Según la OMS los adictos al sexo son "enfermos mentales"

Se conoce como hipersexualidad y, según las últimas investigaciones, afecta a un 6% de la población española. Y este trastorno, coloquialmente denominado como adicción al sexo, acaba de ser catalogado como problema de salud mental.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de agregarlo como una condición de salud mental a la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud (ICD-11) –herramienta utilizada por este organismo de la ONU para diagnosticar, tratar y gestionar diversos trastornos físicos y mentales–.

Los expertos que tratan las adicciones al sexo esperan que la clasificación ayude a desestigmatizar y a cambiar la percepción del trastorno de un defecto moral a simplemente un problema médico.

«La sexualidad, aún hoy en día, sigue siendo un tabú. Y aún más todas las dificultades con ella relacionadas», nos explica Roberto Sanz, psicólogo y sexólogo de la Fundación SEXPOL.

«La idea de vicio, el descontrol, y en muchas ocasiones la naturaleza de las propias prácticas (como el acceso a prostitución, masturbaciones públicas, uso de cabinas o relaciones sexuales fugaces con personas desconocidas) suelen generar mucha vergüenza. La idea de que una persona adicta al sexo puede dejar de serlo con su simple voluntad tampoco ayuda ni motiva a buscar ayuda profesional, más bien se suma a la ansiedad y genera sentimientos de rabia, frustración y tristeza que, además, suelen reforzar la adicción».

«Este reconocimiento por parte de la OMS supone justamente que se asume la adicción al sexo como enfermedad y se le da el grado de importancia correspondiente de cara a la población mundial, reconociendo esta adicción como una patología como puede ser cualquier otra adicción con sustancia», señala la psicóloga y sexóloga Sonia García Barbera.

«A la hora del trabajo clínico, ponerle nombre en verdad solo sirve para etiquetarlo o catalogarlo, puesto que el hecho de que hasta ahora no esté reconocido como tal no significa que no haya personas que lo estén sufriendo y tampoco que no se esté llevando a cabo el tratamiento necesario», añade.

En su nueva clasificación internacional de enfermedades, la OMS define el trastorno de salud sexual compulsivo como un «patrón persistente de fallo para controlar los impulsos o los impulsos sexuales intensos y repetitivos que resultan en un comportamiento sexual repetitivo». Esto es, la incapacidad para controlar los impulsos sexuales intensos que conducen a personas que descuidan su salud, intereses y responsabilidades, a pesar de que a menudo no obtienen ningún placer practicando sexo.

Eso sí, los pacientes deben padecer el trastorno durante, al menos, seis meses y experimentar una angustia considerable como resultado de su adicción antes de ser diagnosticados, según el informe emitido hace unos días por la OMS.

«En el sexo, la línea entre si se trata de un problema o es que a la persona le gusta el sexo con alta frecuencia no está del todo clara si no se trabaja en una buena evaluación clínica», cuenta la psicóloga.

«De hecho, en cuanto a conductas sexuales, también habría que distinguir no solo si se trata de alta frecuencia sexual deseada o adicción, sino también ver si la conducta sexual es una conducta específica que se emite únicamente para paliar el malestar generado por otros problemas psicológicos o personales».

«Por ejemplo, en un caso de masturbación compulsiva, evaluar si se trata de una adicción a esa conducta sexual o si se utiliza la masturbación como una herramienta inadecuada para calmar el malestar provocado por otras preocupaciones que no tienen que ver con el sexo».

¿Cómo sé si puedo sufrir ese problema? Para empezar, no es nada fácil.
Tener fantasías sexuales, impulsos y comportamientos recurrentes e intensos; utilizar el sexo para escapar de otros problemas; ponerse en situaciones peligrosas (como mantener relaciones extramatrimoniales, sexo sin protección o gastar un pastizal en porno); participar en actividades sexuales ilegales como la exposición indecente o el upskirting (la práctica de hacer fotografías no autorizadas debajo de la falda de una mujer); incurrir en delitos sexuales graves (como el sexo con menores) o tener problemas para establecer o mantener relaciones saludables.

Estas son solo algunas de las principales señales de advertencia del comportamiento sexual compulsivo, según los expertos.

Eso sí, el tema es controvertido y el debate sigue abierto, ya que muchos médicos y terapeutas están divididos sobre si la adicción al sexo es, incluso, una condición real. «Se propuso la adicción al sexo como un trastorno de hipersexualidad en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), pero lo cierto es que llegar a hacer el diagnóstico puede ser complicado porque la causa del comportamiento compulsivo puede no atender a una adicción», aclara García Barbera.

«El sexo es un comportamiento, no una sustancia que puede manipular tu cerebro, por eso muchos expertos no lo consideran una verdadera adicción», asegura en una entrevista digital el investigador sexual y escritor Justin Lehmiller. «Veo la etiqueta adicción al sexo como problemática, porque simplemente no hay evidencia de que el sexo sea adictivo de la misma manera que, por ejemplo, el alcohol y las drogas».

«Algunas personas que sienten que sus comportamientos sexuales están fuera de control no están realmente fuera de control. De hecho, hay algunas investigaciones que encuentran que las personas que tienen escrúpulos morales con sus deseos a menudo etiquetan esos deseos como compulsivos o fuera de control, tal vez porque es más fácil que tratar de aceptar y asimilar los deseos de uno», apostilla.





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