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viernes, 16 de noviembre de 2018

535 fue el peor año de la historia y otras noticias curiosas y actuales

Si nos preguntasen cual pudo ser el peor año de la historia mundial, seguramente no lo tendríamos fácil para elegir uno, ya que nuestro pasado está repleto de episodios funestos. Pero, un nuevo estudio realizad por un equipo de la Universidad de Harvard, ha llegado a la conclusión de que fue el 536 de nuestra era.


Fue el décimo año del reinado del emperador Justiniano de Bizancio, y en él sucedió algo inesperado y que tuvo consecuencias catastróficas. Una densísima niebla cubrió los cielos en casi todo el planeta, ocultando la luz del sol. Lo que provocó que las temperaturas descendiesen de forma atroz. Se sabe que en China llegó a nevar durante el verano.

Y aquel enfriamiento brutal causó que se perdieran las cosechas en prácticamente todo el mundo, ocasionando una espantosa hambruna. El historiador bizantino Procopius escribió que fue un año en el que se produjeron horribles portentos. Pero, ¿qué fue lo que causó aquel caos?

Los investigadores han buscado respuestas en los sedimentos acumulados en los hielos de la Antártida y Groenlandia. Y han encontrado restos cenizas y de otras sustancias que revelan que en el año 536 se produjo una gran erupción volcánica que causó ese enfriamiento del clima.

Y no solo eso. También han encontrado evidencias de que en el años 540 se produjo una segunda erupción que contribuyó a aumentar el caos y la miseria ya existente. A la que se sumaría en el 541 la primera gran epidemia mundial de peste conocida.

Los registros fósiles acumulados en el hielo antártico, indican que la situación no volvió a la normalidad hasta el año 640.

Los rascacielos aumentan el poder de las tormentas

En el verano de 2017, la ciudad de Houston, en Texas, sufrió unas inundaciones catastróficas durante el paso del huracán Harvey. Fueron muchos los factores que contribuyeron a desencadenarla pero, ahora, un nuevo estudio realizado por la Universidad de Iowa, ha descubierto uno inesperado: los rascacielos.

Tal y como explican los autores del estudio, los huracanes se mueven mucho más rápido sobre el océano que sobre superficies duras. Los investigadores usaron simulaciones para estudiar el paso de un huracán como Harvey sobre un territorio similar en extensión a Houston, pero cubierto de árboles y campos de cultivo. Y los resultados revelaron que el skyline de la ciudad texana contribuyó a que la tormenta quedase estancada sobre ella.

Tal y como explican los investigadores, es como si los vientos del huracán hubiesen quedado atrapados entre los rascacielos y las torres de la ciudad. Y la fricción provocada por el viento sobre las paredes de los edificios tuvo un efecto sobre el movimiento del aire y del calor, creando las condiciones óptimas para que las precipitaciones fueran muy intensas.

En el caso de Houston, cayó durante cinco días el equivalente a toda la lluvia que cae en una ciudad como Barcelona durante un año.

El pez en cautiverio mas viejo del mundo

¿Cuánto puede vivir un pez? Algunos mucho, como es el caso de Methuselah (Matusalén). Se trata de una hembra de pez pulmón australiano (Neoceratodus fosteri) que llegó al Acuario Steinhart de la Academia de Ciencias de California en San Francisco en 1938, siendo ya adulto. Los expertos no pueden calcular exactamente su edad, pero creen que podría rondar los 85 o 90 años. Ahí es nada…

El récord anterior de longevidad en lo que se refiere a peces en cautiverio lo ostentaba otro pez pulmón, del Shedd Aquarium de Chicago, que murió en 2017 a la edad de 84 años. De ahí que ahora Methuselah sea considerado el pez en cautiverio más viejo del mundo.

Además de por su avanzada edad, también se caracteriza por ser una de las seis especies de peces pulmón que respiran aire (Sarcopterygii). Y es que cuenta con una vejiga nadadora que, además de controlar su flotabilidad, le ayuda a respirar.

¿Qué es lo que le hace vivir tanto tiempo? Además de la genética, los expertos aseguran que esta especie cuenta con ciertos rasgos que contribuyen a su resistencia y longevidad, como su voraz apetito. Le gusta ser alimentada a mano por sus cuidadores, y su manjar favorito son los higos. Además, disfruta dejando que le acaricien el vientre.

Los peces pulmón australianos son considerados una especie protegida. Pueden ser capturados sólo con un permiso especial y su exportación está estrictamente regulada.

Matusalén es toda una embajadora de su especie, que lucha en la actualidadcontra la pérdida de hábitat causada por el hombre.

