Páginas

domingo, 10 de marzo de 2019

Humor arrancado







Hipnótica y variada selección de GIFS (153)







Así "ven" a la tierra, los satélites

La NASA acaba de publicar un nuevo libro titulado 'Tierra', que integran una colección de dramáticas imágenes capturadas por satélites. Desde un campo de lava en Islandia hasta el helado paisaje patagónico de Sudamérica, estas impresionantes fotos nos muestran con toda su crudeza la atmósfera, el agua, la tierra, el hielo y la nieve de nuestro planeta. Utilizando diversas fuentes, incluida la EEI y el satélite Earth Observing-1, la Agencia Espacial ha seleccionado 69 imágenes más impactantes.
La costa sur de Perú.

El estrecho de Bering.

Islandia. 

El río Mania, Madagascar. 

La bahía Rupert Bay, Canadá. 

La bahía de Ulbanskiy, Rusia. 

Las islas de las Bahamas. 

Diversas técnicas forenses para atrapar a los criminales

Botánico forense
En 1932 Bruno Hauptmann apoyó una escalera contra la casa de Charles Lindbergh, subió hasta una ventana del cuarto del hijo del aviador, de 20 meses de edad, y lo raptó. Cuando Hauptmann fue arrestado y llevado a juicio, la botánica forense ayudó a demostrar que era culpable.

Arthur Koehler, un dendrotecnólogo, descubrió que uno de los largueros de la escalera había sido parte de un piso, y luego, guiado por la veta de la madera, comprobó que el larguero había pertenecido al piso del desván de la casa de Hauptmann.

Desde entonces los botánicos han usado polen (que se adhiere a la ropa y al cabello) para vincular sospechosos de delitos con muestras de tierra y plantas a fin de determinar cuándo se cavaron tumbas anónimas, y filamentos de algas para identificar dónde murieron víctimas de ahogamiento.

Así que jamás se te ocurra hacer algo indebido junto a un árbol: es un soplón.

Lingüista forense
Desde modos de pronunciar y faltas de ortografía hasta palabras usadas repetidas veces, los patrones de lenguaje que una persona exhibe mientras se comunica con otras son tan distintivos como el timbre de su voz.

Esto constituye una prueba muy relevante durante la investigación de un delito. Aunque la lingüística forense surgió a finales de los años 60, no se popularizó en Estados Unidos hasta mediados de los 90, cuando el lingüista del FBI James Fitzgerald andaba a la caza del Unabomber, un filósofo que había matado a tres personas y causado lesiones a unas 20 más mediante el envío por correo de cartas bomba.

Fitzgerald creía que la publicación del “manifiesto” del Unabomber ayudaría a atraparlo, y así fue. Varias personas, entre ellas el hermano y la cuñada del filósofo, reconocieron su estilo de escritura y lo delataron. Pronto, Ted Kaczynski estaba tras las rejas.

Contador forense
Algunos investigadores policiacos llevan armas consigo; otros, calculadoras de bolsillo. Después de todo, cuando el FBI fue fundado, en 1908, 12 de sus 34 investigadores originales eran examinadores bancarios.

En la actualidad, alrededor de 15 por ciento de los agentes especiales del FBI son contadores, y miles más se encuentran diseminados en otras dependencias del gobierno de Estados Unidos y en los departamentos de policía de todas las regiones de ese país.

¿Para qué tantos expertos en números? La razón es sencilla: la mayoría de los delitos giran en torno a un motivo: el dinero. Los contadores forenses colaboran con la policía en diversos casos, entre ellos fraudes, lavado de dinero, reclamaciones de seguros y malversación de fondos.

Por lo general buscan dinero en cuentas bancarias ocultas, y en una ocasión memorable exhibieron a O. J. Simpson [ex jugador de futbol americano], quien aseguraba ser demasiado pobre para hacer frente a una demanda civil en 1997, pero que en realidad tenía millones de dólares.

Los contadores incluso ayudaron a meter a la cárcel al famoso gánster Al Capone. ¿Su delito? Evasión de impuestos.

Astrónomo forense
Los cuerpos celestes (sobre todo la Luna y el Sol) han estado presentes en los tribunales durante décadas.

