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domingo, 24 de febrero de 2019

Humor inivitado







Hipnótica y variada selección de GIFS (147)







Curiosidades sobre el Oscar y otros premios famosos

En honor al más maravilloso momento del año para Hollywood, he aquí un vistazo más de cerca a los codiciados premios dorados, globos, galardones y gramófonos, por los cuales los contendientes están guardando un lugar en el estante.

El premio de la Academia
Altura: 13.5 pulgadas
Peso: 3.8 kg


Posiblemente el trofeo más reconocido en el mundo, el gran honor de Hollywood fue entregado por primera vez en 1929, dos años después de que se formara el grupo que creo la competencia de la Academia de cine, artes y ciencias (Academy of Motion Pictures Arts and Sicences).

El director de arte de MGM, Cedric Gibbons, imaginó un caballero dorado de pie sobre un rollo de película, blandiendo una espada, y el escultor George Stanley realizó este concepto en tres dimensiones. El rollo tiene cinco portavoces, uno para cada una de las cinco ramas originales de la Academia (actores, directores, productores, técnicos y escritores).

El inicio de este apodo ampliamente utilizado es desconocido, aunque una de las explicaciones más populares es que una bibliotecaria de la Academia (y después directora ejecutiva) Margaret Herrick, exclamó, desde el primer momento en que vio el pedazo de metal, que le recordaba a su tío Oscar.

Le toma a Polich Tallix Fine Art Foundry en Walden, Nueva York, tres meses hacer las 50 estatuas de bronce y bañarlas en oro de 24 quilates, y hasta ahora 3,140 han sido entregadas a lo largo de 90 años. Ni siquiera la Segunda Guerra Mundial detuvo la noche más grande de Hollywood, aunque durante tres años los ganadores recibieron premios de yeso, debido a la escases de metales. Una vez que la guerra terminó, la Academia permitió que se reemplazaran por los reales.

El Emmy
Altura: 15 pulgadas
Peso: 2.8 kg

Fue el intento número 48 el que se quedó como el encantador trofeo para lo mejor de la televisión. Después de desechar 47 propuestas en 1949, la Academia de televisión, artes y ciencias (Academy of Television Arts and Sicences), eligió la idea de una mujer alada sosteniendo un átomo, que fue presentado por el ingeniero Louis McManus. Su esposa fue la modelo. Las alas representan a la musa del arte y el átomo simboliza el lado científico de esta industria.

Immy, una abreviación muy común usada en el pasado para la cámara de imagen temprana, casi fue llamada Ike, apodo para el tubo del iconoscopio, pero no querían ser asociados incorrectamente con el héroe de guerra Dwight D. Eisenhower. De acuerdo al sitio web de Academia de Televisión, la palabra fue cambiada por una “e” para representar la forma femenina.

La compañía Chicago’s R.S. Owens, combina níquel, cobre, oro y plata para hacer casi 400 trofeos al año. Cada Emmy tarda alrededor de cuatro o cinco horas en hacerse y es entregado con las manos enguantadas para evitar dejar huellas dactilares.

El Grammy
Altura: 9.5 pulgadas
Peso: 2.2 kg

La más grande noche para la música originalmente era conocida como Los Premios Gramófonos cuando se llevaron a cabo en 1959, lo cual explica por qué las estanterías de artistas como Beyonce, Adele, Kanye West, Paul McCartney, Taylor Swift y Ricky Martin, están forradas con gramófonos dorados.

El Grammy original era con una manivela soldada y base de nogal, fue creada en 1958 por el artesano Bob Graves, de la Academia de Grabación (Recording Academy). En 1963 integró la manivela y la hizo estática después de que muchos ganadores entusiasmados la rompieran accidentalmente.

El aprendiz de Graves, John Billings, tomó su lugar en 1986, cuando murió, y modificó de nuevo la estatua en 1991. Eliminó la manivela, cambió la base al color negro y la hizo 30% más grande. Ahora están hechos con una aleación llamada Grammium y bañados en oro de 24 quilates. Billings y su equipo en Colorado hacen Grammys todo el año, entre 300 y 350, y tardan 15 horas en producirse.

