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domingo, 25 de noviembre de 2018

El transporte público es, básicamente, un manicomio sobre ruedas







 

Inspiradoras decoraciones navideñas







Mascotas adorables







¿Y si te haces un tatuaje y queda así?







Tu decides: ¿Bellezas o todo lo contrario?







Una copa de vino al día es buena para salud, y otras de creencias alimenticias

Una copa de vino al día sí resulta beneficiosa para la salud.
Las virtudes del pasado son los vicios del presente. Y mucho de lo que se creía que eran los vicios del pasado son las necesidades de hoy”, sostenía Joseph Campbell, un autor que consagró su vida a la investigación de los mitos y las religiones. Muchos de esos mitos continúan acompañándonos hasta hoy y, en muchos casos, son creídos por miles, millones de personas. Algunos de ellos contienen un fondo de verdad y son verdaderas perlas de sabiduría. Otros son simplemente mentiras nacidas en algún momento de la historia y desbaratadas por la ciencia.

Precisamente los mitos y creencias relacionadas con la salud son los más problemáticos, puesto que algunos de ellos son insostenibles desde el punto de vista científico. Pero otros sí tienen su probado fundamento. Cosas en las que creímos firmemente antaño, en la actualidad se prueban sencillamente falsos, como sostenía Campbell.

¿Qué hay de cierto?
Una copa de vino al día es buena para la salud, dice una de estas creencias. Consultado, el médico cardiólogo Mario Zelarayán se pronunció favorablemente. “Cada vez es menor la cantidad de alcohol que es aconsejable tomar. Sin embargo, una copa de vino por día -solo una- es buena para disminuir los eventos de infartos. En el caso de las mujeres es media copa por día, porque está comprobado que para la mujer es más perjudicial. De todas maneras, aunque pueda resultar bueno por los antioxidantes, no significa que usted tenga que tomar por obligación una copa de vino”, apunta el especialista.

Hay otra creencia que involucra al vino que sin embargo no es tan firme. Y es la que insiste en lo malo de mezclarlo con la sandía. “No tiene ningún sustento. Eso sí: si usted come sandía y se toma un litro de vino, le va a hacer muy mal el litro de vino”, señala Zelarayán.

Otra noción muy extendida entre quienes tienen por delante largas jornadas de estudio: comer chocolate ayuda a estudiar.
“No hay mucho sustento científico, pero lo cierto es que la inmensa mayoría de los chocolates que encontramos en el mercado no son chocolates, sino un símil. El chocolate verdadero, en cambio, es bueno para la salud ya que contiene una buena cantidad de antioxidantes, altamente recomendable desde el punto de vista cardiológico. No creo que como estimulante tenga resultados, salvo que se considere el azúcar que puede actuar como tal”, consigna el médico.

Existe un viejo proverbio inglés que sostiene: an apple a day keeps the doctor away (una manzana al día mantiene alejado al doctor). Dicho proverbio aparentemente se originó en Gales a mediados del siglo XIX y se hizo muy popular, al punto que llegó a otras latitudes.

Lo cierto es que también este proverbio carga con una buena dosis de verdad. “Es cierto, pero lo recomendable es de tres a cinco frutas por día, frutas de estación en lo posible. De manera que ese dicho es bastante cierto, desde el punto de vista médico”, aclara Zelarayán.

Lo real es que un estudio científico publicado en 2011 demostró que la ingesta diaria de una manzana tenía verdaderos resultados. El estudio, que ha sido publicado en la edición digital de Archives of Internal Medicine, utilizó datos de 8.728 adultos mayores de 18 años a partir de la 2007-2008 y 2009-2010 de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de EE.UU., de los que contabilizaron sus visitas al médico durante el último año. Dicho estudio reveló que los consumidores diarios de manzanas habían reducido notoriamente el uso de medicamentos. No alejará al médico, pero sí al farmacéutico.

Otra creencia extendida señala que un vaso de leche tibia antes de acostarse ayuda a conciliar el sueño. Por lo visto, no está nada alejado de la verdad.

“Hay muchas cosas que contribuyen a la higiene del sueño, y tomar un vaso de leche tibia definitivamente es una de ellas. Una de las alteraciones del sueño más frecuentes es el insomnio de conciliación, aquellas personas que les toma mucho tiempo dormir. En estos casos puede ayudar el levantarse tomar un vaso de leche tibia y volver a la cama”, comenta el médico psiquiatra Pedro Bustelo.

