viernes, 10 de agosto de 2018

7 experimentos filosóficos que te darán mucho en qué pensar

A veces, la mejor manera de ilustrar un concepto filosófico complicado es contándolo como una historia o una anécdota. Aquí tenemos siete historias para que reflexiones y que tienen implicaciones francamente perturbadoras

1. El Dilema del Prisionero

Este es el clásico problema para ilustrar la teoría de juegos en el que un sospechoso se enfrenta a una decisión bastante difícil: callarse o confesar un crimen. El problema es que el sospechoso no sabe qué responderá su cómplice.

Aquí está el Dilema del Prisionero explicado en pocas palabras:
La policía arresta a dos sospechosos. No hay pruebas suficientes para condenarlos y, tras haberlos separado, los visita a cada uno y les ofrece el mismo trato. Si uno confiesa y su cómplice no, el cómplice será condenado a la pena total, diez años, y el primero será liberado. Si uno calla y el cómplice confiesa, el primero recibirá esa pena y será el cómplice quien salga libre. Si ambos confiesan, ambos serán condenados a seis años. Si ambos lo niegan, todo lo que podrán hacer será encerrarlos durante un año por un cargo menor.
Este experimento mental es inquietante porque nos enseña que no siempre tomamos las decisiones “correctas” cuando nos falta información y cuando otras personas que pueden tener interés en tomar ciertas decisiones participan en el asunto. El “dilema” es que cada sospechoso sale ganando si confiesa que quedándose en silencio, pero el mejor resultado para ambos es que ninguno de los dos diga nada.

Esto tiene implicaciones para todo, desde la coordinación de la cooperación internacional (incluso para evitar una guerra nuclear) hasta el caso de que establezcamos contacto con extraterrestres (es decir, a pesar de que todas las civilizaciones interestelares se beneficiarían de la cooperación, sería más prudente tomar la estrategia dominante contra todos los demás antes de que lo puedan hacer ellos).

2. Mary, la neurocientífica daltónica

A veces conocido como el Problema del Espectro Invertido o el problema del Cuarto de Mary, este experimento mental está destinado a generar debate sobre una visión puramente fisicalista del universo, esa visión viene a decir que todo el universo —incluidos los procesos mentales— es algo completamente físico. Este experimento intenta mostrar que hay propiedades no físicas, y que hay un conocimiento alcanzable que solo se pueden aprender a través de la experiencia consciente.

Así es como lo explicaba el creador del concepto, Frank Jackson:
Mary es una científica brillante que está, por alguna razón, forzada a investigar el mundo desde un cuarto blanco y negro a través del monitor de una televisión en blanco y negro. Se especializa en la neurofisiología de la visión y adquiere, supongamos, toda la información física que hay para obtener acerca de lo que sucede cuando vemos tomates maduros, o el cielo, y usa términos como “rojo”, “azul”, etc. Descubre, por ejemplo, qué combinación de longitudes de onda provenientes del cielo estimulan la retina, y exactamente cómo esto produce a través del sistema nervioso la contracción de las cuerdas vocales y la expulsión de aire de los pulmones que resulta en la pronunciación de la oración “el cielo es azul”. [...] ¿Qué sucederá cuando Mary sea liberada de su cuarto blanco y negro o se le dé una televisión con monitor en color? ¿Aprenderá algo o no?
Dicho de otra manera, Mary sabe todo lo que hay que saber sobre el color, excepto una cosa crucial: nunca ha experimentado el color conscientemente. Su primera experiencia de color fue algo que no podía haber anticipado; hay un mundo de diferencia entre saber académicamente algo y tener una experiencia real de ello.

Este experimento mental nos enseña que siempre habrá más en nuestra percepción de la realidad, incluida la conciencia misma, que la observación objetiva. En esencia, nos muestra que no sabemos lo que no sabemos. Este experimento mental también nos da cierta experanza para el futuro; si aumentamos nuestras capacidades sensoriales y buscamos formas de expandir la conciencia, podríamos abrir vías completamente nuevas de exploración psicológica y subjetiva.

3. El escarabajo en la caja
Este también es conocido como la Discusión sobre el Lenguaje Privado y es algo similar al cuento de Mary. En las investigaciones filosóficas de Wittgenstein, propuso un experimento “El escarabajo en la caja” que desafió la forma en que vemos la introspección y cómo afecta al lenguaje que usamos para describir las sensaciones.

Para el experimento mental, Wittgenstein nos pide que imaginemos un grupo de individuos, cada uno de los cuales tiene una caja que contiene algo llamado “escarabajo”. Nadie puede ver la caja de ninguno de sus compañeros. A todos se les pide que describan su escarabajo, pero cada persona solo conoce el suyo, y puede haber diferentes cosas en la caja de cada uno. De esa forma, Wittgenstein dice que las descripciones que vengan a continuación no pueden participar en el “juego del lenguaje”. Con el tiempo, la gente hablará sobre lo que hay en sus cajas, pero la palabra “escarabajo” acaba significando “lo que está en la caja de una persona”

¿Por qué este experimento da que pensar? El experimento mental señala que el escarabajo es como nuestras mentes, y que no podemos saber exactamente cómo es la mente de otro individuo. No podemos saber exactamente lo que otras personas están experimentando, o su perspectiva particular sobre algo. Es un problema que está muy relacionado con el difícil problema de la conciencia y el fenómeno de qualia.

4. La máquina de la experiencias

La máquina de la experiencia del filósofo Robert Nozick sugiere que deberíamos conectarnos a una especie de versión hedonista de Matrix.