El Globo de Oro
Altura: 11.5 pulgadas
Peso: 3.5 kg

La industria del entretenimiento brilla cada año en el Beverly Hilton Hotel con estos premios de enero que galardonan lo mejor de las series de televisión, cine, y a quienes las hacen. Los premios comenzaron en 1944 y son repartidos por la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood de 90 personas, según la revista People.

A partir del 2019, este programa premia a los ganadores con el más llamativo trofeo, pues es dorado y está coronado con un globo terráqueo rodeado por una cinta de película. Esta nueva versión del 2019 reemplaza la base de mármol presentada en el 2009, por una cilíndrica y metálica. Es también 2.3 libras más pesada y .75 pulgadas más grande, de acuerdo al Hollywood Reporter.

La persona más joven en ganar un globo de oro fue Ricky Schorder de nueve años, en 1980, por The Champ, mientras que el más viejo fue el compositor Ennio Morricone, cuya música de Hateful Eight ganó como mejor composición musical en el 2016.




¿Por qué nos cuesta tanto pedir ayuda?

Quien no se haya visto en apuros alguna vez es que o ha vivido en una torre de marfil donde todos sus deseos son órdenes o es un niño de papá al que siempre le han sacado las castañas del fuego. O ambas cosas (basta echar un vistazo por ahí fuera para saber de qué estamos hablando).

Lo cierto es que todos, en alguna ocasión, nos hemos visto superados por algún problema u obstáculo y hemos necesitado pedir ayuda. Pero eso es una cosa, necesitarla, y otra muy distinta, pedirla. Y no siempre es una cuestión de orgullo, sino también de miedo al rechazo, al «no» por respuesta.

«Pedir ayuda supone aceptar que tenemos un problema, aceptar que somos limitados para encontrar solución a ese problema», comenta Marta Sanz Ramos, psicóloga en Quirón Prevención.

«Pedir ayuda nos expone a los demás. Nos hace cuestionarnos si la imagen que damos se corresponde con la que siento que soy. Nos hace sentir miedo a no ser aceptados cuando descubran que no somos lo que hemos proyectado. Miedo a que nos nieguen la ayuda. Miedo a sentir vergüenza ante ese miedo. Miedo a ser juzgados… Pero es un miedo aprendido, no es adaptativo. Es un miedo patológico».

Es decir, el problema está en nosotros, no en los demás. En esta idea redunda también un estudio de 2008 realizado en la Cornell University ILR School de Ithaca, Nueva York tal y como cuenta Tim Herrera en un artículo para The New York Times. La conclusión del mismo es que muchos individuos «subestiman hasta en un 50% la probabilidad de que otros accedan a una petición directa de ayuda». Es decir, que todo está en nuestra cabeza.

«En el fondo todo se reduce a lo que en terapia llamamos creencias irracionales o pensamientos distorsionados», explica Sanz. «El autor de esta teoría, Terapia Racional Emotiva (TRE) fue A. Ellis y empezó a utilizarla en 1955». Son pensamientos del tipo «Nadie puede ayudarme», «Si no puedo yo, otros tampoco», «Si se lo cuento, pensará que soy un inútil, un débil…». Y la mala noticia es que están presentes en la vida de cualquier ser humano.

Pero Sanz especifica sobre esto: son «aprendidos (no heredados) de nuestro entorno más próximo: el familiar. Escuchados y vividos hasta que uno llega a interiorizarlos y los hace suyos. Como una creencia. Por eso se llaman creencias irracionales. Al final, el peso cultural, social, familiar… es el que marca (casi mucho más que el genético) nuestra forma de ser, de comportarnos».

Silvia Escribano es coach de alta dirección, speaker en TEDx Gran Vía y socia de Isavia Consultores. Entre sus retos diarios, está el de tratar de ayudar a las personas a superar sus miedos e inseguridades para conseguir el éxito profesional. Y coincide con Marta Sanz en que, en realidad, esos miedos solo existen en nuestra cabeza: «Tenemos la creencia de que pedir ayuda es un signo de debilidad. Pero eso es simplemente una creencia que yo no comparto», explica Escribano. «Es algo que vengo observando en las empresas y se da, sobre todo, en determinadas posiciones. A mayor nivel jerárquico, la predisposición a pedir es menor. ¿Por qué? Porque no nos permitimos que el otro piense que no sé algo».