También es muy popular un mito que tiene que ver con el “empacho”. Se trata de un trastorno gastrointestinal del que existe casuística documentada en Uruguay, Argentina, Chile y México. En este punto, las “terapias” a cargo de “curanderos” son descartadas por los médicos por carecer de todo sustento científico. En tal sentido, cabe recordar algunas de estas prácticas, como la de colocar una hebra de lana color rojo sobre la frente del niño “empachado”. O la que requiere de la intervención del “curandero” para el acto de “tirar del cuerito”, que consiste en una maniobra que se realiza con un pellizco de la piel sobre el espinazo a la altura de la boca del estómago.

Hay que agregar que la cura del empacho cuenta, además, con una extensa lista de remedios caseros, la mayoría de dudosa eficacia de acuerdo a los médicos.

Oro caliente para el orzuelo. El orzuelo puede ocasionar terribles molestias a quien lo padece. Consiste en una protuberancia que se origina en la inflamacion de la glándula sebácea situada en el párpado. El bulto puede provocar un lagrimeo constante, sensibilidad a la luz, y una molesta sensación de arena en el ojo. Hay una medida bastante conocida para combatirlo que consiste en frotar un anillo de oro contra una prenda de lana y provocar el calentamiento del metal. En dicho estado hay que colocar el anillo sobre el orzuelo con lo que combatirá la inflamación. “Es cierto, ahí lo importante es el calor y ayuda a mitigar la inflamación del orzuelo”, asegura el médico Mario Zelarayán. También es recomendable aplicar compresas húmedas calientes sobre el párpado afectado durante unos diez minutos varias veces al día. Y se recomienda no utilizar lentes de contacto mientras dure esta perturbación.

​La idea de “quemar grasas”. Comienzan los días de sol y calor y es común que aumente el número de personas haciendo ejercicios físicos. Y es aún más común tropezarse con corredores que van equipados con abrigados joggins y capuchas, hasta guantes para provocar la mayor cantidad de transpiración posible, trotando al borde de la extenuación. La creencia sostiene que ello ayuda a “quemar las grasas” que provocan ese indeseado sobrepeso. “Una equivocación común que muchos hacen es abrigarse para perder más peso. Y eso es un error conceptual: se pierde peso sí, pero peso en agua, no en grasa. O sea que al tomar agua luego voy a recuperar ese peso. Y durante la sesión de entrenamiento estar deshidratado es malo para la mente, el corazón, los músculos y las articulaciones”, sostiene Líber Mesa, entrenador personal e instructor de fitness y musculación.

Humor cortado







10 series de TV poco conocidas a las que deberías darles una oportunidad

Aunque no han pasado a la historia como ‘Los Soprano’, ‘A dos metros bajo tierra’ o ‘Breaking Bad’, por todos conocidas, existen un buen puñado de series igualmente recomendables, que tienen con razón sus fans acérrimos y que deberías ver en cuanto encuentres un ratito.  ¿No estás del todo convencido? Deja que intentemos hacer que cambies de opinión.

Los superhéroes más disfuncionales


Si te parece que en las series que ha hecho Marvel en colaboración con Netflix ya son bastante mundanos (y a menudo poco heroicos), los protagonistas con superpoderes de la británica ‘Misfits’ te van a parecer auténticos degenerados. No en vano es una serie de humor (y de las buenas). Mientras que Daredevil, Luke Cage, Jessica Jones o Iron Fist combaten a los malos como buenamente pueden, lidiando con sus traumas y contradicciones, a estos jóvenes un tanto asociales y bastante malhablados lo de salvar el mundo les importa casi siempre tres cominos. Uno es invisible, otro es inmortal, otra puede volver atrás en el tiempo… Y una puede hacer que cualquiera sienta un deseo irrefrenable con solo tocarla. ¡Eso sí que es un superpoder interesante!

Un drama adolescente en pleno apocalipsis

Hay dos géneros que causan furor pero que no suelen cruzarse entre ellos: la ciencia ficción apocalíptica en que la Tierra es destruida por vaya usted a saber qué catástrofe y las series para adolescentes. Y puede uno pensar que la combinación es tan extraña que jamás funcionaría, pero lo cierto es que una serie ha logrado demostrar lo contrario. En ‘Los 100’, un grupo de delincuentes juveniles de la colonia espacial donde viven los humanos tras la debacle es enviado en una misión casi suicida a nuestro maltrecho planeta para comprobar si vuelve a ser habitable. Lo que nadie sabe es que allá abajo queda gente que sobrevivió y que no va a recibirlos con los brazos abiertos.

