domingo, 13 de mayo de 2018

Humor agradecido




  

La segunda guerra mundial se ve diferente en colores







Gatebox, la novia holográfica que es furor en Japón

El 60% de solteras y el 70% de solteros en Japón, de entre 18 y 34 años, no mantiene una relación de pareja, según datos de 2016 del Instituto Nacional de Investigación sobre Población y Seguridad Social de ese país. Asimismo, alrededor del 44% de las mujeres y el 42% de los hombres admiten ser vírgenes.


Hay más datos reveladores: cerca de la mitad de los japoneses no tiene relaciones sexuales antes de los 34 años; y el 32% de los hogares está compuesto por una sola persona.

Es probable que estos datos hayan sido considerados por la empresa japonesa Vinclu para desarrollar su propio asistente virtual, Gatebox , como Amazon Echo o Google Home, pero con un gran distintivo. El dispositivo le da vida a la voz que interactúa con el usuario, a través de un holograma 3D que tiene forma de un atractivo animé. Y para muchos usuarios funciona como una pareja virtual.

Azuma Hikari es el personaje japonés que cobra vida (holográfica) en el dispositivo. Es posible controlar y gestionar a través de la voz un hogar inteligente, con un interesante plus: una linda y simpática compañía.


Hikari (que significa "luz", en japonés) vive dentro de Gatebox, en un tubo de vidrio, conectado a internet, con conexión wifi y bluetooth, que pesa 5 kg. La actriz japonesa Yuka Hiyamizu es la voz del asistente.

El dispositivo tiene un parlante estéreo, micrófonos y cámaras integradas, además de sensores de todo tipo (temperatura, humedad, luz, entre otros). Cuenta con un sistema de inteligencia artificial que le permite entablar conversaciones y puede reconocer rostros, entre otras acciones.

A través de Gatebox, es posible controlar un hogar con domótica, por ejemplo, prendiendo o apagando dispositivos conectados, controlando luces o bajando la temperatura del termostato. Como Alexa, Cortana, Google Assistant o Siri responde preguntas, brinda recordatorios o lee las noticias.


Washimoto, vocero de Gatebox, explicó que el dispositivo es compatible con smartphones con Android o iOS, a través de la app GateboxLink. ¿Cómo funciona en la automatización del hogar? Washimoto señala que el software (que no es de código abierto) transmite el patrón de infrarrojos desde el cuerpo principal del dispositivo a los aparatos electrónicos inteligentes del hogar.

"Gatebox, por el momento, solo puede mantener conversaciones en japonés. Estamos considerando sumar otros idiomas en el futuro", señalaron desde Gatebox a Infobae. En diciembre de 2016, la compañía nipona vendió 300 unidades del dispositivo. "Se agotaron en un mes. Y se presentaron 960 solicitudes en 13 días para ventas adicionales", expresó Washimoto.

Con oficinas en Tokio, Akihabara, en el laboratorio de Gatebox trabajan 50 personas. El asistente virtual solo se comercializa a través del sitio de la compañía. Si bien no está activa su venta actualmente, están tomando pedidos. Las primeras 300 unidades fueron vendidas por USD 2.520 cada una.

Una pareja virtual

Según explican desde Gatebox, los usuarios pueden cambiar libremente el anime holográfico del dispositivo, de acuerdo con los personajes que van subiendo a su plataforma. A partir de 2018, por ejemplo, se sumó un personaje hombre holográfico.

El animé, además de ser el intermediario para gestionar el hogar inteligente, resulta una buena compañía. Es posible chatear con el personaje mientras la persona no está en su hogar.

En los videos que promocionan el producto, desde Gatebox indican que es un dispositivo dirigido a jóvenes solitarios que necesitan compañía. Así, puede encarar conversaciones más realistas, personales y "amorosas".