Cuando Abraham Lincoln era abogado, defendió con éxito a un cliente acusado de homicidio: consiguió determinar la posición de la Luna en la noche del crimen, y de esa manera refutó el testimonio del principal testigo de la fiscalía.

Sin embargo, la mayoría de los astrónomos forenses trabajan para los museos, no para los abogados. Algunos, como Donald Olson, de la Universidad Estatal de Texas, ayudan a los historiadores del arte a determinar cuándo fue pintado un cuadro con escenas de la naturaleza.

Al comparar detalles de la obra de arte con datos históricos sobre el estado del tiempo y las estrellas, Olson ha logrado fechar cuadros de artistas tan diversos como Claude Monet y Ansel Adams.

Sus pesquisas incluso han confirmado la leyenda de que Mary Shelley se inspiró en la Luna para escribir su novela Frankenstein (por cierto, esa noche la Luna estaba en fase de gibosa creciente).

Optometrista forense
Para un optometrista diagnosticar astigmatismo o glaucoma es cosa de todos los días. ¿Y atrapar a un asesino? No tanto.

Sin embargo, cuando los criminales olvidan sus anteojos en el lugar del delito, el optometrista tiene la oportunidad de convertirse en un héroe. Eso es lo que Graham Strong hizo a lo largo de 20 años.

Hoy día jubilado, este hombre empezó a trabajar como optometrista forense en 1989, después de que unos investigadores policiacos encontraron unos lentes bajo el cuerpo de una víctima de homicidio.

Cuando más tarde descubrieron en una vieja ficha policial que un sujeto sospechoso usaba unos lentes muy parecidos, le pidieron a Strong que confirmara si eran los mismos. “Tras hacer más de 20 mediciones, concluyó que los anteojos hallados en el sitio del crimen eran idénticos a los de la ficha”, recuerda.

Esta evidencia llevó a una condena por homicidio premeditado. Incluso el fragmento más pequeño de una lente rota puede revelar la graduación —y la identidad— de un delincuente.






8 difundidas estafas telefónicas

1. Afortunado ganador
¡Felicidades! Acabas de ganar un viaje. O 1 millón de pesos. Si parece demasiado bueno para ser real, quizá sea falso. “En una lotería o sorteo auténtico, tienes que entrar al concurso de alguna manera”, afirma Eva Velasquez, directora y presidenta del Centro de Recursos contra el Robo de Identidad de Estados Unidos.

“Si ‘ganas’ una rifa en la que no participaste, sobre todo si es un premio grande, probablemente se trate de una estafa”.

2. Captación de donativos
Cuando las organizaciones de caridad, partidos políticos o cabilderos soliciten donaciones por teléfono, muestra un escepticismo razonable. “Algunas solicitudes serán legítimas. Muchas no”, dice Adam Levin, fundador de CyberScout, compañía internacional de protección de identidad y servicios de seguridad de datos, y autor de un libro sobre el tema.

“Sé algo tajante y di: ‘Envíeme más información’”. Si simpatizas con la causa, indaga en Internet para averiguar si la entidad a nombre de la que se te está contactando es real o no.

3. Soporte técnico
Si te llama alguien que dice ser de Microsoft, Apple u otra compañía tecnológica para saber si has tenido problemas con tu computadora, di que no y cuelga. “Nadie está al pendiente de si tu equipo tiene un virus”, explica Velasquez. Los estafadores no arreglarán el problema, solo lo empeorarán, puntualiza John Sileo, experto en seguridad informática.

4. “¿Me escuchas?”
Si contestas el teléfono y la persona que está al otro lado inicia la conversación preguntando “¿Me escuchas?”, detente un segundo. Un estafador podría estar capturando tu voz para usarla después en un pedido por teléfono a tu nombre con tu “Sí” grabado, confirmando que has aceptado la compra falsa.

Aunque la llamada parezca ser de alguien que conoces, y solo para estar seguro, cambia tu respuesta por: “Te escucho sin problemas”, sugiere Velasquez.

5. Imitadores del Fisco
Si alguien te contacta diciendo que es del fisco para cobrarte impuestos y te amenaza con mandar a la policía si no pagas en el momento, ¡cuelga! “La primera forma en la que Hacienda se pondrá en contacto contigo es por correo, con una carta membretada”, dice Sileo. El fisco nunca te pedirá dinero de inmediato a través del teléfono.

