fondo de armario es muy amplio. Sin embargo, la NASA lleva varios años intentando crear ropa que dure más tiempo con componentes microbianos.

Reciclar agua
Muchas personas intentan provocar el mínimo impacto posible al medioambiente en sus viajes: no tiran papeles al suelo, guardan los residuos hasta que encuentran una papelera o contenedor… Los astronautas también cuentan con sus propios trucos de sostenibilidad. Por ejemplo, para obtener agua. La propia NASA lo explica: los viajes tripulados no llevan H2O para una estancia de largo recorrido, así que han de reciclar ese líquido que usan cuando se lavan las manos y se cepillan los dientes. Esto se filtra por un sistema que también recicla la orina y el sudor para obtener agua pura y (ejem) cristalina. Se espera que esta tecnología sirva en un futuro para enfrentar los viajes a Marte.

Una forma peculiar de asearse
Además, lo de usar agua para el aseo personal es otra anécdota digna de contar. La ducha tal y como la conocemos no existe; para limpiarse, se utilizan una especie de paños húmedos con desinfectante. También hay bolsas con agua y una suerte de manguera para lavarse el pelo, como se puede ver en el vídeo superior. Estas bolsas u otras fuentes de agua pueden servir para añadir humedad extra a los paños. Para las manos hay soluciones de jabón y agua en forma de bolas que hay que atrapar para usar.

Almuerzo de comida deshidratada. Y de beber, polvo
La comida de los astronautas es una de las anécdotas más conocidas de lo que pasa en el espacio. Los platos combinados de estadounidenses, rusos y demás familia no tienen comparación a los de un bar de carretera. No tienen agua, para hacer que duren más e incluso que pesen menos, pero conservan la mayor parte de los nutrientes. Eso sí, a la hora de comerlos hay que añadirles ese líquido para darles solidez. Las bebidas están en polvo y se debe añadirles agua para ingerirlas. También hay fruta o dulces de postre.

Perdiendo la vista
Por desgracia, no todas las anécdotas de los astronautas son tan divertidas. Ya lo hemos visto con el envejecimiento, y también sucede con la vista. Durante los viajes espaciales, los globos oculares se estrujan y se aplanan. Al parecer, el responsable es el líquido cefalorraquídeo (LCR), un líquido transparente que ayuda a amortiguar el cerebro y la médula espinal, y que por la falta de gravedad no se distribuye bien y hace presión en la zona del ojo. La situación empeora conforme más tiempo se pase fuera de nuestro planeta. Los científicos están estudiando cómo revertir la situación con fármacos y diversos dispositivos de ayuda a la visión.

Desperdicios para reciclar
A la hora de hacer sus necesidades, los astronautas han de usar una suerte de retrete que utiliza mangueras de succión para la orina y bolsas para las heces, que se colocan en un pequeño inodoro con un agujero de sólo 10 centímetros, algo parecido al platito de una taza de café. Estas bolsas luego se lanzan al espacio. Como con la ropa, no se pueden acumular tantos residuos en las naves, pero tampoco es plan de ensuciar todo el universo. Así, hace unos meses nos enteramos de que la NASA (de nuevo la NASA) quiere que los desechos se conviertan en alimento. Esto se conseguiría con unos microbios que los descomponen en un proceso parecido al de nuestros intestinos y que aportarían nutrientes. En concreto, el alimento obtenido tenía un 52 % de proteínas y un 36 % de grasas.




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