Crear diamantes con mantequilla de maní y otras curiosidades sobre algunos alimentos

  • Cerveza Es difícil de creer, pero hasta 2011, la cerveza y otras bebidas que contenían hasta un 10% de alcohol se clasificaron en Rusia como no alcohólicas. No hace falta decir que esto no podría continuar para siempre, y Rusia adoptó una ley que controla y restringe las ventas de cerveza para combatir el alcoholismo y cuidar la salud de los menores.
  • Queso Sorprendentemente, el queso es el producto más deseado para ... ladrones. Alrededor del 4% de todos los quesos hechos en el mundo están siendo robados. Dicen que incluso hay un mercado negro para los quesos.
  • Bayas Seguramente no sabías esto. Como regla general, esto es conocido solo por los botánicos, quienes, al parecer, están felices de engañar a la gente común. Plátanos, pepinos, kiwi se clasifican como bayas. Las fresas, las moras y las frambuesas NO son bayas.
  • Ruibarbo El método de cultivo conocido como "forzar", permite que el ruibarbo crezca tan rápido que se pueda escuchar. El sonido aparece debido a los brotes de apertura. Dicen que durante el período vegetativo el ruibarbo está constantemente crujiendo.
  • Langostas Extraño, pero antes las langostas, por las que ahora se pagan precios exorbitantes en los restaurantes, se consideraban poco dignas de comerse. Nadie quería comprar langostas, y eran arrojadas de vuelta al mar o entregadas a los sirvientes. Incluso había una ley que estipulaba cuántas langostas se podían dar a un prisionero, ya que se consideraba demasiado cruel como para alimentar a un pobre tipo con langostas. Ahora a los prisioneros no los alimentan con langostas.
  • Pistachos Las regulaciones de carga prohíben el almacenamiento de pistachos (especialmente limpios) junto con telas fibrosas y aceitadas (por ejemplo, arpillera). Esta combinación es una garantía de incendio a bordo de un buque de carga seca.
  • Frutas ¡Es increíble, pero las pegatinas de las frutas son comestibles! Esto, por supuesto, no significa que un adhesivo cualquiera se podría comer, pero si una pieza de la etiqueta permanece en el fruto y lo comiste por accidente, nada terrible va a suceder. Incluso el pegamento en la pegatina es adecuado para la comida.
  • Sandwich De acuerdo con la versión estándar, el nombre proviene del título de John Montagu, conde Sendvichskogo, un jugador empedernido, que, según la leyenda, se sentó en el día de la mesa y a la noche, y no distraerse del juego, y le pidió que prepararan una carne fría entre dos rebanadas de pan tostado.
  • Setas Si cocina hongos, es importante no cocinarlos demasiado. En las paredes celulares de los hongos hay un polímero especial que les proporciona un sabor delicado. Si las reconcinas, el polímero se destruye.
  • Pimienta negra En la Edad Media, la pimienta negra en el sentido literal de la palabra valía su peso en oro. El deseo de enriquecer a los portugueses llevó a los marineros a finales del siglo XV a la apertura de la ruta marítima a la India. En busca de especias, Vasco de Gama fue el primero en rodear África para llegar a la India.
  • Alcohol La música fuerte en los bares te anima a beber más bebidas alcohólicas y beberlas más rápido. A esta conclusión llegaron los científicos como resultado de un experimento llevado a cabo en Francia.
  • Chocolate No comeríamos chocolate si no hubiera moscas, más precisamente ciertas especies de pequeños mosquitos, que son necesarios para la polinización de la planta de cacao a partir de la cual se elabora el chocolate.
  • Hamburguesas Las hamburguesas de McDonald's no se estropean en absoluto, no se pudren y no se deforman. Según los representantes de la compañía, la humedad se evapora rápidamente del producto, por lo que no se deteriora, sino que simplemente se marchita. ¿O tal vez usan conservantes después de todo?
  • Mantequilla de maní ¡La mantequilla de maní se puede usar para crear diamantes! Solo es necesario recrear las condiciones tanto en el manto inferior de la Tierra (solo 2200 grados Celsius) durante varias semanas para formar un diamante de 2/3 mm. En la práctica, casi nadie emprenderá la implementación de este proyecto, pero en teoría es posible.

El fenómeno de la "cumbia rebajada" (cuando un error tiene éxito)

Había una vez en un lugar muy lejano (ni tanto) un grupo de colombianos. Eran los años 60 y la ciudad de Monterrey, en México, parecía estar desierta: todo el mundo estaba celebrando las Navidades. Nuestro pequeño grupo de colombianos deambulaba por las desoladas calles hasta que unos lugareños les invitaron a pasar las fiestas en su casa. Ellos aceptaron y unas horas más tarde se presentaron, no con un postre o un vino, sino con unos cuantos discos de cumbia bajo el brazo. Cuenta la leyenda que esos discos nunca salieron de Monterrey, que fueron circulando por toda la ciudad, pasando de mano en mano, de fiesta en fiesta. Y así, la cumbia se convirtió en una música popular en esta zona de México.