6. “Hablamos del banco”
Quizá el fisco no te llame, pero tal vez el banco sí lo haga. Si alguien que dice ser empleado del banco en el que tienes tus cuentas habla para pedirte que confirmes si tus transacciones son legítimas, responder “sí” o “no” está dentro de las normas de seguridad. Pero no proporciones más información, recomienda Levin.

Después, para verificar si el acercamiento fue oficial, “ve el reverso de tu tarjeta de crédito, marca al número de atención a clientes y pregunta si ellos te acaban de telefonear”, aconseja el experto.

7. Un tono
¿Alguna vez has corrido a contestar, solo para darte cuenta de que quien marca cuelga después de un tono? No dejes que la curiosidad saque lo mejor de ti y abstente de devolver la llamada, aunque el número te parezca familiar.

Los sistemas automatizados pueden copiar códigos locales o nombres de organizaciones específicas. Devolver la llamada verifica que tu número pertenece a una persona real, puntualiza Velasquez. Si lo haces, corres el riesgo de que los estafadores molesten de nuevo.

8. Secuestro virtual
Una llamada de un supuesto secuestrador que asegura tener a uno de tus seres queridos es horrible, pero no te precipites a pagar un rescate. Los estafadores que se aprovechan del miedo son actores desalmados y hasta podrían hacer que alguien esté gritando en el fondo.

Tienes que ser muy incrédulo si quien llama intenta mantenerte en la línea para asegurarse de que tengas el efectivo. “La regla general con los secuestradores de verdad es que quieren colgar el teléfono lo más pronto posible para evitar que los capturen”, asegura Levin.






9 mitos sobre la comida congelada

Que estén bajo cero no significa que no sean saludables o ricos. Sigue estos consejos para conservar mejor tus alimentos.

  • Mito 1: Las frutas y verduras congeladas no son tan saludables como las frescas Estos alimentos a menudo se cosechan cuando están maduros y se congelan 6 o 10 horas después, dice Jenna Braddock, nutricionista. “Así pueden conservar sus propiedades”, afirma.
  • Mito 2: Puedes descongelar comida en la barra de la cocina sin peligro Quizá este sea el principal culpable del deshielo inseguro, señala Caroline Passerrello, nutricionista y vocera de la Academia de Nutrición y Alimentación de EUA. Mejor hazlo en el refrigerador, donde no alcanzará la “zona de peligro” térmica, entre los 4 y 60 grados Celsius, la favorita de las bacterias. Toma en cuenta que este método requiere más tiempo.
  • Mito 3: Los alimentos congelados tienen mucho sodio Los fabricantes comprenden las necesidades de los consumidores que se cuidan y quieren disminuir su ingesta de sal. Revisa las etiquetas para que lo veas por ti mismo.
  • Mito 4: Es seguro descongelar los alimentos con agua caliente Al contrario. “La temperatura no aumentará de manera uniforme”, explica Braddock. No solo podría provocar una cocción dispareja, sino que algunos productos comestibles podrían alcanzar la zona de peligro térmica. Si no puedes esperar a que la comida se descongele en el refrigerador, se recomienda colocarla en un tazón con agua fría y cambiar el líquido cada 30 minutos.
  • Mito 5: Una vez que haya llegado la fecha sugerida de venta de un alimento, no deberías congelarlo Las tiendas usan tal plazo para asegurarse de que haya rotación de mercancía en su inventario. La fecha indicada en “usar antes de” se preocupa por la calidad ideal del producto, pero ninguna de ellas es una norma de sanidad, de acuerdo con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Congelar los alimentos tras esas fechas no debería tener ninguna repercusión en tu salud, asegura Braddock.
  • Mito 6: La comida debe ir directo al congelador El hecho de que esa pechuga de pollo haya sido empacada en la tienda no significa que esté lista para congelarse. La gente que embala los alimentos tiende a dejar aire dentro del paquete, lo que supone una entrada para las bacterias y disminuye la calidad de la carne, puntualiza Passerrello. Envuelve la comida en papel de carnicería o encerado, y saca tanto aire como sea posible antes de congelar. En cuanto a los vegetales frescos, escáldalos antes de meterlos a la nevera. El agua hirviendo interrumpirá la actividad enzimática que, de otro modo, les quitaría el sabor y frescura a estos productos del campo, detalla Passerrello.
  • Mito 7: Volver a congelar los alimentos es insalubre Siempre y cuando los hayas deshelado en el refrigerador, puedes volver a meterlos al congelador, asegura Passerrello. Solo sé consciente de que hacerlo por segunda ocasión podría mermar su calidad, advierte.
  • Mito 8: La comida congelada caduca El sitio de Internet foodsafety.gov señala el lapso que pueden permanecer congelados distintos alimentos (la carne cocida, por ejemplo, de dos a seis meses), pero esto es solo con fines de calidad, no de inocuidad. La comida congelada se mantiene apta para consumo casi de forma indefinida.
  • Mito 9: No puedes congelarlo todo Por la inocuidad, no existe algo que no puedas congelar; solo afec-ta su calidad. La textura de ciertos productos, como la leche y el queso, puede cambiar un poco tras este proceso, pero siguen siendo comestibles.