En su libro Anarquía, Estado y utopía (1974) plantea:
Supongamos que hay una máquina de experiencias que le proporcionará a tu cerebro la vivencia que desees. Los neuropsicólogos podrían estimular tu cerebro para que pienses y sientas que estás escribiendo una gran novela, o visitando a un amigo, o leyendo un libro interesante. Pero en realidad estarías flotando en un tanque de agua, con electrodos conectados a su cerebro. ¿Deberías conectarte a esta máquina de por vida programando todas tus experiencias?... Además, mientras estés en el tanque no sabrás que estás allí; Pensarás que todo está sucediendo realmente... ¿Te conectarías?

La idea principal detrás de este problema es que tenemos muy buenas razones para conectarnos a esa máquina. Debido a que vivimos en un universo sin un propósito aparente, y que nuestras vidas a menudo se caracterizan por estar lejos de lo ideal, como el trabajo duro y el sufrimiento, no tenemos ninguna buena razón para no optar por algo sustancialmente mejor, aunque sea “artificial”. “¿Pero qué pasa con la dignidad humana? ¿Y la satisfacción de nuestros “verdaderos” deseos? El experimento mental de Nozick puede parecer fácil de descartar, pero es uno que ha supuesto un desafío a los filósofos durante décadas.

5. La araña en el orinal

Esta historia recuerda a la Cueva de Platón, otro de los experimentos clásicos más famosos.Propuesto por Thomas Nagel en su ensayo “Nacimiento, muerte y el significado de la vida”, habla sobre el sentido de la vida. Se le ocurrió al ver una pequeña y triste araña que vivía en un urinario del baño de hombres en Princeton, donde daba clases él. La araña parecía tener una vida horrible, con todo el mundo orinan sobre ella, y “no parecía gustarle”. Así lo describía Nagel:

Poco a poco nuestros encuentros comenzaron a angustiarme. Por supuesto que ese podía ser su hábitat natural, pero como estaba atrapada por esa porcelana lisa inexpugnable, no había forma de que pudiera salir aunque quisiera, y tampoco había forma de saber si ella quería... Así que un día a finales del trimestre, cogí una toallita de papel del dispensador de pared y se la extendí. Sus piernas agarraron la punta del papel y la levanté para depositarla en el suelo de baldosas.

Se limitó a sentarse allí, sin mover ni un músculo. La empujé ligeramente con el papel, pero no pasó nada. . . . Me fui, pero cuando volví dos horas después, ni se había movido.

Al día siguiente la encontré en el mismo lugar, y sus piernas se habían arrugado de esa manera tan característica que tienen las arañas muertas. Su cadáver permaneció allí durante una semana, hasta que finalmente barrieron el suelo.

Nagel actuó por empatía, suponiendo que a la araña le iría mejor y podría disfrutar de la vida. Pero sucedió exactamente lo contrario. Al final, no le hizo ningún bien a la araña.

Esta anécdota nos obliga a considerar la calidad y el sentido no solo de las vidas de los animales, sino también de las nuestras. ¿Cómo podemos saber lo que quiere alguien realmente? ¿Y nuestras vidas de verdad nos aportan cosas buenas? También nos obliga a reflexionar sobre nuestra forma de intervenir. Y recordar que a pesar de nuestras mejores intenciones a veces podemos infligir un daño imprevisto.

6. El debate del reemplazo
En este experimento mental, se nos pide que imaginemos un mundo en el que a los humanos no les gusta el sabor de la carne. En este escenario, no habría animales criados para ser comidos. Y por ello habría muchos menos animales, como cerdos, vacas y pollos. Virginia Woolf escribió una vez, “De todos los argumentos para el Vegetarianismo, ninguno es tan débil como el argumento de la humanidad. El cerdo tiene más interés que nadie en la demanda de bacon. Si todo el mundo fuera judío, no habría ni un solo cerdo”.

Este tipo de razonamiento puede conducir a algunas conclusiones extrañas e incluso repugnantes. Por ejemplo, ¿es mejor tener 20 mil millones de personas en el planeta con un nivel de vida pobre que 10 mil millones en un nivel de vida más alto? Si ocurre esto último, ¿qué pasa con los 10 mil millones de vidas que nunca nacieron? Pero, ¿cómo podemos sentirnos mal por personas que nunca llegaron a existir?

7. La posición original

Este experimento mental es la razón por la cual soy un fanático de John Rawls. Nos pide que nos imaginemos en una situación en la que no sabemos nada de nuestra vida real: estamos detrás de lo que denomina “velo de ignorancia” que nos impide conocer el sistema político bajo el cual vivimos o las leyes vigentes. Tampoco sabemos nada sobre psicología, economía, biología y otras ciencias. Junto con un grupo similar de personas que están en esta misma situación se nos pide revisar una lista completa de formas jurídicas clásicas, extraídas de diversas tradiciones de filosofía social y política. Luego se nos asigna la tarea de seleccionar qué sistema de justicia creemos que se adapta mejor a nuestras necesidades, sabiendo que no tenemos información sobre nuestro verdadero yo ni de la situación en la que realmente nos encontramos en el mundo real.

Así que, por ejemplo, ¿qué pasaría si regresas a la “vida real” para descubrir que vives en un barrio de chabolas en la India? ¿O a un barrio de clase media en Noruega? ¿Qué sucede si eres una persona discapacitada? ¿O un millonario? o incluso de una especie diferente.

Según Rawls, es probable que terminemos eligiendo algo que garantice iguales derechos y libertades básicas para asegurar nuestros intereses como ciudadanos libres e iguales, y para perseguir una amplia gama de concepciones para el bien. Y también sugirió que probablemente elegiríamos un sistema que garantice oportunidades educativas y de empleo justas.




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