Puede que esta anécdota tenga más de fábula que de realidad, pero es una de las muchas teorías que explican un fenómeno difícilmente explicable: el éxito de un estilo netamente colombiano en la ciudad norteña de Monterrey. Darío Blanco, antropólogo, sociólogo y autor de la tesis La cumbia como matriz sonora de Latinoamérica, tiene una explicación menos romántica.
«La música caribeña colombiana es interpretada por los grupos populares latinoamericanos y genera dinámicas identitarias y contestatarias muy similares en todos lados», explica. «En general, sus bailadores y escuchas son los mismos: los grandes grupos de migrantes que dejan el campo para instalarse en las ciudades hacia la mitad del siglo XX, gente que se establece en las periferias bajo condiciones de pobreza y marginación».

Este fenómeno casa perfectamente con lo vivido en Monterrey, con el barrio obrero de La Independencia como cuna de este estilo, pero no consigue explicar cómo la apropiación de estos ritmos ha dado como resultado uno de los estilos más peculiares de toda Sudamérica.



La cumbia rebajada no se baila en conciertos ni se graba en estudios, es un estilo que solo se puede escuchar en un tocadiscos o un casete. «Son canciones reproducidas con menos revoluciones de las normales, de esta manera se escucha la música más lenta, como si a una grabadora se le estuvieran acabando las pilas», explica Blanco. Los ritmos siguen siendo tropicales y alegres pero más lentos, más narcóticos, casi como una cumbia escuchada bajo el agua.

«Esta variación regiomontana posee gran aceptación entre los seguidores del género ya que argumentan que de esta manera se disfruta más la música, entiende con mayor facilidad la letra y se amainan los rápidos ritmos caribeños», explica Blanco. Al preguntarle por el origen de este peculiar género, el sociólogo responde con un nombre propio: Gabriel Dueñez.


Peina canas pero raramente se le ven, pues suele ir tocado con un sombrero mexicano que en otra persona parecería un cliché. En Monterrey lo conocen como Sonidero Dueñez, la profesión sustituyendo a su nombre de pila. «Un sonidero sería como un DJ del pueblo», explica, «con la diferencia de que nosotros solo tocamos música colombiana». Sobre el incidente que dio lugar al nacimiento de un nuevo género, Dueñez recuerda un día concreto en una fiesta. «De tanto tocar, de cinco a seis horas, el equipo se calentó provocando que diera menos revoluciones al disco, y así llegó el tono rebajado. Ya después trate de reparar la tornamesa y, pues no pude, mejor así la dejé».

A la gente pareció gustarle, así que Dueñez empezó a grabar casetes y recopilatorios con este particular ritmo submarino, las voces arrastradas, los acordeones escupiendo notas graves como trombones. Otros sonideros se sumaron a la moda y los cumpleaños, las quinceañeras y las fiestas callejeras empezaron a moverse a un ritmo más pausado.

«Nosotros los sonideros fuimos la principal causa de expansión de este género», explica Dueñez mientras repasa la importancia de la cumbia rebajada en su ciudad. «Hay muchos jovencitos que se identifican con esta música, estudiantes, adultos, señoras, muchachos que andan en pandillas que se les llama cholombianitos… En general, a estos últimos les gusta mucho la cumbia rebajada».

Casuario, el ave mas letal del mundo (pero hermosa)

El bosque lluvioso de la costa nororiental de Australia es el hogar del Casuario del Sur el tercer pájaro más grande del planeta. Es extraño que su reputación no sea mayor. Ciertamente, es un animal de aspecto notable, parecido a uno que fácilmente veríamos en “Jurassic Park”  ya que tiene un gran casque (un cuerno como cresta que indica su edad y su dominio). Las estimaciones varían, pero se cree que sólo alrededor de 1500 ejemplares de esta criatura misteriosa y antigua aún sobreviven en la naturaleza.