En opinión de la coach, en realidad se trata de todo lo contario. «Cuando tú haces una petición de ayuda y la haces con respeto, la haces clara y concreta, al final, lo que le estás diciendo al otro de alguna manera es que le muestras tu respeto porque tú sientes que hay algo que él tiene o que él sabe y que tú no tienes. Y además se generan unos vínculos humanos muy bonitos entre compañeros cuando eres capaz de pedir. Le estás otorgando al otro una autoridad en eso por lo que le preguntas».

Las redes sociales y la comunicación digital, paradójicamente, tampoco ayudan en este terreno. Es verdad que aparentemente estamos más conectados, que hablamos más con otros y que, aparentemente son un facilitador, pero para la psicóloga Marta Sanz se trata, en realidad, de una desvirtualización de la comunicación.

«Es una comunicación mucho más superficial y mucho más banal. Eso no es comunicarse. Comunicarse es estar cara a cara, mirarte a los ojos y ver la corporalidad de la persona cuando habla y cuando escucha. La comunicación son muchas cosas más».

Esto afecta también a la hora de pedir ayuda. Es verdad que todos pedimos favores y que lo hacemos a través de wasaps, pero Sanz insiste: la forma en la que tú pides ayuda o la forma en la que tú la das o crees entender que tienes que darla está descontextualizada.


¿Por qué es tan difícil pedir ayuda?
El miedo yace en el fondo de esta cuestión. Al temor a ser considerados incapaces, de que puedan pensar que no somos válidos, para Silvia Escribano se une también otro tipo de miedo: el horror a creerte en deuda con el otro. «Es un poco esa medición que hacemos de las relaciones de que yo doy y de que, en función de lo que doy, recibo. Esa sensación es algo que no tenemos muy bien gestionado en general».

Secretos para tener una mente más aguda

Quieres ser más brillante que una centella y más veloz que una bala? Afila tu mente con el poder de las palabras, el lenguaje y la mnemotecnia.

Cómo mejorar tu memoria
En una era en la que el refrigerador puede ayudarte a hacer la lista de compras y tu teléfono es capaz de contestar casi cualquier pregunta, ya no hay nada de lo que necesites acordarte. Esto hace que las hazañas que conquistan los campeones de la memoria —aquellos que recuerdan cientos de nombres y rostros, secuencias de números o palabras aleatorias, o el orden de múltiples mazos de cartas— parezcan más superhumanas que nunca.

Pero he aquí un pequeño secreto de estos dotados de la retención: un estudio publicado hace poco en la revista Neuron detalla que los supermemorizadores no tienen regiones cerebrales especialmente grandes que les permitan absorber y evocar enormes cantidades de información. Sus estructuras cerebrales son, en esencia, idénticas a las de todos.

Al comparar las imágenes cerebrales de 23 campeones de memoria (que habían quedado entre los 50 mejores en el Campeonato Mundial de Memoria) con los de 23 personas comunes de la misma edad, género y cociente intelectual, los científicos solo hallaron una diferencia: en el cerebro de estos, las regiones asociadas con el aprendizaje visual y espacial y la memoria se encendían siguiendo un patrón específico; en el de la gente común, se activaban de forma distinta.

¿Por qué es esto relevante?
Porque aprendemos viendo, y entre más vemos, mejor recordamos las cosas. Esta gente ha perfeccionado un método para convertir los objetos que quiere recordar (números, rostros, cartas y hasta formas abstractas) en imágenes que “ve” mentalmente. Es un proceso conocido como “construir un palacio de la memoria”.

Funciona así: primero, debes transformar los objetivos en una imagen (algo que puedas recordar). Por ejemplo, para retener una secuencia de naipes, Ed Cooke (reconocido como el Gran Maestro de la Memoria por el Consejo Mundial de Deportes de Memoria) le dijo al escritor estadounidense Tim Ferriss que a cada carta le asigna una celebridad, una acción y un objeto; cada tercia de naipes forma una imagen única con la celebridad de la primera carta, la acción de la segunda y el objeto de la tercera.

Entonces, “jota de espadas, seis de espadas y as de diamantes” se convierten en “el Dalai Lama usando el vestido de carne de Lady Gaga y sosteniendo el balón de Michael Jordan”. El fundamento del sistema de Cooke es que memorizas mejor usando pistas inusuales, no mundanas.

