jueves, 12 de julio de 2018

Inolvidables y WTF! carátulas de álbumes de bandas europeas de los años '70







Cuando se logran fantásticas fotos de viajes






Mira: WTF!







Hay veces que veo sexo en todos lados







Cuando hacerlo uno mismo, no es la mejor idea







Mónica Bellucci según pasa el tiempo

1976

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1982

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1988

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Cuando el talento del fotógrafo se manifiesta en toda su plenitud




Humor siamés







Las sonrisas (y otras expresiones) no significan lo mismo en todo el mundo

El psicólogo Carlos Crivelli descubrió algo sorprendente mientras realizaba una investigación sobre las emociones y las expresiones faciales en Papúa Nueva Guinea en 2015.

Mostró fotografías de expresiones faciales de miedo usuales en Occidente a los habitantes de las islas Trobriand pidiéndoles que identificaran lo que veían. Ellos no vieron rostros de temor. En lugar de ello, vieron señales de amenaza y agresión.

En otras palabras, lo que consideramos como expresiones universales de temor no lo son en absoluto. Pero si esos aborígenes tienen una interpretación distinta de las expresiones faciales, ¿qué significa esto?

Una teoría emergente, que cada vez gana más respaldo, señala que las expresiones faciales no reflejan nuestros sentimientos. En lugar de lecturas confiables de nuestros estados emocionales, muestran nuestras intenciones y objetivos sociales.

El rostro funciona "como un letrero en la carretera que afecta al tráfico que pasa ante él", señala Alan Fridlund, un profesor de psicología de la Universidad de California Santa Barbara, quien realizó un estudio reciente con Crivelli, que trabaja en la Universidad De Montfort, en el que abogan por una visión más utilitaria de las expresiones faciales.

"A través de nuestros rostros dirigimos la trayectoria de la interacción social", apunta.

Eso no quiere decir que nosotros intentamos activamente manipular a otros con nuestras expresiones (aunque de vez en cuando podríamos hacerlo). Nuestras sonrisas y ceños fruncidos pueden ser instintivos. 

Pero nuestras expresiones son menos un espejo de lo que ocurre en nuestro interior que una señal que estamos enviando sobre lo que queremos que ocurra. Tu mejor cara de disgusto, por ejemplo, podría mostrar que no estás contento con la forma como una conversación transcurre y que tú quieres que tome por un camino distinto.

"Esa es la única razón que explica que las expresiones faciales han evolucionado", dice Bridget Waller, profesora de psicología evolutiva en la Universidad de Portsmouth.

Según ella, los rostros siempre "están ofreciendo algún tipo de información importante y útil tanto al emisor…y al receptor".

Aunque puede parecer razonable, esta teoría existe desde hace tiempo.
Una idea antigua

La idea de que las emociones son fundamentales, instintivas y están expresadas en nuestros rostros está profundamente arraigada en la cultura occidental. Los antiguos griegos colocaban las "pasiones" en oposición a la razón.

En el siglo XVII, el filósofo René Descartes delineó la existencia de seis pasiones básicas que podrían interferir con el pensamiento racional. Entonces, el artista Charles Le Brun las conectó al rostro, estableciendo "la configuración facial anatómicamente correcta y adecuadamente matizada para cada pasión cartesiana", escribieron Crivelli y Fridlund.

En las décadas de 1960 y 1970, la investigación científica también comenzó a respaldar la idea de que unas cuantas emociones básicas podían ser comunicadas universalmente a través de las expresiones faciales.

4 cosas que eran más fáciles antes, sin la tecnología

Es cierto que la tecnología nos ha facilitado enormemente las comunicaciones, nos permite saber en segundos lo que está pasando en cualquier parte del mundo, comprar sin movernos del sofá... La lista es interminable. Por eso es tan difícil resistirse a sus encantos.

Pero hay excepciones.

Hacemos un repaso a algunas situaciones cotidianas en las que la tecnología, más que facilitarnos la vida, nos la puede complicar. Y hasta terminar causándonos un enorme dolor de cabeza.

1. Lavarnos las manos

Sí. Lavarnos las manos. Parece sencillo, ¿verdad? Bueno. Y lo era. Hasta que llegaron los lavamanos "inteligentes".

Desde entonces, todo es mucho más higiénico.... y complejo.

Higiénico porque gracias a ellos no tenemos ni que tocar el grifo: basta con poner las manos bajo el caño de salida de agua para que el líquido transparente brote "mágicamente" hacia nosotros, evitando que entremos en contacto con millones de bacterias (sobre todo, si el grifo es público).

La parte complicada es que los sensores no siempre funcionan correctamente. O no están colocados en la zona más obvia. Y uno termina moviendo las manos de un lado a otro del lavabo de forma histérica hasta que, justo en el último momento de desesperación, el agua cae.

Y mejor que cuando lo haga te des prisa, porque a veces apenas dura unos segundos... y vuelta a empezar.

O el agua siempre está caliente.

2. Abrir las puertas de los hoteles

¿Quién inventó las cerraduras electrónicas de los hoteles? Si nunca te topaste con una, considérate afortunado.

Las llaves y las cerraduras tienen más de 4.000 años de antigüedad, y han evolucionado a lo largo del tiempo. Pero gracias a las nuevas tecnologías, todo parece indicar que han comenzado a involucionar.

Y es que las puertas automáticas de algunos hoteles y apartamentos turísticos son una auténtica prueba de paciencia para muchos.

Algunas funcionan con código numérico, otras con tarjetas de proximidad, llaves electrónicas, huella dactilar, app con bluetooth e incluso mando a distancia.

El problema es que las bandas magnéticas se descargan fácilmente al estar en contacto con el teléfono móvil y dejan de funcionar, así que uno tiene que ir a recepción a pedir otra... y vuelta a empezar.

Tal vez son más seguras que las tradicionales -al menos, eso dicen los especialistas- pero pocas veces son tan efectivas como una simple (y, para muchos, humilde) llave. ¿Por qué cambiar algo que funciona?

3. Pagar en cualquier lugar

¡Qué maravilla, poder pagar con la tarjeta bancaria o incluso con el teléfono en cualquier lugar! ¡Qué rapidez el contactless (pago sin contacto)! Desde que llegaron los pagos de tarjeta nunca resultó tan fácil pagar... o tal vez no.

Porque si se te ocurre salir de casa sin dinero en efectivo, en algunas situaciones no tienes nada que hacer. Son muchos los comercios que avisan a la entrada de que "solo se acepta efectivo". Otras veces la falta de conexión hace imposible el pago con tarjeta.

Por eso, aunque el metálico está pasando de moda en muchos sentidos, es mejor llevarlo siempre encima. Todavía lo que vale -y, a veces, lo único que vale- son las monedas y los billetes de toda la vida. No los subestimes. 

4. Movernos por la ciudad

¿Quién no ha chocado caminando por la calle con una persona pegada la pantalla de su celular? O, peor aún, ¿quien no tropezó con alguien por ir absorto en la pantalla del teléfono?

Gracias a las nuevas tecnologías, moverse por una ciudad nunca fue tan difícil.

Los "smombies" (zombies de los smartphones) están por todas partes. Caminan despacio, sin prestar atención a lo que ocurre a su alrededor y, muchas veces, causando accidentes. ¿Eres tú uno de ellos?