Muchas aves femeninas no comparten el mismo plumaje de colores vivos que el macho de la especie. El Cassowary femenino, por otro lado, es más fuerte y más grande que el macho. Durante la ceremonia de apareamiento es el varón quien toma el papel pasivo y la hembra puede tomar hasta tres compañeros diferentes contiguamente. La pareja final que ella decida será la encargada de criar a los jóvenes. Eso es correcto, después de un mes o más de cortejo la hembra pone los huevos y se retira de la escena. El macho se queda a incubar los huevos y cuidar de los jóvenes.


No sólo esto, durante los cincuenta días y noches que se tarda en incubar los huevos el macho perderá con más frecuencia hasta alrededor de un tercio de su peso corporal, ya que no puede vagar muy lejos para buscar alimento. Los casuarios son, sin embargo, omnívoros aunque su alimento preferido es la fruta. Comerán pequeños vertebrados e invertebrados cuando sea necesario.

¿Por qué se le considera el más peligroso?
Cuando están acorralados pueden mutilar o matar a la gente y (pocas veces) lo han hecho. El Guinness World Record Book los pone en la parte superior de la lista de aves peligrosas para el hombre.


El casuario es un ave muy agresiva y que tiene unos prontos muy peligrosos. Es importante tener esto en cuenta sobre todo para los expertos que se acercan a ver algunas especies con el fin de sacar más detalles sobre la misma. Sin embargo se han conocido casos de personas incluso, que no quieren investigar sobre esto por respeto a su ya conocida agresividad.

Comparado en algunos espacios con un dinosaurio por su aspecto, el casuario puede llegar a ver a casi todo como una pequeña amenaza de la que se tiene que defender. La fuerza que le caracteriza y las patas con garras son la herramienta más recurrente a la hora de estar defendiéndose.


Se han comprobado desgarros de piel en animales a la hora de estar delante de un casuario que además, cuenta con una buena velocidad cuando se siente invadido. Por otro lado, al ser humano también le ha atacado cuando éste no estaba protegido, por ello es importante que vayamos con mucho cuidado en el caso de que seamos investigadores o que bien, lo miremos en cualquier zoológico en el que pueda estar.

Un ave interesante…
Esta especie es un ave solitaria que se encuentra en la selva tropical dónde llueve en grandes cantidades puesto que el clima húmedo es aquel que más le satisface y dónde se encuentra mucho más cómodo.


El plumaje que cubre su pellejo es de color oscuro tirando a negro en muchos ejemplares y más marrón en los animales más jóvenes. Su cabeza tiene una gran protuberancia en forma de coraza que utiliza para protegerse en la batalla o para defenderse en su vida sedentaria habitual, ya que acostumbra a estar solo en la mayor parte del tiempo.


Redes sociales las máquinas de "verdades alternativas" (o fábricas de mentiras)

Desde la invención de la imprenta hasta la eclosión de las redes sociales, los medios de comunicación de masas han sufrido numerosas transformaciones. Y cada una de ellas ha supuesto la hegemonía de alguno de esos medios en particular. Con sus características tecnológicas, sus capacidades comunicativas y su peculiar forma de mentir.

Porque todos ellos han mentido en el pasado y mienten en el presente. Pero cada uno lo ha hecho con su propio estilo. La prensa, en sus comienzos, mintió sobre todo por omisión. Lo que no interesaba que se supiera no se decía y punto.

La radio, de verbo más meloso, incorporó la mentira manipulada. Es decir, se sirvió de la música, los efectos y la voz para acrecentar la credibilidad de la mentira. Todos conocemos el famoso programa de Orson Welles La guerra de los mundos en el que consiguió convencer a la mitad de los estadounidenses de que estaban sufriendo un ataque alienígena.

Y llegó la televisión. Su nivel de penetración y su capacidad audiovisual la convirtieron en la herramienta perfecta para una nueva clase de mentira: la mentira emocional. Probablemente nadie fue capaz de contar el salto cualitativo que supuso esta nueva tecnología como Joe McGinniss en su famoso libro Cómo se vende un presidente.

Pero esa tecnología tenía un problema. La fuerza de la imagen era tan incontrovertible que podía usarse también para desmontar la mentira emocional. Por eso, cuando las imágenes de la guerra de Vietnam ya no podían ocultarse (como en la prensa) ni manipularse (como en la radio), la televisión tuvo que usar una nueva estrategia: abrumar con millones de imágenes de las atrocidades bélicas hasta conseguir que estas perdieran todo interés informativo y toda carga emocional.