Después, coloca mentalmente la imagen en algún lugar que te resulte familiar: en tu casa o en algún punto de tu trayecto diario, por ejemplo. Por último, crea una historia sobre los objetos, lo cual te ayudará a conectarlos en el orden correcto.

He aquí algunos de nuestros trucos favoritos que pueden servirte para recordar cosas en la vida diaria.

Recordar: Palabras nuevas – Técnica: Cambia tu rutina
En un estudio conducido en la Universidad de Michigan en los años 70, un grupo de estudiantes repasó una lista de palabras en dos sesiones distintas. Algunos lo hicieron en una habitación pequeña y desordenada; otros en un espacio con dos ventanas y un vidrio de visión unilateral.

Un grupo de estudiantes pasó ambas sesiones en la misma sala, mientras que el otro cambió de habitación. Durante una prueba realizada en una pieza completamente distinta, aquellos que estudiaron en lugares diferentes recordaron 53 por ciento más que los que lo hicieron en uno solo.

Investigaciones posteriores revelaron que variar otros aspectos del entorno (la hora, la música de fondo, estar sentado o de pie, etcétera) también podría ayudarte a memorizar. La teoría es que el cerebro une las palabras (o lo que sea que estés aprendiendo) con lo que hay a tu alrededor, y entre más señales contextuales asocies con las palabras, más recursos tendrá el cerebro al tratar de recordar.

Recordar: Tu PIN – Técnica: Cuenta las letras
Sí, puedes usar la fecha de tu cumpleaños o tu número telefónico, pero los ladrones de identidad son capaces de obtener esa información. Mejor intenta poner en práctica este consejo de Dominic O’Brien, el ocho veces campeón mundial de memoria.

Haz una oración de cuatro palabras, luego cuenta el número de letras de cada una. Por ejemplo, “Este es mi PIN” se traduce en 4223.

Recordar: Hechos y cifras – Técnica: Tómate tu tiempo
Quemarse las pestañas no es la mejor forma de retener. Para recordar estadísticas (o cualquier información objetiva), es mejor revisar el material periódicamente durante más tiempo que repasarlo en un periodo corto.

La técnica data de 1885, cuando el psicólogo Hermann Ebbinghaus descubrió que podía aprenderse una lista de palabras sin sentido si las repetía 68 veces en un día y siete más uno antes de la prueba, pero lograba lo mismo si las repetía 38 veces durante los tres días previos.

Investigaciones recientes han establecido los intervalos óptimos para estudiar. Si tu examen es en una semana, repasa hoy y repite en un día o dos. Si es dentro de un mes, empieza hoy y espera una semana antes de la segunda sesión. ¿Es en tres meses? Entonces espera tres semanas para regresar al libro.

Entre más distante sea la fecha de la prueba, mayor es el intervalo óptimo entre las dos primeras sesiones. (También repasa antes del examen.)

Recordar: Un nuevo idioma – Técnica: Lee y escucha
En un estudio hecho por la Universidad de Puerto Rico, 137 pupilos de habla hispana estaban separados en dos grupos. Durante ocho semanas, un grupo leyó un libro en inglés al mismo tiempo que escuchaba el audiolibro; el otro grupo solo hizo lo primero.

Cada semana, se les realizaba una prueba. El primer grupo obtuvo mejores resultados en las ocho pruebas, superando al que solo leyó.

Recordar: Rostros – Técnica: Enfócate en la narizAunque algunos supermemorizadores se especializan en asociar nombres con rostros (una disciplina del Campeonato Mundial de Memoria), la técnica del palacio de la memoria no funciona tan bien si el retrato está recortado, retocado o alterado.

Recordar rostros y reconocerlos en diferentes contextos puede ser una habilidad especial que muchos estudios relacionan con la personalidad: los extrovertidos son mejores para reconocer rostros que los introvertidos, por ejemplo.

Un truco: en lugar de enfocarte en los ojos, como la mayoría de la gente, fíjate en el centro o en la parte izquierda de la nariz. La teoría es que esto nos permite ver todo el rostro al mismo tiempo.

Recordar: Las compras – Técnica: Involucra al cuerpo
¿Escribiste una lista y… la perdiste? Usa esta variación del palacio de la memoria: imagina los objetos que necesitas en diferentes partes del cuerpo. Por ejemplo, imagina balancear un paquete de queso sobre la cabeza, una caja de huevo en la nariz y una botella de leche sobre los hombros.





