sábado, 18 de agosto de 2018

Los presidentes corruptos que mas dinero robaron en sus países

Imagínate tener tanto dinero que te diera pereza contarlo. Cuando se prepara un golpe de corrupción a gran escala, llega un punto que contar billetes es un estorbo. En las principales macrooperaciones que engloban a presidentes y dictadores se sigue un proceso habitual: el dinero se pesa. De acuerdo con la Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco Central Europeo, un millón de dólares en billetes de cien pesa exactamente 10 kilos.

Medir la corrupción es una tarea complicada. Los cálculos que circulan de las diez operaciones más importantes en los últimos 60 años son meras estimaciones. En plena investigación por el escándalo de los cuadernos en Argentina, parece que los Kirchner pusieron a las arcas públicas de su país entre las más saqueadas de la historia contemporánea. Solo en sobornos por obras públicas se calcula que robaron 10.000 millones de dólares. En otras palabras, 100.000 kilos en billetes de 100 dólares. Y todavía queda por contar los circuitos de la concesiones de transporte y energía, entre otros. Este es un ranking de los líderes más corruptos del último siglo, utilizando como comparación los animales más pesados del planeta.











Wombat, el animal de las heces cúbicas


Los vombátidos son una familia de marsupiales diprotodontos, conocidos comúnmente como wombats o uómbats. Se encuentran solo en Australia, incluida Tasmania, y tienen la apariencia de un oso musculado, pequeño y de patas muy cortas. Actualmente existen tres especies de wombats con vida, todas las cuales miden alrededor de un metro y pesan entre 20 y 35 kg. Su color de piel varía del beige al marrón y del negro al grís.

Dentro de su ya peculiar constitución, los wombats tienen la particularidad de que sus deposiciones son perfectamente cúbicas.

Sí, leiste bien, sus heces. Y es que resulta que estos animales defecan excrementos en forma de cubos casi perfectos, atrayendo, lógicamente, la atención de todos los que tienen la oportunidad de “admirarlos”…. si es que ése es el término más correcto.

Los wombats son marsupiales herbívoros, de hábitos crepusculares, aunque a veces buscan alimentos durante el día, siempre que esté nublado y haga frío.

Resulta también curiosa en estos animales su agilidad; pues, a pesar de tener un metabolismo muy lento, que les lleva a tardar catorce días en completar la digestión, son enormemente ágiles y veloces, pudiendo llegar a adelantar a un ser humano a la carrera con gran facilidad.


Y precisamente este metabolismo lento es el responsable de las curiosas heces en forma de cubo del wombat, ya que, durante los catorce días que dura la digestión, pasa tiempo suficiente para que la materia fecal se compacte, debido a una mayor absorción de su parte líquida.

De hecho, el wombat tiene un intestino muy largo, con su superficie interna cubierta de una serie de crestas que se encargan de modelar estructuras cúbicas casi totalmente perfectas.

Y lo mejor de todo es que el resultado es una estrategia perfecta para marcar territorio, ya que pueden depositarse perfectamente sobre troncos y rocas a la salida de las madrigueras, sin temor a que caigan rodando y se pierdan.


Como ves, defecar también puede ser un arte y, para muestra, las heces del wombat.

Y sin ánimo de ser escatológicos, ahí te dejamos un ejemplo de cómo son las curiosas heces del wombat.






Super post con 693 imágenes divertidas, curiosas y WTF!






Estas asustadoras tortas no son recomendables para cumpleaños







Bebés con mucho estilo







Artistas callejeros con inmenso talento







Humor feliz







El hotel donde te puedes bañar con cerveza

En el Resort Misugi puedes darte un chapuzón en una enorme bañera con cerveza oscura. Este peculiar baño combina cada treinta minutos la cerveza artesanal japonesa con agua de manantial natural, lo que, según el hotel, limpia y suaviza la piel de sus visitantes. Una opción hidratante (y original) para un verano caluroso.

Uno de los propietarios del resort es el maestro cervecero Youki Nakagawa, quien cree que los baños de cerveza, al igual que los de café, traen numerosos beneficios para la salud. "La levadura en la cerveza te da una piel suave y los lúpulos tienen poderes antibacterianos", señala el empresario. "El CO2 de la cerveza, además, es bueno para la circulación sanguínea", añade.


Los científicos aún no han estudiado si estos beneficios son reales o no (aunque seguramente poco les falte), pero por los precios del hotel merece la pena intentarlo: una sesión de 45 minutos cuesta 15 dólares (unos 13 euros), algo más barato que un spa.


Japón no es el único país en el que pueden encontrarse estos hoteles. El DogHouse Hotel, en Ohio, se abrirá en otoño y tendrá duchas de cerveza y tiradores en la habitación, además de vistas a la bodega donde se produce el producto. También hay planes para abrir un hotel similar en Escocia en 2019.



Hipnótica y variada selección de GIFS (22)







Maltodextrina, aditivo E-621, inosinato sódico ¿qué son esos aditivos que están en las cosas que comemos?

Son muchos los ‘snacks’ industriales con los que pequeños y mayores pasan las horas, tanto en la calle como dentro de casa. Su ingrediente principal es el maíz o distintas harinas vegetales, pero mezclados con ellos existen otros, como aditivos o colorantes, algunos de nombre impronunciable o con una combinación de números difícil de recordar. Unos tienen mala fama y otros son más inofensivos de lo que probablemente se piensa. Y a continuación te enseñaremos a diferenciarlos con solo mirar la etiqueta del envase que los contiene.