Las orcas también tienen pesonalidad
De acuerdo con un reciente estudio liderado por investigadores españoles, las orcas (Orcinus orca), muestran rasgos de personalidad similares a los de los humanos y los chimpancés, como la alegría, la alegría y el afecto. Los hallazgos han sido publicados en Journal of Comparative Psychology.

Los científicos, liderados por Yulán Úbeda, analizaron los rasgos de personalidad de 24 de estos cetáceos en SeaWorld Orlando, SeaWorld San Diego y el zoológico Loro Parque en Tenerife. Seis de estos mamíferos fueron capturados en la naturaleza, mientras que el resto nació en cautiverio.

Los entrenadores completaron encuestas que clasificaron a cada animal en una lista de 38 rasgos de personalidad, entre ellos alegría, independencia, testarudez, valentía, sensibilidad y protección. Esos rasgos fueron analizados y comparados con estudios previos de los mismos rasgos de personalidad para chimpancés y humanos.

“Este es el primer estudio que examina los rasgos de personalidad de las orcas y cómo se relacionan con nosotros y con otros primates – explica Úbeda –. Estos rasgos de personalidad similares pueden haberse desarrollado porque eran necesarios para formar interacciones sociales complejas en grupos muy unidos que vemos en estos animales y también en humanos y otros primates".

Los investigadores descubrieron que los rasgos de personalidad de las “ballenas asesinas” eran similares a los de los humanos y los chimpancés, pero más similares a los chimpancés. Las orcas se asemejaban a chimpancés y humanos en extraversión (por ejemplo, juguetón, sociable y sociable), pero estaban más cerca de los chimpancés en relación a rasgos de personalidad vinculados a la conciencia (por ejemplo, constantes, obstinados y protectores), otros relacionados con la paciencia y también el dominio.

Los hallazgos pueden sugerir cierta convergencia evolutiva en la que los rasgos de personalidad de las orcas y los primates son similares debido a las capacidades cognitivas avanzadas requeridas para interacciones sociales complejas. Estos primos de los delfines pueden vivir hasta los 90 años en grupos muy unidos que cazan juntos y comparten la comida, mostrando habilidades avanzadas de comunicación y cooperación.

Los autores destacan que el estudio no analizó los efectos del cautiverio y se realizó con orcas en parques marinos porque sería difícil evaluar sus rasgos de personalidad en la naturaleza y estos podrían ser diferentes.

Cuanto mas dolor esperamos sentir, mas dolor sentimos

“No hay dolor... No hay dolor”.Seguro que todos hemos escuchado ese mantra montones de veces en las películas de artes marciales, cuando el protagonista se somete al entrenamiento para convertirse en un gran luchador. Pues bien, parece que algo de verdad hay en esa frase. O eso, al menos es lo que se desprende de los resultados de un estudio realizado pro un equipo de la Universidad de Colorado.

Y es que los autores del mismo han comprobado que, en ocasiones el dolor puede ser una especie de profecía autocumplida. O, lo que es lo mismo, que si esperas sentir dolor, seguramente lo sientas. Aunque en ocasiones no haya ningún estímulo real que lo produzca.

Los investigadores realizaron un experimento en el que entrenaron a varios voluntarios para que asociaran diversos símbolos con sensaciones de calor suaves, y otras con sensaciones de calor muy intensas, similares a las causadas por una quemadura.

Luego, se les mostraron dichos síntomas mientras se les aplicaba diversas sensaciones de calor en brazos y piernas. Aunque la más intensa de todas era similar a coger con la mano una taza de café caliente. Es decir, que no resultaba realmente dolorosa.

Pese a ello, al monitorizar su cerebro, los investigadores observaron que cuando los voluntarios esperaban sentir un dolor más intenso, se activaban las regiones cerebrales involucradas en procesar el miedo. A la vez que reportaban sentir más dolor del que realmente podía producir el estímulo provocado.

El experimento también reveló que si las personas esperaban sentir dolor, y realmente lo experimentaban, en la siguiente ocasión esperarían sentir aún más dolor. Pero, curiosamente no sucedía lo contrario. Si esperaban sentir dolor, y no lo sentían, la siguiente vez no esperaban sentir menos.

Por supuesto, hay muchas ocasiones en las que los estímulos dolorosos son completamente reales y es imposible ignorarlos. Pero el experimento pone de manifiesto que existe un componente subjetivo que, tal vez, podría aprovecharse para mejorar la forma en la que procesamos las sensaciones dolorosas más leves.




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