¿Por qué nos resulta tan irresistible el teléfono del que está al lado?

Olvídate de Google, de las cookies y de los hackers. Quien con más ahínco espía tu teléfono está justo detrás de ti. El fisgoneo de pantalla o espionaje sobre el hombro es un término antiguo. Solía hacer referencia a una práctica de competencia empresarial que consistía en mirar las pantallas de ordenador ajenas en busca de información.

Es el motivo por el cual las contraseñas se muestran con asteriscos, una práctica que ha generado millones en pérdidas y ganancias. Pero en los últimos años este término ha ganado una nueva acepción, quizá más inofensiva, pero mucho más extendida: espiar el teléfono de quien tenemos al lado.

Según un estudio de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich, el 97% de la población ha estado involucrado en un incidente de fisgoneo de pantalla ajena. Prácticamente todo el mundo, en todos lados. Los motivos que explican esta vigilancia constante son sencillos: no se necesita de ninguna herramienta especial, de ningún conocimiento previo, ni siquiera de un motivo concreto para hacerlo; simplemente pasa.

Las pantallas ajenas son ventanas a la vida de los otros, resquicios por los cuales podemos colarnos y conocer todo de ellos, desde sus ideas políticas hasta sus filias sexuales. Con quién hablan, en qué trabajan, a qué juegan, qué ven, leen, escuchan… Todos sus secretos están ahí, una copia informática de sus vidas en alta resolución. Hasta hace poco estas pantallas ajenas descansaban en la intimidad del domicilio. En los últimos años han salido a la calle y han conquistado el espacio público.

Ahora que lo sabes no dejarás de verlas. Las pantallas ajenas suben al metro, se actualizan frenéticamente, muestran retazos de vidas ajenas, pinceladas de intimidad descontextualizada. Después bajan en su estación y no volvemos a saber de ellas.

La experiencia personal, la lógica y la Universidad Ludwig Maximilian coinciden en señalar el transporte público como el lugar donde más se da este fenómeno. Un espacio reducido donde estamos confinados con decenas de personas, la mayoría con un móvil en la mano, a escasos centímetros de nuestros ojos.

Según los investigadores, se produce sobre todo entre desconocidos y no hay mala intención en ello, a pesar de que el sujeto observado, en una proporción aplastante, se sienta violentado al saber que alguien le está espiando.

Puede que los dispositivos que observamos sean nuevos, pero el comportamiento no lo es; antes echábamos un vistazo al libro que tenía nuestro compañero de viaje. Incluso se llegó a especular sobre el efecto contagio que tuvo el transporte público en fenómenos editoriales como El código Da Vinci o 50 sombras de Grey.

Siempre hemos espiado, la diferencia es que ahora podemos vislumbrar algo más que las palabras de un escritor lejano; ahora podemos asomarnos a la vida de nuestro vecino de asiento.

Las ventanas, a menos que sean tintadas, ofrecen visibilidad en dos direcciones. Los móviles tienen cámara de fotos y el transporte público se ha convertido en el improvisado plató de miles de fotografías. En los últimos años los Instagrams más peregrinos han empezado a inundar la red.