Mercenarios de la justicia

Las series de abogados se han reinventado con títulos recientes como ‘The Good Wife’, ‘Better Call Saul’ o ‘Cómo defender a un asesino’, dignos alumnos de una escuela que tiene maestros tan ilustres como Ally McBeal o los protagonistas de Boston Legal. No obstante, hay una joya reciente que ha pasado un tanto más desapercibida. Los protagonistas de ‘Suits’ no siempre están del lado de los buenos, pues su bufete se dedica a defender a ricos empresarios; pero precisamente los dilemas morales y el carisma de sus personajes (con un reparto más coral que en la mayoría) hacen de ella una serie igual de buena o mejor que algunas de las más famosas de su género.

La lucha de clases más encarnizada

Fans de ‘Black Mirror’ y ‘Westworld’, el futurismo más pesimista aún tiene algo que ofrecerte: una desconocida joya brasileña que nació como una webserie de YouTube en 2011 y después fue rescatada por Netflix. En el distópico mundo de ‘3 %’, la sociedad se ha partido en dos mitades: los ricos, que gozan de todas las comodidades en una isla paradisíaca, y los pobres, que malviven en las barriadas. Cada año, los jóvenes de 20 años tienen la oportunidad de dar el salto a través de un proceso de selección complicadísimo que solo supera…. el 3 %. Mientras muchos son capaces de cualquier cosa por lograrlo, otros ya no están dispuestos a perpetuar la injusticia y deciden presentar batalla.

Los policías que te sacarán una sonrisa

Para los fans de la comedia también tenemos recomendaciones. Si lo tuyo son las series cortas y alocadas rollo ‘sitcom’, pero ya te has visto ‘Friends’, ‘Cómo conocí a vuestra madre’, ‘The Big Bang Theory’ y todas las sospechosas habituales, encontrarás los mismos alicientes y un agradable cambio de tercio en las historias de la comisaría de ‘Brooklyn Nine-Nine’ (aunque en realidad recuerda más a ‘The Office’). Poco hay de labor policial en esta serie, pero mucho de guiones desternillantes basados en los carismáticos protagonistas, un puñado de frikis que parecen el verdadero ‘brazo tonto’ de la ley. No podrás parar de reír.

La importancia de los botones en las redes sociales

Parece que haya pasado una eternidad, pero apenas han sido tres años. Fue entonces cuando Twitter, sumida en la extraña situación de tener un montón de información valiosa de usuarios pero no saber monetizarla, empezó a hacer algunos cambios. El primero de todos fue sutil, pero relevante: sustituir su estrella de favorito por un corazón de me gusta.

La primera reacción rápida fue de rechazo –a la gente no nos gustan los cambios en cosas que tenemos normalizadas– y hasta de crítica: se entendió como una copia descarada a Facebook, cuyo logo –un pulgar en alto– siempre había sido traducido como me gusta. Lo de Twitter era, según sus críticos, una copia. 

Pero, en realidad, cada pequeño cambio en las redes sociales es fruto de un proceso de reflexión bastante complejo. A fin de cuentas, ese simple botón lo que cambiaba era la forma en que los usuarios se comunican e interactúan, y eso en una plataforma que vive precisamente de la comunicación y la interactuación es mucho decir.

La crítica más acertada en ese sentido tenía que ver precisamente con la pérdida de la neutralidad: la estrella servía para guardar contenido para leer luego, mientras que el corazón –aunque se siga usando para eso mismo– ya implicaba una opinión subjetiva, porque estabas indicando que algo te gustaba.

La diferencia puede parecer sutil, pero no lo es. Especialmente en una red social que puede presumir de ser la única que maneja un enorme volumen de información en tiempo real y, como consecuencia, es foco de encendidas campañas y discusiones.

Mantener la neutralidad en la forma de expresar algo era visto por muchos como algo necesario. De ahí que tantos usuarios sintieran la necesidad de aclarar en su bio cosas como «RT is not endorsement», recordando que retuitear no necesariamente quiere decir que se esté de acuerdo con algo, sino sencillamente que es llamativo por algún motivo. La falta de contexto es lo que puede tener.

