sábado, 4 de agosto de 2018

El día que llovió carne en EEUU (y la gente se la comió)

El 3 de marzo de 1876, en el condado de Bath, Kentucky, ocurrió un suceso que durante mucho tiempo dio que hablar a la comunidad científica. No había temporal ni volaban peces o ranas, ese día hubo una lluvia de carne, con piezas de hasta 10 centímetros. Si esto ya resulta sorprendente, la reacción del pueblo lo fue más.

La mañana amaneció clara. Sin previo aviso, la esposa de un granjero local comenzó a ver cómo caían las piezas de carne de diferentes tamaños. Tal y como contó en el New York Times: Entre las 11 y las 12 en punto estaba en mi jardín, a no más de cuarenta pasos de la casa. Había un viento ligero que venía del oeste, pero el cielo estaba despejado y el sol brillaba intensamente. Sin ningún preludio ni advertencia de ningún tipo, y exactamente bajo estas circunstancias, comenzó la lluvia.

El evento luego fue presenciado por su marido. Durante varios minutos, la señora Crouch y su esposo vieron cómo el inusual aguacero caía a su alrededor, antes de que finalmente cesara, dejando el cielo tan claro y soleado como lo había estado antes. Sin embargo, el patio quedó salpicado de trozos de carne, lo suficiente como para “llenar un carro lleno de caballos”
Inmediatamente después, los Crouch creyeron que el acontecimiento había sido un milagro o algún tipo de advertencia demoníaca. En poco tiempo, la noticia de la lluvia de carne se había extendido, trayendo multitudes de vecinos y curiosos a la escena.

Al principio, el consenso general parecía ser que la carne era de res, ya que era de un color similar y tenía un olor parecido. Sin embargo, un cazador local no estaba de acuerdo, alegando que la “sensación extrañamente grasienta” se parecía más a la de un oso.

Para terminar el debate de una vez por todas, algunos valientes se encargaron de probar parte de las piezas. Sí, la carne cayó del cielo y aparentemente eso no fue lo suficientemente alarmante como para no comerla. La versión fue que, solo por el gusto, la carne tenía que ser de venado o cordero. Insatisfecho con las versiones oficiales, un carnicero local también la probó. Según el hombre, no era carne, alegando que “no tenía sabor a carne, pescado o aves”.

Finalmente, las autoridades de la ciudad decidieron que era hora de obtener datos contrastados científicamente sobre qué había caído del cielo. Tomaron muestras y las envolvieron a universidades de todo el país esperando que los científicos pudieran ofrecer luz al insólito hecho.

Así fue como un químico del Louisville College dedujo que, como uno de los cazadores había sugerido, la muestra era de cordero. Otro estuvo en desacuerdo, afirmando que aunque ciertamente era carne, definitivamente no era de cordero. Al final, y después de tanto análisis, los investigadores se dieron por vencidos con el “qué”, centrándose mucho más en el “dónde”. Se preguntaban que, si era carne, ¿cómo cayó del cielo y, lo que es más importante, cómo llegó hasta allí en primer lugar?

Uno de los científicos postuló que era probable que la carne fuera el resultado de una lluvia de meteoritos, o de una “lluvia de carne” si se quiere. Según escribió William Livingston Alden, del New York Times: De acuerdo con la teoría actual de los astrónomos, un enorme cinturón de piedras meteóricas gira constantemente alrededor del sol, y cuando la tierra entra en contacto con este cinturón, es apedreado. Del mismo modo, podemos suponer que gira en torno al sol un cinturón de carne de venado, cordero y otras carnes, divididas en pequeños fragmentos, que se precipitan sobre la tierra cada vez que se cruzan en su camino.

Además, ofreció una teoría todavía más macabra, sugiriendo que la carne era en realidad la de “algunos ciudadanos de Kentucky que habían quedado atrapados en un torbellino mientras afilaban cuchillos y fueron esparcidos por el estado”.


Otro científico, L. Brandeis, escribió un artículo en el que afirmaba que el evento era simplemente una lluvia de Nostoc, un género de cianobacterias que adquiere una apariencia gelatinosa cuando entra en contacto con la lluvia. Su teoría era que simplemente florecía en el suelo y que cualquier cosa que cayera del cielo era simplemente una lluvia normal.
Finalmente, todas las teorías se rechazaron por una que parecía la más plausible, aunque igualmente insondable: la lluvia de carne de Kentucky era el resultado de una bandada de buitres que vomitaban de forma simultánea después de darse un festín más abundante de lo que sus estómagos les permitían.

Esta última teoría llegó a través de Kurt Gohde, profesor en la Universidad de Lexington. El hombre estaba revisando los archivos del centro y tropezó con un viejo frasco con un pequeño trozo de carne flotando en un líquido. Era una de las muestras que el pueblo había enviado por todo el país.

Como explicaba el investigador, los buitres generalmente no vomitan al sentirse enfermos porque sus estómagos son muy ácidos, lo que les permite digerir de todo. Sin embargo, tienden a atiborrarse cuando comen porque no saben cuándo tendrán su próxima comida.

Esto significa que tienen que sentarse y digerir durante un tiempo después de alimentarse, pero si algo los sobresalta y necesitan volar rápidamente, se sabe que vomitan para aligerar la carga, incluso vomitan desde el aire si es necesario.

Por tanto, la teoría de que un grupo de buitres asustados y recién alimentados vomitó causando la lluvia de carne se convirtió en una teoría altamente plausible, y tenía sentido con lo que sabemos sobre los buitres. Además, el estado de la carne y el tipo de tejido que se encontraba en las muestras también tenía sentido para la dieta de un buitre.

No obstante, y aunque la escena vivida se asemeje a la de una película de terror, lo más horrible de esta historia es que un día cayó carne, y un grupo de personas se comió pedazos de vómito de buitre para saber de qué se trataba.




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