Las cosas cambiaron de nuevo con la implantación de las redes sociales. Sin duda, este soporte informativo está siendo el más poderoso, pero también el más inmanejable dada la masificación de las fuentes de información. De ahí que su forma de mentir haya precisado de una nueva estrategia mucho más sofisticada: la posverdad.

La posverdad no pretende ocultar la noticia ni manipularla ni descafeinarla. Lo que busca es desvirtuarla a base de publicar un sinfín de verdades alternativas que consigan que resulte imposible identificar cuál es la auténtica. Funciona como los sistemas de contramedidas de los cazas militares, donde los misiles son incapaces de detectar la verdadera posición del avión porque en el radar todos los objetos metálicos lanzados por él les desorientan.

Todo acto de mentir es dañino. Pero la posverdad es, además, invasiva. Prueba de ello es que los anteriores modos de mentir no acabaron con los medios de comunicación que les precedieron. Sin embargo, este sistema de manipulación a través de las redes sociales precisa eliminar cualquier otro medio informativo que pueda delatarles.

Por eso el ISIS asesinó recientemente a nueve periodistas en un atentado en Kabul sin importarles las consecuencias mediáticas. Y por eso también Donald Trump, el adalid de la posverdad, se ha atrevido a dar por «muerta» la cena de la asociación de corresponsales y a describirla como «vergüenza» para EEUU.

Cuando un presidente llega tan lejos (antes solo Ronald Reagan faltó a una cena con la prensa y fue porque atentaron contra su vida) es porque está seguro de contar con el arma definitiva en el ancestral arte de mentir: la posverdad, las redes sociales y el teclado de su ordenador en la Casa Blanca.





El hombre que fue operado de una enfermedad de trece sílabas (El síndrome del ocaso)

Un alemán de las cercanías de Hamburgo fue operado en un hospital de una palabra de trece sílabas. «Ustedes tomarán el asunto a broma; pero si algún día se ven obligados a estudiar alemán, ya llegarán a saber lo que es eso de tener dentro una palabra de trece sílabas y no lograr expulsarla», advirtió atribulado Julio Camba cuando, en 1913, vivía en Berlín.


El periodista no dijo ninguna tontería. Hay vocablos muy molestos para la garganta. Muchos de ellos, relacionados precisamente con los hospitales y la enfermedad: espondilitis anquilosante, fenilcetonuria, reflujo gastroesofágico… 


Cualquiera de estas voces pueden retorcer la lengua e incluso raspar un poquito las cuerdas vocales. Más bello es hablar del molusco contagioso, la fiebre de Oropouche, el mal de montaña, el síndrome de piernas inquietas o de los juanetes.

El progreso de la medicina ha salvado millones de vidas pero se ha llevado la poesía. En las consultas de los doctores hoy se anuncia amenorrea, bruxismo, litiasis biliar… pero hace un siglo era más común sufrir mal de espanto, un cólico miserere, una alferecía o el baile de San Vito.

Esta pugna entre la ciencia y la poesía ocurre ahora con un trastorno que sufren algunas personas al atardecer. Los anglosajones le han dado un nombre porque parece que hasta que un mal no es definido y etiquetado no existe. Han llamado sundowning a la inquietud, la agitación e incluso los pensamientos paranoicos que aparecen en algunos individuos cuando desaparece el sol. Y nosotros, tan dados a tragarnos cualquier prescripción escrita en inglés, la palabra ha empezado a rondar en la prensa.

La Fundación del Español Urgente, en su cometido de médico de guardia, ha extendido su receta al momento. ¡Alto! ¿Por qué decir un anglicismo cuando, aquí, la Real Academia Nacional de Medicina propone utilizar otras expresiones más nuestras y mucho más sugerentes como síndrome del atardecer, síndrome del ocaso o síndrome de la puesta de sol?



La abreviatura de "Señora" no es "Sra."

La multa había llegado el mismo día a todos los ciudadanos. Una carta oficial que imponía una sanción nada despreciable de dinero, y que ofrecía una rebaja si se pagaba en los primeros 15 días. No aludía a una infracción de tráfico, que son las que más podría pensarse que se cometen en una gran ciudad. Tampoco era una denuncia por obras ilegales, por agresión o por no cumplir con los impuestos municipales.

