viernes, 14 de septiembre de 2018

Para el 2030 en Uruguay se triplicará el número de personas que pasen los 100 años

Beatriz Benoit
La partera tuvo que salir apurada hasta aquella estancia de Sarandí Grande, en Florida. Beatriz Estela Benoit Pérez no aguantaba un día más dentro del útero de su madre. Era 1918, dos meses antes del armisticio de la Gran Guerra, y todavía se rodaba la película de Tarzán —aunque en ese pueblo de Florida el cine llegaría mucho después.

Cuando la pequeña Beatriz largó su primer llanto, María Juana Brocca Torres estaba por cumplir su medio año de vida. María Juana era de la capital, del hoy llamado Brazo Oriental que entonces era una zona de canteras. Había nacido el 8 de marzo, "el Día de la Mujer", repite pese a que la celebración se institucionalizó casi siete décadas después.

Ambas, Beatriz y María Juana, tienen justo un siglo de vida. Ambas jugaron al balero y la payana, viajaron en tranvía, se emocionaron con la llegada del hombre a la Luna y con el primer Mundial de fútbol que tuvo sede y como campeón a Uruguay.

Cuando el árbitro dé el pitazo inicial del Mundial 2030, en ese caso a cien años de aquella primera Copa del Mundo, en Uruguay habrá más del triple de personas centenarias que ahora. Hoy el Banco de Previsión Social tiene registro de 776 adultos que, como María Juana y Beatriz, son hiperlongevos, pero en doce años los seres de tres cifras serán más de 2.500.

Así lo establecen los cálculos más conservadores de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Proyecciones que confirman que las mujeres seguirán siendo la mayoría entre los centenarios. Hoy representan el 85%.

Revolucionarias.
Por las noches, cuando nadie la veía, María Juana se escapaba a los bailes de disfraces —a los "asaltos" como se les decía. Antes de salir de su casa se aseguraba de robarle a su madre algunas prendas —que serían devueltas antes del amanecer— y de convencer a su hermana que le trajera unas polleras de London París. Con unos papelitos, porque no tenía ruleros, moldeaba su pelo y dejaba entrever la belleza de su rubia melena.

"La rubia", así la llamaban a esta centenaria que en su juventud se dedicó a "coleccionar novios", según cuenta con una sonrisa pícara y con cierto orgullo de lo que tan transgresor acto implicaba para la época. Mucho más para una familia católica y un padre carpintero que hacía bancos para iglesias. Un padre que, recuerda, no fue a su casamiento porque María Juana se había enganchado con un hombre divorciado.

María Juana Benítez
Pero ni la juerga ni la libertad sexual fueron, para María Juana, su verdadera revolución. Para ella su gran transgresión fue la maratónica carrera laboral en London París (una gran tienda de Uruguay). Entró al edificio de 18 de Julio y Río Negro para envolver zapatos, fue vendedora, encargada de vendedores, aprendió a colocar los dedos detrás del talón para que los clientes pensaran que el calzado les quedaba bien y hasta fue la gerenta del área.

Beatriz también revolucionó. O mejor dicho su madre, quien la incentivó a estudiar una carrera universitaria. Fue gracias a ese estímulo que nació la hoy ingeniera química.

"Me sentía importante, yo con mi título entre tantos varones, entrando a los laboratorios de alcoholes de Ancap y hasta pudiendo viajar", recuerda.

Como buena transgresora, dejó sus hijos al cuidado de un colegio pupilo y zarpó junto a su esposo hacia Europa. Se pasó 22 días sobre un barco para atravesar el Atlántico. Pese a la demora, recuerda aquella aventura con la misma emoción que cuando tomó los catalejos para mirar en vivo la batalla del Graf Spee desde la azotea de su liceo. O cuando se iba hasta Colonia en Omnibus por la carretera recién construida.

Fruto de sus trabajos, Beatriz y María Juana reciben una jubilación, un beneficio que se extiende a siete de cada diez uruguayos centenarios. El res-to son pensionados por fallecimiento (207 casos), por vejez (36) o por invalidez (dos mujeres).

Según dijo a El Observador la demógrafa Mariana Paredes, para 2100 serán casi 13.000 los uruguayos mayores de 100 años. ¿Cuántos llegarán con la envidiable memoria de Beatriz o la salud de María Juana? ¿Cuántos dirán, como ellas, "qué bueno haberlo vivido para poderlo contar"? La historia, como la página de un diario centenario, se irá escribiendo sobre la marcha.



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