Chicos sexis leyendo en el metro, otros menos sexis haciendo manspreading, gente loca en el suburbano de Nueva York o momentos artísticos en el de Madrid. El año pasado una mujer tomó fotos de un hombre que miraba intensamente los teléfonos de otras personas. Las fotos se hicieron rápidamente virales y representan a la perfección las dos caras de las pantallas.

Puede que dentro de unos años nos ríamos de esta molesta práctica del pasado, que el fisgoneo de pantalla ajena sea una costumbre efímera que no perdure en el tiempo. Varias empresas están investigando para que así sea. Las más rudimentarias proponen un protector de pantalla que reduce la visibilidad lateral, pero la mayoría de usuarios se lamentan de su escasa utilidad.

Quizá sea Google quien haya sabido desarrollar un software más sofisticado. Investigadores de la multinacional estadounidense aseguran haber desarrollado un «protector de pantalla electrónico» que puede avisarte cuando algún cotilla está observando tu móvil.

Mediante el reconocimiento facial de la cámara frontal podría detectar si hay una cara cercana al dispositivo y si esa cara es o no del dueño, una funcionalidad que ya tienen algunos móviles para ser desbloqueados. Claro que eso abre un duda aún más inquietante. ¿Quién te está observando al otro lado de la pantalla?





Cuando "puto" se usa como adverbio

—Estoy hasta los mismísimos de puto estudiar la mierda oposición esta… ¡Es puto difícil!

—Sí, pero imagina que la apruebas. Curro fijo para toda la vida y dinerito fresco todos los meses.

—Bueno, tampoco te creas que tanto.

—Hombre, mejor que ahora, que tienes que ir a visitar a la borde de tu abuela para que te dé algo de pasta, ya estarás, ¿no?

—Calla, macho, que cada vez que voy a verla me puto infla a rosquillas de esas que hace ella con la receta de su pueblo, más secas que sus pantorrillas. Eructo anís del Mono cuando salgo de allí.

—Jajajajaja, ¡me puto muero! Pero de las croquetas no dices nada, ¿eh? Anda que las compartes…

—El que quiera croquetas, que aguante a mi abuela.


De los creadores de Puto como adjetivo y de Puto hasta en la sopa, llega… ¡Puto como adverbio! Si hay un fenómeno que a los lingüistas les esté volviendo loquers últimamente, ese es este que hoy nos ocupa. «Es puto difícil», «Me puto infla a rosquillas», «me puto muero»…

A alguien que está en esa difícil edad en la que ya debe usar lentes progresivas sin remedio, ese uso adverbial del adjetivo puto puede hacerle convulsionar. Las cosas de los jóvenes, dicen, les van quedando lejos. No digamos nada de lo que se publica en esa gran ventana al mundo (de la mala baba y los ofendiditos) que es Twitter.

¿De dónde viene este fenómeno? Y más aún, ¿es realmente un uso adverbial? No hay aún demasiados estudios sobre ello; es lo que tiene querer estar al día de lo que se cuece en nuestro idioma, que a veces se llega demasiado pronto.

¿Podría estar relacionado con los fundubs? La pregunta la lanzó no hace mucho en Twitter la lingüista Elena Álvarez Mellado y ha obtenido respuestas para todo. La más abundante, que este uso es un calco del inglés fucking, aunque también hay quien piensa que no es más que una asimilación del uso adjetival que ya tenía puto: «Hazme caso de una puta vez»; «puto conductor», etc. Lo de los fundubs, parece que va a ser que no.

Lo único que se puede decir con certeza al respecto es que tiene un uso coloquial, muy extendido entre jóvenes (según un miniestudio de David Gallardo Nieto-Sandoval, de la Universidad de Michigan, la edad oscila entre los 18 y los 34 años), que es más propio del español de España y que se necesita mucho más corpus de estudio para llegar a una conclusión.