Era una falta nueva que aludía al incumplimiento de una ley que nadie conocía ni por asomo. Las protestas llegaron en aluvión al Ayuntamiento y los funcionarios, desbordados y multados también ellos mismos, no sabían cómo tramitar aquella avalancha de reclamaciones de las que sus propias personas formaban parte también.

Se consultó a los gabinetes jurídicos y no hubo abogado en toda la ciudad, ni siquiera en todo el país, capaz de identificar aquella sanción extraña que afectaba a toda la población por igual, sin distinción de raza, sexo, posición social ni nivel económico.

Todos, absolutamente todos los habitantes de aquella ciudad en la que nunca pasaba nada reseñable, habían sido denunciados y sancionados por la misma extraña razón. El caso fue viajando de gabinete en gabinete, de institución en institución hasta llegar a la Corte Suprema. Y cuando el juez fue llamado a dictar sentencia sobre el caso, sus únicas palabras fueron: «No conocer la ley no exime de cumplirla».

No pretendemos meternos en temas legales, que ahí hay mucha harina que amasar y nosotros no tenemos vocación de raperos, pero sí a dar a conocer una norma ortográfica que muchos desconocen.

Sin embargo, como dice el juez del relato, no conocerla no nos exime de cumplirla, y para no dejar que te expongas a una situación similar aquí va una norma que prácticamente ninguno cumplimos: Antes de la letra volada de una abreviatura debemos poner un punto. O lo que es lo mismo, si te apellidas García, por poner un ejemplo, y quieres abreviarlo, debes escribirlo así: G.a .

Lo mismo ocurre con N.o, 7.o, M.a, Sr.a y otras que se te ocurran con letra volada. Lo del punto no es un capricho de la RAE para hacernos fallar una pregunta de examen de oposición, sino que tiene su sentido. Este signo indica que falta algo en esa palabra, unos cuantos caracteres sin importancia a los que sustituye para que practiques sin miedo la economía del lenguaje.

Y fijate bien que esa letra volada no va subrayada. La RAE recomienda que no lleve esa incómoda rayita que tu teclado, al menos en Word, se empeña en colocar. ¡Con la informática hemos topado!

Sí, es verdad, tienes. El uso y los hablantes (escribientes, en este caso) son más poderosos que la norma y han optado por eliminarlo directamente. ¿Serán los vencedores o a la RAE le queda aún pólvora para esa guerra?




El azul es un invento moderno

En 1858, el político británico William Gladstone, que se convertiría en primer ministro diez años después, publicó uno de los estudios más amplios y en profundidad sobre el que era su poeta favorito, Homero. Eran más de 1.700 páginas divididas en tres volúmenes que provocaron en general la burla y crítica de los académicos contemporáneos (la idea de moda era que Homero no había existido). Pocos llegaron hasta el tercer volumen, donde estaba el descubrimiento más fascinante de Gladstone: Homero nunca describe nada como azul.

En general, su uso de los colores es extraño: hay ovejas violetas y miel verde, pero la ausencia del azul en obras como la Odisea, donde la presencia del mar es constante, llama profundamente la atención. Y no es que Homero no intentase describir nunca el color del mar que surca Ulises; es solo que lo hace como si le hubiese aplicado un filtro de Photoshop. En un momento, por ejemplo, dice que es del color del vino. Y no parece que sea licencia poética.

Pocos años después, el lingüista alemán Lazarus Geiger, quizá inspirado por la observación de Gladstone, llevó a cabo su propia investigación sobre los colores en textos antiguos. No solo eran los griegos los que ignoraban este color: ni los Vedas indios ni en la Biblia ni en el Corán, obras en las que las descripciones del cielo abundan, no se dice nunca que su color sea azul.

Geiger realizó otras dos aportaciones. Según sus investigaciones, los colores de las lenguas solían aparecer en el mismo orden: negro, blanco, rojo, amarillo o verde y, por último, azul. Además, la propia palabra azul, dice, en la mayor parte de las lenguas europeas modernas, viene o bien de palabras que significaban verde o bien de palabras que significaban negro. Es decir, el azul aparecía más como una tonalidad de esos colores que como una entidad en sí mismo.

