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domingo, 31 de marzo de 2019

Humor lluvioso







Mega post: 612 imágenes divertidas, curiosas y WTF!







Hipnótica y variada selección de GIFS (164)







23 curiosas costumbres en torno al amor

Sí, el amor es algo universal… pero el romance toma una asombrosa variedad de formas en todo el mundo. Si no has cortejado a tu pareja con una cuchara, ganado el equivalente de su peso en cerveza o ido a un baile de solteros, sigue leyendo…

1. Campeonato Mundial de Cargar Esposas
Este estrafalario evento deportivo anual se celebra en Sonkajarvi, Finlandia. Con la esposa o la pareja al hombro, los participantes tienen que sortear distintos desafíos; el ganador recibe el peso de la mujer en cerveza.

2. Matrimonios junto a una tumba en Rusia
La Tumba del Soldado Desconocido, en Moscú, es el destino principal para festejar casamientos. Se toman fotos y se bebe champán mientras los novios colocan flores como homenaje.

3. Dientes de ballena

¿Encontrar el regalo perfecto para pedir a tu pareja te está quebrando la cabeza? En Fiyi, cuando se pide la mano de una mujer es común que el hombre presente a su futuro suegro un tabua (diente de ballena).

Porque, seamos francos, no es un amor verdadero a menos que te sumerjas cientos de metros en el mar y te veas las caras con el mamífero más grande del mundo.

4. Choza de cortejo
¿Crees que tus papás eran muy abiertos? ¿Seguro? Bajo un estilo revolucionario de crianza, algunas tribus africanas otorgan “chozas de cortejo” a sus hijas para que reciban a sus pretendientes lejos de la supervisión paternal.

En Camboya hay una costumbre muy similar en la que se anima a las adolescentes solteras a usar las chozas para encontrar al verdadero amor.

5. Balcón de Julieta en Verona, Italia

Revive la historia de amor más famosa de todos los tiempos. Cada año, miles se congregan en la Casa di Giulietta, en Verona, una vivienda del siglo XIII que se cree perteneció a los Capuleto (¡qué importa que se trate de personajes ficticios!).

Allí plasman sus grafitis y notas de amor en las paredes del patio, donde la hermosa Julieta fue cortejada por su Romeo.

6. Tatuajes de jena

En comunidades árabes y africanas, antes del matrimonio las mujeres suajili se adornan con elaborados diseños plasmados con jena. Representan la belleza, feminidad y valía de la novia, por lo que ella exhibe los dibujos más sofisticados.

Además de su vistosidad estética, los tatuajes representan una cualidad inspiradora y sensual de la cultura suajili, pues el diseño a menudo esconde las iniciales del novio en un lugar secreto del cuerpo de ella.

7. Las mujeres eligen en el Festival de Guerewol
En un evento anual de cortejo que celebran los bororo, grupo étnico asentado, sobre todo, en Níger, los hombres se atavían con elaborados trajes, se maquillan, bailan y cantan en un esfuerzo por encontrar novia. Al final, ellas toman la decisión.

8. Fugarse a Escocia
Cuando la Ley Inglesa de Matrimonios de 1754 prohibió casarse a los menores de 21 años, los enamorados cruzaban la frontera a Escocia para escapar de la jurisdicción. Al ser el primer pueblo en el camino, Gretna Green se convirtió en el lugar favorito para los fugitivos.

Hoy en día, unas 5,000 parejas lo visitan cada año para dar el sí o ratificar sus votos.

9. Mi gran boda griega
Las celebraciones de los casamientos griegos son famosas por su espíritu alegre y festivo. Una tradición maravillosa es el primer baile de los novios, durante el cual los invitados prenden dinero a los trajes de los recién casados, quienes dan vueltas y vueltas entre hermosos (por no decir carísimos) ríos de papel.

10. El sing-sing en el monte Hagen
Los miembros de las tribus de Papúa Nueva Guinea pintan sus cuerpos y lucen vistosos disfraces de plumas con el afán de impresionar a sus prospectos.

En esta ceremonia se proyecta una especie de mimetismo espiritual: los hombres adquieren la forma y los ritos de apareamiento de las aves del paraíso machos en una caleidoscópica muestra de afecto.