Sin embargo, la decisión de Twitter iba justo en esa dirección: lo que querían, precisamente, era implicar al usuario con sus reacciones. El motivo es que, en general, las plataformas sociales se ponen la piel de cordero para describir una Arcadia feliz en la que los usuarios son bienintencionados y en la que hay que eliminar los sentimientos negativos de la palestra.

En realidad, todas las redes sociales van cambiando progresivamente la posición y formato de sus botones de interactuación. Sin embargo, cada cambio es algo más que diseño: es también una jerarquía interna y una comunicación de opciones. Es el caso, por ejemplo, de la evolución de Instagram y sus opciones, que ejemplifica la forma en que la plataforma ha ido cambiando su cometido con el tiempo.

Del corazón al ‘no me gusta’
También Facebook introdujo cambios. Pasó de una única opción –el ya citado pulgar en alto– a lanzar cinco más, todas ellas basadas en emojis. Se dieron a conocer como reacciones y, en la línea de esa Arcadia feliz, eran mayoritariamente positivas: un me gusta, un me encanta, un me sorprende, un me divierte… y, por primera vez, un me entristece y un me enfurece.

La decisión coincidió en el tiempo con el auge de los resúmenes anuales automáticos que la red social construía basándose en las publicaciones que más interacciones hubieran tenido. Y, claro, la gente no solo comunicaba sus acontecimientos felices, sino también las pérdidas y decepciones.

En Facebook se dieron cuenta de que no se podía reaccionar a todo con me gustas. Y, de paso, también que los automatismos son peligrosos porque además de interacciones había que distinguir significados: una ruptura, una muerte o una casa en llamas no son cosas que la gente quiera volver a vivir.

Las reacciones se extendieron no solo a las publicaciones, sino también a los comentarios, y hasta hicieron experimentos con botones temporales para causas diversas –como flores, banderas arcoiris y hasta iconos basados en series de culto como Star Trek–.

Pero ahí vinieron dos lecciones más. La primera, que los botones son un lenguaje, así que no puedes hacer grandes cambios ni experimentos porque la gente necesita unas bases comunicativas estables y duraderas. La segunda, que los iconos negativos también pueden ser una herramienta de presión y censura en manos de la comunidad. Justo lo contrario a la Arcadia feliz, por más que cada interacción suponga en realidad una fuente de valiosa información.

Las reacciones fueron, por tanto, un mal necesario para Facebook que pronto empezó a tener consecuencias en el algoritmo a través del que vemos algunas publicaciones (y otras no). Por decirlo de algún modo, no podían ignorar las reacciones negativas aunque querían evitar sus consecuencias negativas.

Pero ahí también se esconde el secreto de por qué Facebook nunca ha querido –y nunca querrá– poner un botón de no me gusta. Entiende que hay cosas que te pueden no gustar, pero no quieren que lo uses de forma indiscriminada: regalar amor está bien, pero regalar críticas no.

La evolución del retweet
A diferencia de Twitter, Facebook sí ha sabido convertirse en una plataforma boyante en lo económico. Cada cambio en la red de Zuckerberg se ha entendido como una maniobra comercial inteligente puesta al servicio de su modelo de negocio –la segmentación de datos personales para anunciantes–, aunque haya sido a costa de su relación con los medios.

Mientras, en Twitter, han ido dando palos de ciego: aparentemente sin rumbo, e introduciendo variaciones en contra de su propia esencia, como lo de doblar el espacio para escribir. Sin embargo, cosas de la modernidad, Facebook empieza a notar cierto estancamiento en su crecimiento, mientras que Twitter consigue por primera vez empezar a hacer dinero.





Enigmas humanos que (afortunadamente) no han sido resueltos


Hay vida después de la muerte? ¿Y en otros planetas? ¿Qué hay dentro de un agujero negro? ¿Qué ocurrió en antiguas civilizaciones como Egipto o Sumeria? ¿Por qué los mayas desaparecieron de repente? ¿Existe Dios? ¿Y si existe, por qué existe el mal en el mundo? Todas estas preguntas, dignas de un filósofo, son las grandes barreras de pensamiento con las que la humanidad se ha estrellado a lo largo de los siglos. La lista sería tan interminable como para pensar que no sabemos casi nada y, que a pesar de todos los avances científicos, nos quedan tantos enigmas por resolver que estamos solo al principio de nuestro conocimiento del mundo y de la vida.

