lunes, 24 de septiembre de 2018

Los lunes...







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Humor extrañado







Los seres humanos somos vagos por naturaleza

Un equipo de investigadores ha explorado la paradoja del ejercicio, la sensación de querer volvernos más activos físicamente, pero a pesar de nuestras mejores intenciones, finalmente nos damos cuenta de que lo que conseguimos es estar aún menos activos. ¿Por qué sucede esto? 


Si llegar al gimnasio te parece una lucha, un investigador de la Universidad de Columbia Británica (Canadá) quiere que sepamos esto: la lucha es real y sucede dentro de nuestro cerebro.

El cerebro es donde Matthieu Boisgontier y otros investigadores fueron en busca de respuestas para lo que llamamos la "paradoja del ejercicio": durante décadas, la sociedad ha alentado a las personas a ser más activas físicamente, sin embargo, las estadísticas muestran que a pesar de nuestras mejores intenciones, el resultado es más bien el contrario.

Los hallazgos de la investigación, publicados recientemente en la revista Neuropsychologia, sugieren que nuestros cerebros pueden estar preparados para preferir estar acostados en el sofá que para hacer ejercicio.

"La conservación de la energía ha sido esencial para la supervivencia de los humanos, ya que nos permitió ser más eficientes en la búsqueda de alimentos y refugio, competir por parejas sexuales y evitar depredadores", dijo Boisgontier, autor principal del estudio. "El fracaso de las políticas públicas para contrarrestar la pandemia de inactividad física puede deberse a procesos cerebrales que se han desarrollado y reforzado a lo largo de la evolución".

Para el estudio, los investigadores reclutaron adultos jóvenes, los sentaron frente a un ordenador y les dieron el control de un avatar en la pantalla. Luego mostraron imágenes pequeñas, una cada vez, que mostraban actividad física o inactividad física. Los sujetos tuvieron que mover el avatar lo más rápido posible hacia las imágenes de actividad física y lejos de las imágenes de inactividad física, y viceversa.

Mientras tanto, un conjunto de electrodos registraban todo lo que estaba sucediendo en sus cerebros. En general, los participantes fueron más rápidos en moverse hacia las imágenes activas y alejarse de las inactivas, pero las lecturas de actividad cerebral -los electroencefalogramas- mostraron que hacer esto último requería que sus cerebros trabajaran mucho más.

"Sabíamos por estudios anteriores que las personas son más rápidas en evitar conductas sedentarias y avanzar hacia comportamientos activos. La novedad emocionante de nuestro estudio es que muestra que esta evitación más rápida de la inactividad física tiene un costo, y se corresponde con una mayor participación de los recursos cerebrales ", dijo Boisgontier. "Estos resultados sugieren que nuestro cerebro se siente atraído innatamente por conductas sedentarias".

La pregunta ahora es si los cerebros de los seres humanos pueden volver a entrenarse.

"Todo lo que sucede automáticamente es difícil de inhibir, incluso si lo deseamos, porque no sabe,ps que está sucediendo. Pero saber que está sucediendo es un primer paso importante ", concluyó Boisgontier.

Así que ya sabes, cada vez que te preguntes por qué te cuesta tanto ir al gimnasio, recuerda que es tu cerebro el que tiene preferencia por ese rincón del sofá.




El jugador que evitó un gol...¡de su propio equipo!

Un jugador del club de fútbol saudita Al-Faisaly ha impedido el gol de su propio equipo al caer lesionado en la línea de gol. La grabación de ese cómico momento se ha vuelto viral en las redes sociales y ha sido muy comentada.



Durante el encuentro contra el club Ohod, disputado el 21 de septiembre, Ante Puljic, jugador del Al-Faisaly, chocó contra un oponente y cayó lesionado en la línea de gol del equipo rival.

Mientras permanecía tendido allí, el portero se alejó del arco, mientras que un compañero de Puljic, Fahad Al Ansari, se hizo con la pelota y la lanzó hacia la portería vacía. Se trataba de un gol seguro, si no fuera porque la pelota pegó en la espalda del jugador que yacía en el césped.

A pesar de esta extraña situación, el Al-Faisaly logró imponerse por 2-0.