Carla no es Carla, es Carlos (Cuento infantil trans)

El sexo y el género son conceptos diferentes. El primero se refiere a lo biológico y principalmente se relaciona con los genitales. La identidad de género es aquello de lo que uno se siente parte, de acuerdo a factores que considera propios, como la ropa, el peinado, el nombre o los juegos que quiere jugar. Cada vez se conocen más casos de niños y niñas trans, es decir, casos en los que el sexo y el género no coinciden.


En algunas comunidades existen protocolos de identidad de género en los colegios que ayudan a saber cómo actuar en determinadas situaciones que rodean esta realidad, como qué baños o vestuarios debe utilizar un niño o niña trans, pero no existe material didáctico alguno que ayude a normalizar esta realidad desde los centros educativos.

La docente Alba Alonso, amante de la literatura infantil, tenía claro que la mejor forma de hacerlo sería a través de un cuento para niños; y como no existía, decidió escribirlo ella. Así nace Carla no es Carla, sino Carlos.


«Este cuento explica de manera sencilla la situación de un bebé al que asignan el sexo de niña al nacer según sus genitales, pero a los pocos años les dice a sus padres que no es una niña, sino un niño», explica Alonso. «En su cole no lo entienden y se meten mucho con él, pero gracias al apoyo de una amiga y un maestro que habla con los padres y madres del cole, Carla por fin puede ser Carlos ante los demás también».


La creación de Carla no es Carla, sino Carlos se integra dentro de un proyecto mucho más grande llamado Realkiddys que lucha por la igualdad de género desde la propia infancia. «En Realkiddys hablamos y trabajamos sobre igualdad, coeducación, estereotipos de género, mundo trans, bullying de género, violencia de género… Muchos y muy diversos campos, pero todos bajo un mismo paraguas que busca conseguir la igualdad», asegura Alba Alonso.

Aunque el libro está escrito e ilustrado, todavía no ha sido publicado. En un intento de lograr la mayor involucraron posible de la ciudadanía, la autora ha optado por el crowdfunding en la plataforma ulule para conseguir la financiación necesaria. De lograrlo, Alonso quiere que niños y niñas trans de toda España sean los encargados de leer el libro en el acto de presentación.

«Al final, el objetivo es aprovechar la valentía de los que han dado el paso para ayudar a que otros niños que se encuentran en esta situación se animen a hablar de ello», señala Alba Alonso.




¿Por qué nos hemos vuelto infieles?

Mucha gente está convencida de que la fidelidad es un hecho que procede de la noche de los tiempos y que siempre permanecerá tal como la conocemos.

Pero ninguna de las dos cosas es cierta. En la horda primitiva, la fidelidad era inexistente. Los humanos de entonces aún desconocían la relación entre el sexo y la reproducción, por lo que este se mantenía de forma abierta e indiscriminada. Tanto es así que el tabú del incesto funcionaba tan solo por línea materna. Los hijos no podían acostase con su madre, pero sí las hijas con los padres, dada la ignorancia sobre el papel que estos últimos jugaban en el embarazo.

Una pauta ancestral y extinta, pero que en alguna medida permanece recluida en ciertas religiones. Los judíos, por ejemplo, reconocen como tales a los hijos maternos, pero no a los paternos.

La fidelidad llegó con el cambio de modelo económico. Al pasar de la caza a la agricultura (es decir, de la horda a la tribu) apareció un hecho nuevo en la humanidad: la propiedad privada. Y con ella, la necesidad de legar dicha propiedad (el hacha, el arado, la vaca) a los descendientes. Pero para tener la seguridad de que estos realmente lo eran hubo que inventar la fidelidad.

La fidelidad trajo el patriarcado, las religiones monoteístas, el matrimonio, los celos, el castigo… Un mundo lleno de nuevos patrones, valores y consecuencias.

Pero su existencia a través de los siglos ha sufrido muchas alteraciones. Con la acumulación del capital en términos de tierras, súbditos u otras propiedades, el matrimonio se convirtió, en manos de los poderosos, en una herramienta de negociación para perpetuar la riqueza. En esos casos, la fidelidad no resultaba imprescindible, siempre y cuando su inobservancia no fuera explícita.

