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domingo, 9 de septiembre de 2018

Si te falta hierro andas triste y sin ganas de sexo...

Pierdes pelo a mansalva. No tienes ganas de sexo, ni aunque te paguen por hacerlo. Pareces un zombi con la palidez de piel que tienes. Estás triste y sufres palpitaciones y niebla mental. Te ha dado por comer cubitos de hielo, como si fueses Renee Zellweger tratando de adelgazar. O tienes el síndrome de las piernas inquietas –esa sensación de hormigueo en ellas y necesidad de moverlas que uno siente al tumbarse–.

No son los efectos de una maldición gitana ni nada por el estilo. Son solo algunos de los curiosos signos (en modalidad individual o combinada) con los que el cuerpo puede avisarte de que le falta hierro y a los que, probablemente, nunca hayas prestado demasiada atención. Porque, lejos de lo que muchos piensan, el cansancio no es el único síntoma asociado a esta deficiencia –que, por cierto, es el desorden nutricional de minerales más común en el mundo–.

Está claro que el cuerpo necesita hierro para funcionar correctamente. «Una falta de hierro hace que los glóbulos rojos tengan menos capacidad de transportar oxígeno a todo el organismo (lo que es fundamental para que las células obtengan energía), así que las células disponen de menos capacidad de trabajo, de modo que el metabolismo se enlentece», señala el doctor Alberto Cabañas. Esto explicaría, precisamente, algunos de esos síntomas como el cansancio, el ahogo o el deterioro del estado de ánimo.

La reducción de la presencia de hierro en el cerebro afecta a su función, explica otra teoría, provocando otros signos como el síndrome de piernas inquietas o la niebla mental.

«Las palpitaciones o un corazón palpitante son comunes con la anemia y se asocian con la falta de hemoglobina y con que el corazón tiene que trabajar más duro», asegura en una entrevista digital el profesor de operación quirúrgica del University College London, Toby Richards.

Lo más importante, en cualquier caso, es controlar el nivel de deficiencia del mineral. «Si la falta de hierro alcanza ciertos niveles, los glóbulos rojos no pueden generar suficiente hemoglobina, dando lugar a la anemia –falta de hemoglobina–, que en este caso sería de tipo ferropénica (por falta de hierro)», argumenta Cabañas.

Este tipo de anemia, asegura el doctor, supone aproximadamente la mitad de las anemias de todo el mundo. Y puede producir fatiga crónica, irritabilidad, insomnio, ansiedad, dolor de cabeza y hasta depresión. Pero ¿qué causa la anemia producto de la falta de hierro? La más frecuente es el sangrado de la menstruación.

Y ojito si no menstrúas. «En caso de hombres o mujeres que no menstrúan, hay que buscar la pérdida de sangre en otros sitios, siendo lo más habitual la pérdida de sangre por el tubo digestivo (por una úlcera en el estómago, dilatación de vasos en el colon, pólipos o incluso cáncer gástrico, colorrectal o de otro tipo)», nos cuenta.

«Los síntomas de deseo de hielo de algunas personas son una forma de geofagia, un deseo inexplicable e irracional de comer productos no alimentarios», añade Richards en la misma entrevista. «Los antojos de hielo son muy comunes en personas con deficiencia de hierro severa. He tenido pacientes que confiesan comer tierra de macetas o incluso kleenex. La pérdida de la libido también es un síntoma muy común de la deficiencia de hierro, posiblemente debido a la fatiga o la depresión».

Asimismo, la deficiencia de hierro y ferritina (proteína almacenadora de hierro) son causas tremendamente comunes de pérdida de pelo, especialmente en mujeres con menstruación. «El cuerpo necesita ferritina para producir la proteína de la que está hecho el cabello. Una deficiencia puede acortar la fase de crecimiento, por lo que los pelos se caen antes de que alcancen la longitud que son capaces de lograr», expone en otra charla Anabel Kingsley, tricóloga de la clínica Philip Kingsley en Londres.

Pero tampoco hace falta acojonarse. Si la falta de hierro es leve, puedes controlar el problema con una buena alimentación rica en productos con este mineral o con algún suplemento.

Y, hablando de comida, aprovechamos la ocasión para romper un mito de nuestra infancia: Popeye era un trolero de cuidado. Un estafador emocional. A fin de cuentas, se pasaba el tiempo haciendo pensar a sus seguidores que su fuerza y músculos eran fruto de las espinacas que tomaba. Pero aquello no era exactamente así.

De hecho, el bioquímico José Miguel Mulet nos cuenta que esta verdura no tiene tanto hierro como se pensaba –y que, para más inri, al tener mucha fibra y moléculas como el ácido oxálico que secuestran el hierro, su absorción es muy pobre–.

«Tienen poco hierro y no se asimila demasiado bien. El hígado, las almejas y mejillones o las lentejas tienen mucho más», apostilla. Vamos, que las famosas espinacas que se jalaba Popeye antes de pegarle a Brutus iban bastante aliñadas (y seguramente darían positivo en una prueba antidopaje).




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