13 impactos físicos y mentales del celular


  • 1. Primero las buenas noticias El teléfono móvil podría salvarte el pellejo. Fruto del análisis de las emergencias atendidas durante 11 años, un artículo publicado en la Journal of Emergency Medicine reveló que se salvaron 137 vidas más por cada 100,000 pacientes cuando la llamada al número de emergencias se hizo desde un celular y no de una línea fija.
  • 2. No obstante, también hay mucho de qué preocuparse Utilizarlo justo antes de acostarte podría perturbar el sueño. La luz azul brillante de longitud de onda corta que emite agudiza la atención durante el día; sin embargo, durante la noche podría inhibir la producción de melatonina, hormona que te ayuda a quedarte dormido. Para evitar este fenómeno, acostúmbrate a no usar el celular al menos media hora antes de cerrar los ojos.
  • 3. Cuando estás despierto… El sonido generado por la vibración que indica que tienes un mensaje en el teléfono basta para menguar tu capacidad de concentración, explican los investigadores de la Universidad Estatal de Florida. A fin de evitar la distracción puedes activar la función de “no molestar”.
  • 4. No hagas caso No hacerle caso a tu dispositivo cuando te encuentras a solas (en vez de sacarlo para jugar) podría inspirar ideas creativas. “El aburrimiento activa cuatro áreas distintas del cerebro que funcionan conjuntamente para atraer pensamientos fortuitos y combinarlos de maneras singulares”, ilustra el psicólogo Larry Rosen, quien escribió un libro sobre este fenómeno.
  • 5. Cuidado con las selfies Actualmente, los estadounidenses pasan más de cinco horas al día deslizando, escribiendo, pulsando… y adoloridos por hacerlo. El llamado “codo de selfi” es una lesión infligida por el esfuerzo que se hace al mantener esta coyuntura en un ángulo inusual. Son 85,000 personas las que cada mes buscan “pulgar en gatillo” y términos similares en Google.
  • 6. Un mar de gérmenes La mayoría de los móviles nada en gérmenes: tienen 10 veces más que los que encontrarías en muchos escusados, asevera el microbiólogo Charles Gerba, de la Universidad de Arizona. Limpia tu teléfono a diario con una toallita antibacterial apta para aparatos electrónicos o con un paño de microfibra.
  • 7. También tiene que ver el uso que le des Dicho lo anterior, cabe mencionar que tu celular también te ayuda a estar más sano. En un estudio hecho con participantes que presentaban sobrepeso, aquellos que utilizaron una aplicación para registrar su consumo de alimentos fueron mucho más perseverantes que quienes emplearon un cuaderno o un sitio de Internet para bajar de peso; además, perdieron casi el doble de kilos.
  • 8. ¿Y la radiación? La exposición a la radiación, que por mucho tiempo se pensó era un riesgo para los usuarios frecuentes del celular, seguramente no sea algo de lo que debas preocuparte. Sí emite radiación; sin embargo, la mayoría de las evidencias científicas disponibles hasta el momento no vinculan su uso con el cáncer. Un estudio preliminar detectó que la exposición de ratas macho de laboratorio a los niveles más altos permitidos para celulares se asocia con un tipo raro de tumor en los tejidos que rodean los nervios del corazón. Si esto te inquieta, usa audífonos internos o auriculares la siguiente vez que hagas una llamada.
  • 9. El uso del geolocalizador Orientarse por medio de un mapa y tratar de recordar la ruta a seguir podría ser mejor para el cerebro que relegarse a la pasividad y depender de las instrucciones pormenorizadas del GPS. Los científicos han detectado que, en los adultos mayores que eligen el sistema más activo, aumenta la actividad del hipocampo, una parte del órgano en cuestión que desempeña un papel importante para la memoria.
  • 10. Fotos y memoria cerebral Tomar una foto con la cámara de tu celular podría afectar tu capacidad de recordar. En una prueba efectuada al terminar un recorrido por un museo de arte, era menos probable que los alumnos recordaran objetos que habían fotografiado. “Es como si al hacer clic, le dieras vacaciones a tu memoria,” ilustra la psicóloga Linda Henkel.
  • 11. Dale un respiro a tus ojos El teléfono puede jugarle una mala pasada a los ojos. Alrededor del 60 por ciento de los estadounidenses presentan síntomas de esfuerzo ocular digital, como sequedad, irritación, visión borrosa, fatiga visual y dolores de cabeza. Intenta parpadear a menudo, aumentar el tamaño de la letra y descansar de las pantallas cada 20 minutos.
  • 12. No lo uses cuando camines Todos sabemos que caminar por la calle con la cara metida en el celular es peligroso, y hay estudios que lo reafirman. Los peatones urbanos que usan el teléfono no miran a la izquierda o a la derecha tan a menudo, y es más probable que los atropelle un auto, según un análisis de estudios sobre peatones distraídos publicado en la Journal of Traffic and Transportation Engineering. En un experimento pequeño, 94 por ciento de los transeúntes que usaban el móvil para charlar y enviar mensajes de texto no vieron dinero en efectivo que colgaba de las ramas de un árbol. (Así es, se les escapó una pequeña fortuna.)
  • 13. ¿Puedes estar un tiempo sin mirarlo? Todos estos trastornos se evitarían fácilmente si nos olvidáramos del celular. ¿El problema? No es tan sencillo. El dolor que puedes sentir producto de la ansiedad que separarte de él te genera es más que emocional. De hecho, explica Rosen, desprenderse del celular podría provocar la liberación de cortisol, la hormona del estrés. Naturalmente, hay muchas aplicaciones que te ayudan a controlar la adicción a este medio de comunicación (muchas de ellas con nombres apacibles). O también podrías dejar que se agote la batería y ¡olvidarte de él!