El hombre que vive en su casa con 400 "animales fóbicos": caimanes, víboras y tarántulas

Philippe Gillet comparte su hogar con 400 criaturas inductoras de fobia, incluidos dos caimanes, uno de los cuales duerme en su cama, una cobra debajo de su mesa de café, serpientes de cascabel, tarántulas y lagartos. Los dos caimanes, llamados Ali y Gator, han sido rescatados de una granja de cuero, pero la mayoría de los animales son mascotas que fueron abandonadas o donadas. Gillet realiza 'roadshows' con sus animales para crear conciencia sobre los reptiles.

El francés subraya que tiene todos los permisos necesarios para mantener y transportar a los animales a los roadshows


Philippe alimenta a su lagarto caimán del norte

El caimán de Cuvier

Gillet insiste que a sus vecinos no les molestan sus mascotas

Gillet posa con un pitón en su casa

Desclasifican chistes soviéticos que la CIA se tomaba muy en serio

"Un hombre entra en una tienda y pregunta: ¿Tienen carne? Y la dependienta contesta: «No, nosotros no tenemos nada de pescado, la tienda al final de la calle es la que no tiene carne". Este es uno de los 11 chistes desclasificados que ahora acabamos de conocer, informa «The Times».


«La CIA cometió muchos errores durante la Guerra Fría pero guardar una lista de bromas soviéticas no fue uno de ellos. Ahora están desclasificadas...», tuiteó la semana pasada el Doctor en Historia por la Universidad de Bekeley Gene Zubovich.

Estas bromas fueron reunidas por agentes de la CIA en el convencimiento de que estos chistes que circulaban en el bloque soviético podrían ofrecer información sobre el estado de ánimo de la población.

Otros de los chistes desclasificados eran de este calibre:

"Un trabajador parado en una fila para comprar licor dice: 'Ya he tenido suficiente, guarda mi puesto, voy a disparar a Gorbachov.' Dos horas más tarde regresa para reclamar su lugar en la fila. Sus amigos preguntan: '¿Le diste?' No, la fila allí era incluso más larga que la línea aquí".
Aquí viene otro:
"¿Cuál es la diferencia entre Gorbachev y Dubcek? Nada, pero Gorbachov aún no lo sabe".

(Recordamos que Dubcek fue el político checoslovaco que intentó reformar el régimen comunista en 1968, protagonista de la conocida como Primavera de Praga).

Los chistes fueron parte de una desclasificación masiva, de 13 millones de páginas, que se ha puesto online para todos, como cuenta «ILF Science». En declaraciones a este medio, Peter Clement, subdirector adujnto en la CIA para Europa y Eurasia comentó que los chistes eran muy populares en las oficinas de la CIA en aquellos días.

Aquí va otro:

"Un americano le dice a un ruso que en los Estados Unidos hay tanta libertad que él puede ponerse enfrente de la Casa Blanca y gritar: "¡Al infierno con Ronald Reagan!». El ruso responde: «Eso no es nada. Yo puedo ponerme enfrente del Kremlin y gritar: "¡Al infierno con Ronald Reagan también!".
Efectivamente, uno de las maneras que tiene el ser humano para discurrir por los momentos más difíciles de su vida y de su historia es tirar de humor para alivianar e incluso desmontar momentáneamente sus penurias. Aquí, en este enlace, están el resto de chistes (en inglés, eso sí).



Tus Whatsapps pasan primero por un pequeño pueblo en Irlanda

Cada segundo se envían cerca de 30 millones de whatsapp en todo el mundo. A grandes rasgos, el viaje consiste en salir de un móvil y llegar a otro en apenas unos segundos, pero entre medias se transita por un pequeño pueblo de Irlanda.


Todo empieza cuando se pulsa el botón de enviar desde el smartphone. Da lo mismo si se trata de un chiste malo, el emoticono de la bailarina, un "jajajajaja" o incluso una propuesta de divorcio. Sea lo que sea, todo se procesa como paquetes de información digital, siempre convertidos en ceros y unos, llamados a desplazarse por espacios remotos.