"No es para que nos contesten a una pregunta por lo que nos hemos puesto en camino, sino para que, en el silencio del lugar de los antiguos oráculos, cada uno descubra cuál es su pregunta". Esta bien podría ser la mejor y más bella frase que decir ante tal aluvión de incógnitas. Su autor, el escritor austríaco Peter Handke, la incluyó en una de sus más grandes obras, 'El juego de las preguntas', en la que sacaba a relucir la teoría de que todas y cada una de estas grandes cuestiones sobre lo divino y lo humano podrían quedar reducidas a una sola si se efectuara la adecuada, la más esencial de todas que incluiría todas las respuestas habidas y por haber. ¿Podría ser posible?

A decir verdad, nuestra vida podría ser el resultado de las preguntas que hacemos y no hacemos, ya que desde tiempos inmemoriales, al ser humano no le ha quedado otra opción que vivir pegado a su entorno y relacionarse con él. Una suerte de extrañamiento que arranca desde las primeras civilizaciones de Gregia o Egipto, cuando se realizaron los primeros estudios astronómicos, así como los primeros avances industriales y científicos que dieron lugar a ese concepto llamado "sociedad". Uno de los mayores expertos del mundo en el arte de hacerse preguntas a medio camino entre la física, la divulgación y la filosofía es Dennis Overbye, cuyo amplio recorrido le ha llevado a trabajar en la sección de ciencia del periódico estadounidense 'The Times' desde 1998.

Siempre pegado a las últimas novedades en el campo de la astrofísica,Overbye tiene infinidad de preguntas que sinceramente no quiere responder. "No es que no quiera resolverlas, me preocupa que me acaben decepcionando", escribe en un artículo de 'The New York Times'. Bonita reflexión para una persona que siempre ha intentado ver a través de la bola de cristal. "Realmente no quiero saber lo que hay en un agujero negro: ¿el fin de los tiempos? ¿Otro universo? ¿Todas tus pesadillas reunidas? ¿Mis calcetines perdidos? Odiaría que cualquiera de estas intrigantes posibilidades fuera descartada", admite con humor.

"Tampoco quiero saber lo que nos depara la evolución", afirma. "Si supiera cómo funciona, y tratara de intervenir en ella, probablemente lo echaría todo a perder. No soy tan inteligente ni innovador como la naturaleza, que bajara aleatoriamente el mazo genético. ¿El destino del universo? Siento lo mismo respecto al futuro del mercado bursátil: si me confían demasiados conocimientos, acabaré cometiendo graves errores". Una peculiar forma de definir a la humanidad y su incansable búsqueda e investigación: demasiado curiosos pero a la vez naturalmente diseñados para errar.

La paradoja de Peebles
Overbye cita una paradoja formulada por Jim Peebles, experto cosmólogo de la Universidad de Princeton. "Si alguien me ofreciese una tabla de piedra con todas las respuestas a los misterios del universo, cuál es su edad y hacia dónde se dirige, la tiraría. Lo divertido es la pretensión y el intento de averiguarlo. Así que no lo pensaría ni un segundo y la tiraría". Probablemente la ciencia solo consista en esto, en el camino al conocimiento, y no la acumulación de contenidos o verdades descubiertas.

Grandes científicos y especialistas del mundo de la genética y las tecnologías de la información, como Juan Enríquez, director y fundador del Proyecto de Ciencias de la Vida en Harvard, creen que este siglo será el del descubrimiento de nuevos mundos más allá de la Tierra, es decir, el de los hallazgos palpables de vida extraterrestre. Así lo expresó en su reciente intervención en el World Business Forum de Madrid, ante una sala abarrotada de los empresarios más importantes del mundo. Pero frente a esta visión tan esperanzada de que encontremos vida en otros planetas, Overbye tiene una teoría radicalmente distinta: "Si alguna vez nos topamos con una civilización extraterrestre, no quiero saber qué dice. Ser consciente de que existen e imaginar lo que han estado haciendo todo este tiempo sería un enigma ya suficiente de por sí como para mantenernos ocupados durante siglos", confiesa.