Fue en el siglo XIX, con la aparición del amor romántico, cuando la fidelidad vivió su apogeo. Por primera vez sacerdotes, poetas, doncellas y gobernantes encontraron en la fidelidad un modelo de confluencia pese a sus distintos intereses.

Esto es algo que ha permanecido así durante casi todo el siglo pasado, traspasando las relaciones personales y alcanzando incluso las puramente comerciales.


Con la revolución industrial las personas, convertidas ya en consumidores, comenzaron a ser fieles a determinadas marcas. En un estudio realizado hace algunos años por la agencia de publicidad Leo Burnett, y bajo el título From buyers to belivers, se demostró que los fieles a una marca eran un 80% más rentables que los compradores esporádicos. Es decir, que la fidelidad era negocio.

Esa es la razón por la que las marcas se lanzaron a realizar campañas emocionales con el fin de seducir al consumidor y mantenerle fiel, tal y como antaño lo hicieran los trovadores con sus versos y sus vihuelas.

Para las marcas, el gran instrumento fue la televisión. Al contar con la palabra, la imagen y la música, este medio resultó ideal para enamorar a un consumidor deseoso de encontrar pareja en cada categoría de productos.

Pero con la llegada de internet, este statu quo se desmoronó por completo. La bidireccionalidad de los mensajes, la sobreinformación y la relación horizontal entre consumidores y marcas resultó un duro golpe para estas últimas. Perdieron el omnímodo poder de la fidelidad y muchas de ellas se encuentran aún preguntándose cómo encontrar alternativas.

Y lo que le ha pasado al consumidor con las marcas le está sucediendo también a las personas con las parejas. Esa misma bidireccionalidad, sobreinformación y relación horizontal está consumiendo el modelo patriarcal que utilizaba la fidelidad en su propio y exclusivo beneficio.

La consecuencia es que la palabra fidelidad está buscando una nueva definición que se ajuste al presente. Tal vez se trate de la polifidelidad (tal como se habla del poliamor). O quizá se encuentre en otras formas de relación satisfactoria. Pero lo que es cierto es que la fidelidad indivisa, tal como sobrevivió (y no sin dificultades) durante el pasado siglo, tiene los días contados.





Esto es lo más sucio en una mesa de restaurante

¿Adivina qué no hay que tocar la próxima vez que comas fuera de casa? Esto es lo que puedes hacer en tu próxima salida a un restaurante.


Sabes que la cocina en casa está limpia, pero ¿qué hay de las mesas cuando comes fuera? ABC News salió a descubrir qué cosas en la mesa de un restaurante son las más sucias, y las respuestas realmente nos sorprendieron.

Esto es lo que descubrió
Investigadores de la Universidad de Arizona se unieron al equipo de ABC para limpiar y remover gérmenes de algunos objetos de mesa en los restaurantes, incluyendo el salero, el pimentero, ketchup, menús y azúcar.

Los descubrimientos de la investigación podrían sorprenderte, pero de hecho, tienen sentido. Estos son los más sucios:

  • El azúcar registró el promedio más bajo de bacterias, con 2,300 organismos.
  • La mostaza, ketchup, y la sal, están en un promedio medio.
  • El pimentero es el segundo más alto de la lista, con casi 11,600 organismos.
  • Los menús encabezan la lista con la grandísima cantidad de 185,000 organismos bacterianos.

¿Por qué estos objetos están tan sucios?
Si piensas en la cantidad de menús que pasan de mano en mano, desde el puesto de la anfitriona hasta toda la gente que lo ve en sus mesas, tiene sentido. El Dr. Chuck Gerba de la Universidad de Arizona explica a ABC, “probablemente hay cien veces más bacterias en un menú, de la que hay en un típico asiento de baño”. ¡Qué asco!

¿Cómo podemos protegernos?
Adelante, toca el menú, pero despúes querrás lavarte las manos. Regularmente lavarnos las manos es una de las mejores maneras de eliminar potencialmente microorganismos.





Cuando los escoceses decidieron vivir en casas sin ventanas

¿Qué hay más inquietante que una ventana cegada? Son como unos ojos cerrados: podría ser que estuvieran durmiendo o… muertos. También nos transmite otra idea: pensamos que el huésped de esa casa ha sido emparedado o que es mejor que no veamos cómo es, cómo vive, qué cara pone cuando nos observa.

