miércoles, 1 de agosto de 2018

Jack Nicholson y otros famosos que han vivido el infierno de las drogas

Hay una máxima que dice que cuanto más se tiene, más se gasta. Aplicada al nivel de vida que alcanzan –y mantienen– las estrellas de Hollywood, esa frase puede magnificarse hasta límites tan inimaginables como peligrosos. Sobre todo, en lo relativo a los excesos y abusos que, en las últimas décadas, han cometido varios de los mejores intérpretes de la industria.

Así, algunos de los actores más reconocidos y cotizados del séptimo arte y de la televisión han tenido graves problemas con las drogas y el alcohol. Muchos de ellos han logrado superarlos y hablan de ellos con total naturalidad, como sucede con algunos de los mejores intérpretes que ha dado Hollywood a lo largo de la historia. Son los casos de Anthony Hopkins, Jack Nicholson, Al Pacino y Robert De Niro, entre otros.

En los años sesenta, Hopkins fue despedido del Teatro Nacional por su habitual estado de embriaguez. «Bebía todo lo que no se podía morder», reconoció años más tarde. «De vez en cuando, me quedaba dormido al volante. Pude haber provocado accidentes. El alcohol casi me mata. Si no hubiera dejado de beber, en el mejor de los casos ahora estaría debajo de una cerca. En el peor, bajo un cactus», reconoció hace tiempo, en declaraciones que recoge «Genial».

Nicholson y De Niro, por su parte, nunca han tenido problemas en reconocer los problemas que, en el pasado, tuvieron con la cocaína. El protagonista de «El resplandor» llegó a ofrecerle la sustancia, en una fiesta en los setenta, a la Princesa Margarita de Inglaterra, mientras que De Niro, como publica una biografía sobre él, se aficionó a la droga a la par que uno de sus mejores amigos: el célebre director de cine Martin Scorsese. Posteriormente, cuando el actor se concienció de los peligros de la cocaína, alejó al cineasta de la sustancia.

«Hasta arriba de cocaína»
Por su parte, Al Pacino reconoció hace unos años que iba «hasta arriba de cocaína» durante el rodaje de «Heat», que protagonizó, curiosamente, junto a De Niro. Misma sustancia que no consiguió abandonar Jean Claude Van Damme en «Street Fighter: La última batalla». Así lo explicó hace solo unas semanas el director de la cinta, Steve E. De Souza. «Estaba tan enfermo que tuve que revisar el guion para buscar otras secuencias que pudiese rodar sin él», dijo sobre el actor, que durante la grabación de la película consumía «cerca de diez gramos» de cocaína a diario.

Y hablando de adicciones durante rodajes, es imposible no pensar en «Apocalypse Now». Una de las películas malditas de Hollywood por excelencia contó con un problema añadido: la incontrolada adicción a la cocaína de intérpretes como Martin Sheen o Dennis Hopper, que llamaba al polvo blanco «la droga de los reyes». Tal era la adicción de Sheen en el filme que, en la secuencia en la que su personaje rompe de un puñetazo un espejo, lo hizo de verdad, sin ser consciente de sus actos. La secuencia no estaba en el guion, pero Sheen, que incluso sufrió un infarto durante el rodaje, se tomó la licencia de rodarla así.
No han sido, sin embargo, los únicos intérpretes que están en el Olimpo del cine que han tenido problemas por el uso de estupefacientes. A principios de los noventa, el icónico Samuel L. Jackson, actor fetiche de Quentin Tarantino, estaba tan enganchado a la cocaína y la heroína que su adicción le ayudó a interpretar a su personaje en el filme de Spike Lee «Fiebre salvaje». Otro ídolo, Robert Downey Jr., se inició en la marihuana con solo ocho años y sus continuados problemas con las drogas le llevaron a prisión en varias ocasiones. Por su adicción, incluso perdió su trabajo en «Ally McBeal». Ambos, en cambio, están ahora rehabilitados.