Y la RAE, ¿qué dice de esto? Pues que su uso es válido, pero más que como un adverbio, lo ve como un prefijo intensificador. En sus propias palabras: «Dado que la palabra puto se emplea en estos casos como un elemento átono intensificador que incluso puede interponerse entre un morfema de persona y un verbo pronominal (me muero), lo adecuado sería tratarla como un prefijo y escribirla unida a la base si esta es univerbal (constituida por una palabra): Me putomuero de la envidia; Estoy harta de putoestudiar Física. Su uso es válido, aunque se limita al registro coloquial de determinados grupos de hablantes y puede ser malsonante».
¡Enhorabuena, milenials, la RAE los bendice!
Así pues, vayamos acostumbrándonos a estas expresiones tan novedosas de puto, que parece que la cosa se va asentando. Puedess hacer caso a la RAE y escribirlo todo juntito o puedes seguir escribiéndolo como puto te salga del moño.





Los países menos democráticos están creciendo más rápido en economía y sanidad

De los diez países con más rápido crecimiento en 2016, nueve de ellos presentaban una baja calificación democrática. Esto nos da una lección doble. Por un lado, que si bien la democracia es el sistema menos imperfecto de todos cuantos conocemos, la democracia tiene tantos errores (por ejemplo, Suiza fue uno de los últimos países de Europa en permitir que votaran las mujeres precisamente por un exceso de democracia) que se puede aspirar a democracias de mejor calidad.

La segunda lección es que debemos reivindicar la democracia como un bien sí mismo en lugar de como un medio superior para lograr otros objetivos que nos gustan, como una sanidad y una economía más robustas.

La democracia liberal es la mejor manera de gobernar un país, también la moralmente más aceptable, sí, pero los datos no sugieren que sea la mejor forma de obtener crecimiento económico o mejoras sanitarias, así como otras cosas positivas.

Nivel democrático
Para cruzar los datos de crecimiento económico y nivel democrático de un país se pueden usar, respectivamente, datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Índice de Democracia de The Economist.

Este índice otorga una nota de democracia, de menos a más, que oscila entre el 1 y el 10. La nota más baja de la lista, por ejemplo, es Corea del Norte, que tiene un 1,8. La más alta es Noruega, con un 9,93. España está en el puesto 19, con un 8,08, por delante de países como Japón, Estados Unidos, Francia, Bélgica o Italia.

Para considerarse una democracia plena se necesita una nota superior a 8, es decir, que todos los países mencionados después de España no son democracias plenas, y en el mundo, pues, solo hay 20 países que vivan en una democracia plena.

Sin embargo, según estos datos, solo una de las diez economías que más ha crecido a nivel económico en los últimos cinco años tiene una buena nota democrática. Veamos la lista, empezando por los que más rápido han crecido:

  1. Turkmenistán: 1,83.
  2. Etiopía: 3,60.
  3. China: 3,14.
  4. Mongolia: 6,62.
  5. Irlanda: 9,15.
  6. Uzbekistán: 1,95.
  7. Myanmar: 4,20.
  8. Laos: 2,37.
  9. Panamá: 7,13.
  10. Georgia: 5,93.
De hecho, las previsiones de crecimiento económico a nivel global sitúan a muchos países africanos como los líderes de este crecimiento. Sí, África. La lista está liderada por: Ghana, Etiopía, India, Costa de Marfil y Yibuti. Cada uno crece por diferentes razones, aunque el gasto público juega un rol importante en muchos casos.

De hecho, si buceamos en las razones que subyacen al crecimiento económico, cada nación nos dará unas respuestas diferentes. Porque no existe una magnitud única que analizar.

Sí, la democracia es deseable, pero no es lo único deseable. También es deseable un PIB per cápita elevado, una menor mortalidad infantil o una mayor libertad individual. Son todos factores que queremos que se generalicen, pero, por sí solos, no constituyen un indicador mediante el cual podamos medir el progreso de una nación. La realidad es mucho más complicada, como explica Hans Rosling en su libro Factulness:

Un país no puede funcionar sin un gobierno, pero el gobierno no puede solucionar todos los problemas. Ni el sector privado ni el público son siempre la respuesta. Ninguna medida única de una buena sociedad puede impulsar todos los otros aspectos de su desarrollo. No se trata de uno u otro. Se trata de las dos cosas y hay que ir caso por caso.

Democracia mal
Por todo ello, cuando convertimos la democracia en la magnitud principal para medir el progreso de un país, porque todo el mundo vota y, además, vota mucho, por ejemplo, aparecen sorprendentes aberraciones estadísticas. Como la ya mencionada Suiza, donde precisamente fue la democracia la que entorpeció que las mujeres pudieran acceder al voto hasta un reciente 1971, convirtiéndose en una vergüenza europea.