La primera ruta será por aire. A través del espectro radioeléctrico que habita en la atmósfera. El referido bloque de datos buscará la antena de telefonía más cercana y hacia allí encaminará sus pasos. En milésimas de segundo, el mismo mensaje tomará tierra a través de un cable de fibra óptica de alta capacidad que conecta a cada estación base con el resto mundo. Con indiferencia de la ubicación del destinatario -incluso si se trata del compañero de la mesa de la oficina-, el mensaje fluirá por la maraña de super cables hasta desembocar en alguna de las grandes líneas troncales que operan enterradas bajo las autopistas, líneas ferroviarias o principales arterias de comunicación.

No hay problemas ni obstáculos si al whatsapp protagonista de esta historia le toca cruzar océanos. Para eso existen más de 1.000 millones de metros de cables submarinos repartidos por todo el planeta. Algunos de ellos se encuentran a más de 8.000 metros de profundidad, siempre debidamente protegidos y replicados.

En el caso del whatsapp del primer párrafo, este cruzará el Canal de La Mancha (precisamente el primer cable submarino de la historia se estrenó bajo aquellas aguas). A través de un hilo de los cientos de miles de conductos de fibra óptica de aquel super cable se desplazará el paquete de datos ahora convertido en impulsos de luz gracias al fenómeno físico de la reflexión interna. El problema de la pérdida de la intensidad del haz luminoso que se produce en grandes distancias se subsanará con la ayuda de repetidores situados a lo largo de la infraestructura.

Como si fuera un viaje en Metro, el mensaje hará los transbordos que considere conveniente a través de la combinación más barata y eficaz diseñada por cada operador de telecomunicaciones. De esa forma, el mensaje llegará directamente hasta un nodo subterráneo en tierra firme, ya en suelo Irlandés, y desde allí se desplazará raudo hasta un pueblecito situado a 45 minutos en coche al norte de Dublín.

Se trata del centro de datos de Facebook de Clonee, en el condado de Meath (Irlanda). Allí se procesan, almacenan todos los whatsapp del mundo y se envían a otros cincos grandes centros de datos repartidos en otros continentes. Acto seguido, se reenviará el mensaje en sentido inverso hasta el destinatario final. Otra vez volverán a utilizarse cables de fibra óptica, redes troncales y otros conductos secundarios hasta allá donde no sea posible continuar por tierra. A partir de entonces, volverá a entrar en juego la estación base más próxima al receptor. De esa forma, el paquete volverá a volar por el aire hasta que la antena del móvil la recibe, la desencriptará y convertirá los ceros y unos en el mensaje tal y como lo escribió el emisor. En total, el tiempo empleado se reducirá a pocos segundos y el coste para el usuario con tarifa de datos será gratuito.

Dicho lo anterior, merece detenerse en el punto más lejano y crítico del viaje, situado en Clonee, a 40 minutos en coche al norte de Dublín. A simple vista, estas instalaciones (250 acres de superficie, unos cien campos de fútbol) son parecidas a las de cualquier otro gigante tecnológico.

El visitante que llega al cuartel general de Facebook parece contagiado por el frescor de Irlanda. Graznidos de cuervos y esa lluvia insistente que tiñe de verde el paisaje aderezan el entorno. Las tripas del gigante tienen un aspecto de lo más saludable. Todo escrupulosamente limpio y despejado, con tanto acero como para levantar dos torres Eiffel.

El parking que rodea el edificio está misteriosamente desierto, aunque en allí trabajan 300 almas en tareas de soporte, ingenieros en su práctica totalidad. Los visitantes elegidos deben entregar sus credenciales y atender un vídeo de dos minutos para saber que no hay que tomar un ascensor en caso de incendio, que están prohibidas las fotos y que siempre hay que obedecer al guía asignado.

Los guardias de seguridad deben ser legión, pero no están a la vista. Cientos de cámaras escrutan cualquier movimiento y las luces que parpadean en los servidores permiten adivinar que alguno de esos destellos corresponderá al whatsapp de este relato.

Junto con los mensajes de whatsapp, en Clunee también confluyen cada segundo 243.000 fotos de Facebook y otros 65.000 de Instagram de media humanidad. En ningún otro sitio coinciden tantos datos personales. Si toda es información fuera poder, aquel sería el espacio más poderoso del mundo.




Hipnótica y variada selección de GIFS (57)