"¿Qué pasaría si nos revelaran los secretos de la paz mundial o la la teoría de cuerdas?", cuestiona. "Eso sería hacer trampa. Si no somos lo suficientemente inteligentes para descubrir estas cosas por nosotros mismos, no merecemos sobrevivir". Pero nada comparado a la pregunta de las preguntas, la madre de las interrogaciones que todos los seres humanos sin distinción se hacen al menos una vez en la vida: evidentemente, todo lo relacionado con la muerte. "Definitivamente, no quiero saber cómo voy a morir".




El sistema infalible para enriquecer

Alfonso Cobo tiene 26 años. Cuando apenas tenía nueve cruzaba todas las tardes los pocos metros que separaban la puerta de su casa de Madrid de la de su vecino, cinco años mayor que él, para jugar juntos. Se dedicaban a hacer construcciones de K’nex (los Lego de entonces) y con ellas ambos aprendieron a juntar un sinnúmero de piezas aparentemente inconexas. No es de extrañar que Alfonso terminara haciéndose arquitecto y su amigo, compositor.

Cuando Alfonso llegó a Nueva York en busca de trabajo comenzó a preparar un currículum intentando, lógicamente, que resultara lo más atractivo posible. Enseguida se percató de que en internet no existían las herramientas que él necesitaba para conseguirlo, así que decidió construirlo por su cuenta. A partir de ahí dio su siguiente paso, crear una aplicación para las stories de Instagram con un amplio surtido de plantillas para hacerlas, al igual que su currículum, lo más atractivas posibles.

Hoy esa idea es una app llamada Unfold con más de 11 millones de usuarios en apenas 12 meses, lo que le ha llevado a la revista Forbes a nombrarle unos de los 600 jóvenes menores de 30 años más influyentes del mundo tecnológico.

La historia de Alfonso es impresionante, en especial teniendo en cuenta la edad de sus protagonistas (su socio tiene 23 años). Pero lo que nos interesa ahora es analizar una cuestión en particular: ¿cómo es posible crear un negocio que ya se mide en millones en tan poco tiempo? Y, además, ¿qué lecciones se pueden sacar de esta historia que le resulten útiles a otros jóvenes de su generación?

Lo primero que tenemos que comprender es que el recorrido de este joven arquitecto está siendo muy similar al que con anterioridad realizaron otros emprendedores de éxito. Todos ellos siguieron el mismo proceso mental:

  • Tuvieron un problema.
  • Descubrieron que no había una solución.
  • Crearon la solución.
  • Pensaron que ese problema podría ser también el de muchas otras personas.
  • Comercializaron la solución.
Esa es la esencia de los negocios más lucrativos: resolver necesidades no satisfechas. Y donde muchos intentos fallan es porque los emprendedores buscan dichas necesidades en los demás en lugar de buscarlas en sí mismos. Porque lo que sucede con mucha frecuencia es que el problema que tú tienes lo tiene también mucha más gente.

Todo ello enmarcado en un principio básico de los negocios más lucrativos: «Si quieres ser pobre, trabaja para los ricos; si quieres ser rico, trabaja para los pobres». Es decir, resuelve un pequeño problema de muchos en lugar de un gran problema de unos pocos.

Ray Kroc, fundador de McDonald’s, no tenía tiempo para ir a un restaurante y perder dos horas comiendo. Y cuando descubrió el negocio de comida rápida de los hermanos Dick y Mac, pensó que esa necesidad suya, tan brillantemente satisfecha por ellos, podría dar la vuelta al mundo.

Henry Ford, fundador de Ford Motor Company, tampoco miró a los demás primero. Antes se miró a sí mismo analizando cual era su necesidad personal no satisfecha y cómo resolverla. Por eso pronunció aquella famosa frase: «Si le hubiera preguntado a la gente qué querían, habrían dicho caballos más rápidos».

La lista podría llegar hasta Google, Amazon o Facebook. Y el máximo común denominador sería exactamente el mismo.

Por eso, si quieres tener éxito en los negocios, céntrate en una sola pregunta: ¿qué es lo que yo necesito y no existe, y cómo puedo crearlo? Las encuestas, los estudios de mercado, el big data sirven como herramientas para los grandes proyectos con enormes presupuestos. Pero cuando se trata de empezar desde abajo no hay mejor alternativa que la introspección. Mirarnos a nosotros mismos y que sea nuestro problema el que nos marque la solución.