Por el contrario, una dictadura militar como Corea del Sur pasó de ser un país pobre a uno de los más ricos del mundo, siendo su crecimiento el más rápido de la historia (exceptuando los países que hallaron abundantes fuentes de petróleo).

Las democracias también pueden llegar a desestabilizar países, porque las personas no siempre votan desde la razón y no siempre disponen de toda la información necesaria (por eso, también el papel de los expertos, las instituciones o los gestores es tan importante como la democracia).

La democracia puede hacer que países ricos y prósperos, sobre todo, se vuelvan más inseguros. Paul Collier, profesor de Economía de Oxford, pone numerosos ejemplos de ello en su libro Wars, Guns and Votes: Democracy in Dangerous Places; o Fareed Zakaria en El futuro de la libertad: las democracias ‘iliberales’ en el mundo.

Según Collier, además, las elecciones democráticas por sí solas no equivalen a una democracia robusta. Lo más importante en una democracia no es introducir la papeleta en una urna, sino que existan instituciones que promuevan la rendición de cuentas que no sean fácilmente explotadas por elites cínicas y codiciosas. Así fue como en la antigua Yugoslavia populistas sin escrúpulos explotaron la democracia plebiscitaria en 1990 y 1991 para destrozar el lugar.

Por su parte, Zakaria abunda en casos de varios países del Medio Oriente, África y América Latina donde hay elecciones y partidos políticos, pero no libertades civiles como las que hay en Europa o Estados Unidos. Porque la soberanía popular sin el Estado de Derecho y el imperio de la ley dista de ser democrática.

O como afirmó William Yeats: «Los mejores carecen de convicciones y los peores están cargados de apasionada intensidad». O sintetizado por Isaiah Barlin, uno de los más grandes pensadores políticos del siglo XX, autor a su vez de Cuatro ensayos sobre la libertad: mayor democracia implica menor libertad individual.

Hay que enfrentarse al hecho, intelectualmente incómodo, de que la democracia y el liberalismo no se llevan bien; que pueden chocar entre sí de una manera irreconciliable.

Un 30 % de los estadounidenses no sabe quién gobierna en la Casa Blanca, la mitad ignora que cada Estado tiene dos senadores y las tres cuartas partes desconoce la duración de su mandato. Preguntar al pueblo qué futuro quiere para su país es el menos malo de los sistemas que conocemos, pero eso no significa que la democracia pueda mejorar (obligando, por ejemplo, a pasar un test que demuestre que al menos te has leído el programa político que vas a refrendar en las urnas).


La democracia, en sí misma, es buena. Como lo es la comida. Pero la epidemia de obesidad mundial nos demuestra qué mal estamos gestionando el acceso a las calorías.





El sueño que dio origen a Frankenstein

Era el oscuro verano de 1816. En Villa Diodati, junto al lago de Ginebra, se reunieron Lord Byron y su médico, el Dr. Polidori, con el poeta Percy Shelley, Mary Godwin (la futura esposa de Percy) y Claire (la hermanastra de Mary).


Hacía un frío que pelaba. Bramaban rayos y truenos, y de algún modo, su electricidad se apoderó de las conversaciones nocturnas alrededor de la chimenea.

Hablaban de esas teorías científicas que pretendían devolver la vida a los muertos con una descarga eléctrica, divagaban sobre los autónomas (los antecesores de los robots) y se obsesionaron con las historias alemanas de fantasmas.

Una noche, frente a los chasquidos del fuego, Lord Byron retó a sus amigos:

—Cada uno escribirá un cuento de fantasmas.

Días después, al meterse en la cama, Mary no podía dormir. Cerró los ojos y de pronto: «Vi el horrendo fantasma de un hombre extendido y entonces, bajo el poder de una enorme fuerza, aquello mostró signos de vida, y se agitó con un torpe, casi vital, movimiento».



Dos años después, con solo 20 años, Mary Shelley publicó de forma anónima el relato de terror que apareció aquella noche sobre su almohada: Frankenstein o el moderno Prometeo.