Igual que lo están otros como Jared Leto, Angelina Jolie, Dennis Quaid, Naomi Campbell, Nicholas Cage, Kirstie Alley, Jonathan Rhys-Meyers, Drew Barrymore, Daniel Radcliffe, Bradley Cooper, Winona Ryder y Zac Efron, que sufrieron graves problemas con el alcohol y las drogas en su juventud. El primero, exadicto al crack y la cocaína, consiguió alejarse de las drogas gracias al açai, el fruto de la palmera, del que es un ferviente defensor. Su adicción, no obstante, le permitió interpretar a las mil maravillas a Harry Goldfarb en «Réquiem por un sueño» bajo la batuta de Darren Aronofsky.

Destrucción y muerte
La otra cara de estas adicciones, no obstante, la representan intérpretes que no tuvieron tanta suerte y que perdieron su trabajo... o algo peor. Gary Dourdan fue despedido de «CSI: Las Vegas» tras ser detenido por posesión de heroína, cocaína, MMA y otros estupefacientes. Brett Butler lo fue en «Grace al rojo vivo» por su adicción a la hidrocodona; y Michelle Rodriguez –que incluso estuvo en la cárcel– fue relevada en la exitosa «Perdidos» por sus problemas con el alcohol. Jamie Waylett, conocido por interpretar a Crabbe, secuaz de Draco Malfoy en la saga «Harry Potter», se quedó fuera de las dos últimas películas de la saga por su consumo de cocaína. Tras ello, fue arrestado por poseer una plantación de marihuana y en 2011, condenado a dos años de prisión por participar en varios disturbios en Londres en agosto de aquel año. Casi nada.

En esa misma línea, Naoufal Azzouz, de la serie española «El Príncipe», fue condenado hace unos meses a siete años de prisión por traficar con hachís. Es de los últimos intérpretes en verse comprometidos por las drogas, que también han afectado en gran medida a actores cada vez más olvidados por culpa de su consumo: Paris Hilton, Johhny Depp, Lindsay Lohan, Charlie Sheen –el hijo de Martin–, la modelo Kate Moss, Macaulay Culkin y en última instancia, Demi Lovato, en estado «grave» tras sufrir una sobredosis hace unas semanas.

Otros, en cambio, no han tenido tanta suerte y han perdido sus vidas por culpa de sus adicciones. Así sucedió con intérpretes tan reconocidos como Brittany Murphy, River Phoenix, los oscarizados Heath Ledger y Philip Seymour Hoffman, Chris Penn, Brad Renfro, Cory Monteith y los idolatrados Elvis Presley y John Belushi, entre otros. El último murió en 1982, víctima de una inyección letal de cocaína y heroína. Fue el primero que puso en alerta roja a Hollywood sobre los peligros de las drogas, hasta entonces normalizadas en la élite audiovisual. Algo que pone en evidencia Annette Bening en «Las estrellas de cine no mueren en Liverpool», la última película de Paul McGuigan. En ella, la actriz en la que interpreta a la icónica Gloria Grahame, ganadora del Oscar a Mejor Actriz de Reparto en 1952, pero que no tiene reparos en «meterse una raya» en la cinta.

En febrero de 2015, horas antes de la gala de los Oscar, el artista urbano Plastic Jesus ubicó una «estatuilla» de rodillas en el Paseo de la Fama de Hollywood, como si estuviera esnifando cocaína, bajo el rótulo «A la mejor fiesta de Hollywood». Un acto simbólico, que tuvo como objetivo «llamar la atención sobre el problema de la drogadicción que oculta Hollywood y afecta a ciertos de personas de la industria». Como era de esperar, esta apología sobre «algo que ha sido eternamente ignorado, hasta la muerte de una larga lista de importantes celebridades» fue retirada al poco tiempo, pero sirvió para dar cuenta de uno de los principales problemas que, en las últimas décadas, han afectado al cine y la televisión.




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