O tal vez se trata de un eremita tan concienzudo que no quiere volver al exterior, como quien desconecta la antena del televisor o el router de internet.

También una ventana cegada o tapiada transmite el mensaje de que se está tratando de contener el Mal, así en mayúsculas, como si fuera la mansión de Hill House o cualquier otra casa encantada. Largaos, huid lejos de esta entidad ectoplasmática que os quiere devorar el alma.

Con todo, Inglaterra, y sobre todo Escocia, están plagadas de ventanas cegadas por otro motivo mucho más pueril.

Una forma de calcular la riqueza
Las razones por las cuales el paisaje urbano presenta el aspecto actual son, en parte, caprichosas. Por ejemplo, los adoquines de las aceras de Lisboa, el célebre empedrado portugués, son como son de resultas de un terremoto que tuvo lugar en 1755.

Porque estos adoquines son los escombros de los edificios venidos abajo para así abaratar los costes de la reconstrucción de la ciudad. Y las icónicas escalinatas que hay para acceder a la puerta principal de muchas viviendas de Nueva York y otras ciudades se deben al exceso de excrementos que producían los caballos en el siglo XIX, el principal medio de transporte de la época. Para evitar la entrada de excrementos en casa era más apropiado evitar instalar la puerta de entrada a ras de suelo.

Lo mismo sucede cuando echamos un vistazo a las ventanas cegadas que proliferan en Inglaterra y Gales. Su existencia no se debe a algún heterodoxo estilo arquitectónico o algún ritual para repeler a los malos espíritus, sino única y exclusivamente a la picaresca. Y al hecho de que la arquitectura también responde a los incentivos fiscales.

En 1696, el rey Guillermo III introdujo una singular forma de calcular cuál sería el impuesto extra que debía pagar cada ciudadano a fin de sufragar los conflictos bélicos en los que estaba involucrado el reino y que vaciaba sus arcas a una velocidad alarmante.

Dado que entrevistar uno por a uno a todo el mundo para descubrir cuál era su patrimonio era un ímprobo trabajo y podía ser objeto de engaños diversos, y que estaba prohibida por ley la intrusión gubernamental en los asuntos privados, incluyendo las rentas, se pensó que una forma fácil de determinar la riqueza de una persona era contar el número de ventanas que tenía su hogar.

La lógica era simple: si tu casa tenía muchas ventanas es que tenías una casa grande, y si tenías una casa grande, es que eras más rico. De esta forma, un recaudador de impuestos podía pasar por delante de un inmueble, dedicar dos minutos a contar las ventanas y determinar el impuesto pertinente.

Como explica Eduardo Porter en su libro Todo tiene un precio, «los hogares que tenían hasta diez ventanas pagaban dos chelines. Las propiedades que tenían entre diez y veinte ventanas pagaban cuatro chelines y las que tenían más de veinte pagaban ocho».

Aire y luz
El impuesto a la ventana (window tax) representó una suma sustancial para la mayoría de las familias. En Londres, osciló entre aproximadamente el 30% de los alquileres de «casas más pequeñas en Baker Street» y de 40% a 50% en otras calles. Además era bastante injusto: muchas personas pobres vivían en bloques de viviendas que tenían muchas ventanas.

El mismo Adam Smith, en el que se considera el primer libro moderno de economía, La riqueza de las naciones, señalaba: «Una casa de 10 libras de alquiler en una población rural puede tener más ventanas que una casa de 500 libras de alquiler en Londres».

Sin embargo, cuanto más fácil sea el mecanismo por el que se establece el pago de un impuesto, más sencillo es sortearlo. Por ejemplo, cuando el gobierno australiano anunció en mayo de 2004 que pagaría 3.000 dólares a cada niño nacido después del 1 de julio para paliar la baja tasa de nacimientos, estos disminuyeron durante todo junio; y el 1 de julio Australia experimentó más nacimientos en un solo día que en las tres décadas anteriores.

Una estrategia similar afloró en toda Inglaterra: la gente empezó a tapiar o cegar sus ventanas para que el recaudador de impuestos no las contabilizara y así pagar menos. Si para fingir que uno es más pobre de lo que es solo es necesario tapar una ventana, ¿por qué no hacerlo?