Uno de los nombres más de moda en los últimos tiempos es el aspartamo o E951. Presente en ‘snacks’ sin azúcar o ‘light’, pero también en los chicles y en la bollería industrial, ha estado relacionado con efectos cancerígenos. Sin embargo, edulcorantes como este no causan cáncer por sí solos. El aspartamo, encima, ha estado sujeto a numerosos estudios en los últimos años, y todos han ratificado que no existe vínculo con la presencia futura de linfomas o riesgo de otros tumores.

No todos los edulcorantes o aditivos tienen tanto respaldo. Por ejemplo, el glutamato monosódico, GMS o aditivo E-621. Este nombre extraño hace referencia a un potenciador del sabor conocido por su capacidad para hacernos comer más. Presente en patatas fritas, patés y embutidos, además de hacer que nos atraquemos con guarrerías de toda índole tiene otros peligros: en dosis bajas destruye las neuronas del cerebro, por lo que no está recomendado para personas con alzhéimer o párkinson.

Eso sí, esta sal sódica está presente de forma natural en productos como el queso parmesano, los champiñones secos o la leche materna. En este caso, se le conoce como ácido glutámico. Es su aislamiento y conversión en sal lo que lo hace peligroso: al usarse en alimentos los hace más palatables (más gratos al paladar) lo que provoca que comamos más, así que mejor evita los ultraprocesados que te decíamos al comienzo.

Hablando de sodio, otro palabro que nos podemos encontrar en las etiquetas de las tiendas de chucherías es inosinato sódico. Este potenciador del sabor, también visible con el nombre E631, está en ‘snacks’ y sopas en polvo, entre otros productos. Y dentro de nuestro cuerpo, es una bomba de relojería. Cuando se metaboliza, se convierte en ácido úrico, que provoca dolor en las articulaciones. Pero si esto fuera poco, hay que sumar síntomas tan variopintos como insomnio o hiperactividad. Vamos, mejor ni tocarlo.

Otro potenciador que se suele usar en conjunto con los anteriores es el guanilato sódico o E627. Sirve para incrementar el sabor sin necesidad de usar sal. Además de en estos productos, lo encontramos en los encurtidos o en las ‘pizzas’. Su peligro es tal que no se recomienda a niños ni a embarazadas. Además de gota, en grandes cantidades genera insomnio o irritación de las mucosas.

Azúcares artificiales
La maltodextrina es el siguiente de los elementos que vamos a analizar. Se puede comprar en forma de polvo blanco y proviene del almidón del maíz. En general, se usa para alargar la vida de los ‘snacks’, y funciona como un azúcar artificial. A pesar de su atractivo para la industria, los azúcares añadidos tienen muy mala fama por los efectos que causan en nuestro cuerpo a largo plazo: diabetes, obesidad, mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares… Por tanto, este será otro de los ingredientes que deberás evitar.

Otro azúcar añadido es la dextrosa. Se obtiene normalmente de almidón de cereales, como trigo o maíz, y es una forma química de la glucosa. Uno de sus principales usos es dar color dorado y más sabor a las patatas fritas. De acuerdo a médicos de la sociedad española de Endocrinología y Nutrición, este elemento favorece la diabetes tipo 2 y la obesidad a medio y largo plazo. También, a alta temperatura puede provocar la indeseable acrilamida, una sustancia cancerígena.

Toda la paleta (peligrosa) de colores
Y no son los únicos colorantes presentes en los quioscos del parque. Rojo 40, amarillo 6… Podría parecer el catálogo de Pantone, pero es algo más peligroso. Son colorantes artificiales.

El primero, conocido también como rojo lago o E129, está presente en ‘snacks’, barquillos o gelatinas. Un estudio encontró un posible vínculo con la hiperactividad infantil, por lo que no está recomendado su consumo en niños. Incluso, algunos países, como Estados Unidos, Suiza o Noruega, lo tienen prohibido. En adultos, puede provocar insomnio o urticaria y agravar los síntomas del asma. El segundo, que tiene el nombre más poético de amarillo ocaso y se usa en flanes o ‘snacks’, provoca los mismos efectos en pequeños y grandes.

Hay quien cree que las alertas de que estos colorantes provocan cáncer están algo infundadas, ya que los estudios se han hecho con grandes cantidades, mucho mayores de las que tomamos al comer. Por ello, el hígado debería ser capaz de descomponer las pequeñas partículas que ingerimos. Eso no quita que haya que limitar su uso.

Otros colorantes famosos son el amarillo crepúsculo o E110, que da el color naranja en ciertas marcas de nachos. Como los anteriores, en diferentes cantidades puede causar hiperactividad, insomnio o urticaria, y por eso está prohibido en Noruega.

La lista de palabros en ‘snacks’ es larga. También te puedes encontrar el polisorbato 80, presente en chicles y que a largo plazo es cancerígeno, mientras que a corto genera reacciones cutáneas. O el fosfato de sodio, un texturizador que, según un estudio, contribuye a enfermedades crónicas del riñón. Sin embargo, hay otros menos malos: el ácido ascórbico (la vitamina C natural) aumenta el tamaño de la ‘corteza’ en pizzas o bollos y no tiene grandes riesgos para la salud.

Pero no te agobies: muchos de estos aditivos, tomados de manera moderada y si no tenemos una alergia, no representan un problema demasiado alarmante. En cualquier caso, y aunque están autorizados para su uso en alimentos, mejor convendría evitarlos. La moderación, como en casi todo, es la clave.