¿Eran nuestros antepasados daltónicos?
La primera conclusión fácil a la que se llegaba tras estos descubrimientos era pensar que, simplemente, las civilizaciones antiguas veían peor o en una especie de escala de grises. No obstante, pocos se atrevían a defender una teoría así en plena época de Darwin. El propio Gladstone, que publicó su biblia homérica antes de que apareciese El origen de las especies, aseguró en más de una ocasión que él nunca había dicho eso que estaba en mente de todos. Pero ¿cómo saber si los antiguos griegos veían o no el azul como algo diferente?

Otro campo científico en pleno auge, el de la antropología, se unió a la investigación. Este era un momento en el que el espíritu colonialista eurocéntrico no tenía problemas en llevar hasta el zoo (¡el zoo!) de Berlín a una tribu nubia de Sudán. Allí fueron expuestos al público y sometidos al estudio de antropólogos y etnólogos, que se lanzaron sobre ellos con cintas métricas y, sí, tests de visión. Estos también los estaban desarrollando in situ en distintos rincones del mundo exploradores y científicos con las distintas tribus «salvajes» que se encontraban.

Los resultados, desde África, el Pacífico Sur a los nativos americanos, eran siempre los mismos: el orden de colores de Geiger se cumplía y el azul solía brillar por su ausencia (en algunos casos usaban el negro para describir el cielo en un día claro). Pero no era un problema de vista, ya que eran capaces de percibir la diferencia entre el azul y el verde o el negro. Simplemente, al igual que nosotros consideramos muchas tonalidades de azul el mismo color (algo que en ruso, por ejemplo, no ocurre: nuestro azul claro es golubóy; el oscuro, cíniy), ellos consideraban el azul una tonalidad del negro o del verde, pero no un color distinto: dividían el espectro de los colores en lugares distintos.

La intangibilidad del cielo
El orden de aparición de los colores en la lengua tiene una explicación: lo hacen, como todo, por necesidad. El día y la noche crean el blanco (o lo claro) y el negro (o lo oscuro), la sangre, el peligro, crea el rojo. El verde y el amarillo vienen de la naturaleza que nos rodea. ¿El azul? Podríamos señalar al cielo como evidencia, pero esta no es tan clara.

El lingüista Guy Deutscher, autor de El prisma del lenguaje: cómo las palabras colorean el mundo, cuenta en el libro que mientras investigaba sobre todo el tema de los colores, decidió hacer un experimento inocuo con su hija, que estaba aprendiendo a hablar. Le enseñó desde muy pronto a señalar y distinguir los colores y a los 18 meses ya reconocía sin problemas los objetos azules.

Mientras estaba en este proceso de aprendizaje, Deutscher tuvo mucho cuidado en no decir nunca que el cielo era azul. Cuando por esa época en la que su hija de año y medio era ya una experta en distinguir colores le preguntaba de qué color era el cielo, ella, cuenta el lingüista, se quedaba como sorprendida ante la pregunta, mirando a su padre con cara de «este se ha vuelto loco», como si el cielo no tuviese color.

Su primera respuesta llegó a los 23 meses, y fue «blanco». Un mes después dijo que azul por primera vez, y durante los siguientes seis meses fluctuó entre ambos colores hasta afianzar esa verdad que creemos inmutable: que el cielo es azul.

La excepción egipcia
Como en toda regla, la de la ausencia del azul en las civilizaciones antiguas tiene también una excepción: Egipto. Cuando encontraron el lapislázuli, material semiprecioso cuyos principales yacimientos están en Afganistán, enseguida quisieron producir un pigmento de ese color, algo más complicado de conseguir que el verde o el rojo por la escasez de elementos naturales azules.

Obtener de la propia piedra el pigmento azul era carísimo, así que los egipcios se pusieron las batas de laboratorio (metafóricamente) e investigaron cómo lograrlo de forma artificial, algo que consiguieron calentando un compuesto de calcio, uno de cobre, arena de sílice y sosa. En el arte del antiguo Egipto queda constancia de la veneración con la que trataban un color tan raro y especial, que fue adoptado rápidamente como símbolo de riqueza y divinidad. Para ellos el cielo sí era azul. El resto del mundo tardaría más en darse cuenta.