No era solo que los ciudadanos quisieran pagar menos impuestos, sino que este resultaba impopular: parecía más bien un impuesto a la luz y al aire. ¿Qué pasaba si tenías una casa grande, pero que te gustaba muy bien iluminada y aireada? De hecho, las malas condiciones sanitarias derivadas de la falta de una ventilación apropiada y aire fresco fomentaron la propagación de numerosas enfermedades, entre las que se encontraron la gangrena y el tifus.

«El adagio ‘free as air’ se ha vuelto obsoleto por la Ley del Parlamento», dijo Charles Dickens en 1850. «Ni el aire ni la luz han estado libres desde la imposición del impuesto a la ventana. Estamos obligados a pagar por lo que la naturaleza proporciona abundantemente a todos». Afortunadamente, en julio de 1851, tras años de protestas, el impuesto fue derogado.

En ciudades como Edimburgo, esta práctica fue tan generalizada que, de repente, todo el paisaje urbano se llenó de ventanas cegadas. Ello se debe a que aquí llegó más tarde el impuesto, en 1784, pero su impulsor, William Pitt, lo triplicó.

Incluso algunos edificios empezaron a construirse con la planta superior carente de toda ventana, a modo de mazmorra elevada. Una demostración arquitectónica y muy gráfica de cómo un pequeño gesto puede tener repercusiones en la evaluación de costos y beneficios de toda la sociedad.

Actualmente, las zonas abandonadas tras el bum inmobiliario también nos ofrecen un paisaje de ventanas tapiadas. También la de algunos barrios deprimidos. O esos edificios okupados. Todas esas ventanas no existen por un impuesto. O quizá sí. De otra clase. Es lo que nos permite contemplar una ventana, irónicamente tapiada: cómo funciona la economía, los incentivos sociales y la naturaleza humana.





5 signos de enfermedades que se ven en tu cara

Cuando los doctores hablan con sus pacientes mirándolos a los ojos, no es sólo para crear una buena relación. Algunos rasgos faciales pueden revelar pistas vitales sobre condiciones de salud. Le pedimos a doctores de todo el país que compartieran con nosotros qué es lo que ven mientras examinan a sus pacientes.


Lo más importante que aprendimos: Preocúpate más cuando tu apariencia cambie. Si los síntomas son nuevos, dile a tu médico.

Exceso de vello facial
El pelo que no te gusta, especialmente el que delinea la quijada, barbilla y el labio superior, puede ser un síntoma del síndrome de ovario poliquístico, un desbalance hormonal en el que los niveles de hormonas masculinas están elevados. Esta condición afecta a cinco millones de mujeres americanas en edad fértil.

Suaves puntos amarillos en los párpados
Pacientes con estas lesiones por colesterol, llamada xantelasma, corren mayor riesgo de enfermedades del corazón. Un estudio danés del 2011 en casi 13,000 pacientes, reveló que el 4% tienen estos puntos y de ellos el 70% son más propensos a desarrollar endurecimiento de arterias y casi el 50% podría tener un ataque al corazón en las próximas décadas a comparación de pacientes que no los tienen.

Asimetría facial
Este puede ser uno de los primeros signos de embolia, dice Leana Wen, un médico de emergencias en la Universidad George Washington y coautora de When Doctors Don’t Listen: How to Avoid Misdiagnoses and Unnecessary Test. “Normalmente los pacientes lo describirían de este modo: “Me veo al espejo, y mi cara luce diferente””.

También podrías notar entumecimiento en un lado de la cara o sentir como si no pudieras sonreír completamente. Igualmente podrías tener problemas para hablar.

Erupciones y manchas
Ciertos problemas digestivos pueden reflejarse en tu piel, dice el Dr. Raj, cofundador de la compañía para el cuidado de la piel TULA. Picazón en puntos rojos puede indicar enfermedad celiaca, un desorden autoinmune en donde el cuerpo reacciona al gluten. Una mancha con forma de mariposa en las mejillas y sobre el puente de la nariz, suele ser síntoma de lupus, otra enfermedad autoinmune. Alergias, eccema y rosácea, y algunas infecciones pueden proyectar manchas faciales.

Pérdida de pelo
Perder tus cejas o pestañas es un signo de alopecia areata. Este desorden autoinmune causa que tu sistema ataque los folículos pilosos, y en algunos casos se origina por estrés extremo. Hay tratamientos disponibles, sin embargo, no existe una cura.