9 trucos para facilitarte la vida

Tecnología – Carga tu teléfono más rápido
Para restaurar la batería en menos tiempo, activa el modo avión. Esto detendrá las aplicaciones en segundo plano (como las notificaciones o la itinerancia del GPS), que suelen drenar la energía.

No acelerará mucho el proceso, pero, en un apuro, cada segundo cuenta.

Salud – No pierdas un diente que se te cayó
Si, por accidente, se te cayó una pieza de la dentadura, no te espantes. Levántala tomándola por la corona (la superficie para masticar), enjuaga cualquier residuo y colócala de nuevo en su lugar si puedes.

De lo contrario, ponla en un vaso con leche (¡no con agua!) y ve a un dentista lo más pronto posible para que te la reimplante.

Mascotas – Evita que tu perro se muerda

¿Tienes un perro que no deja de morderse la cola, las patas o el pelaje? Unta un poco de aceite de mirra (de venta en farmacias) en el punto lacerado; el terrible sabor evitará que siga haciéndolo.

Viajes – Usa un humidificador improvisado en tu habitación de hotel
El aire de los cuartos de hotel puede ser muy seco. Si el tuyo tiene cocina, llena una tetera con agua y caliéntala en la estufa. Deja que el vapor salga hacia la habitación hasta que la mayor parte del líquido se haya consumido.

Esto puede ayudar a aliviar la tos, una nariz congestionada y otros síntomas del resfriado o de las alergias.

Cocina – Acaba con el exceso de azúcar
“El adulto estadounidense promedio consume casi tres veces más de la cantidad recomendada de azúcar”, afirma Erin Palinski-Wade, nutricionista y autora de un libro que ahonda en la buena alimentación.

“Cuando prepares una receta que requiera ser horneada, en lugar de emplear azúcar utiliza un ingrediente sustituto perfecto: puré de ciruelas pasas. De esta manera conseguirás reducir el azúcar, al tiempo que aumentas el contenido de fibra y nutrientes”.

Compras – Ahorra en la membresía de tiendas de ventas al por mayor
Si alguno de tus amigos es miembro de una de estas, pregúntale si es posible obtener una credencial adicional bajo su auspicio. Estos programas te permiten obtener todos los beneficios con una cuota reducida. Infórmate de la viabilidad y de los requisitos en cada negocio.

Alimentos – No te duermas después de la comilona navideña
Olvida eso de que el triptófano del pavo provoca sueño. De hecho, la proteína de esta ave (así como la del pollo y la carne) le ordena al cerebro producir dopamina, la “molécula de la motivación” que nos da energía.

Entonces, ¿qué ocasiona el letargo después de una gran cena? ¡Las enormes porciones que solemos devorar!

Limpieza – Desintoxica las hojas suavizantes
Hasta este momento, los fabricantes de suavizante para ropa en forma de hojas no están obligados a listar los ingredientes de sus fragancias, y hay por lo menos 3,000 que pueden usar; algunas de ellas son inocuas, otras no. Incluso las presentaciones sin esencia podrían contener sustancias químicas tóxicas, aunque estas pueden reducir la oportunidad de contaminación.

Mejor agrega algunas gotas de tu aceite aromático favorito a una pelota de tenis y échala junto con la carga a la secadora de ropa.

Autos – Descongela el parabrisas
Debido a que el alcohol de uso tópico no se congela sino hasta llegar a los –88.33 grados Celsius, resulta una gran herramienta para descongelar.

Prepara una mezcla con un tercio de agua y dos tercios de alcohol y ponla en una botella con atomizador. Unas cuantas rociadas en un parabrisas congelado te ayudarán a ver en muy poco tiempo. También puedes aplicarla a las manijas del auto cuando estén llenas de hielo.






¿Es lo mismo un gay pobre, que un gay rico?

Internet nos ha hecho transversales. Las redes sociales han creado una nueva estructura que ya no se divide por clases sociales estancas, sino por el interés de amplios grupos en determinados temas.


Durante el pasado siglo, el mundo se dividía en derechas e izquierdas. O, según la versión predominante en estas últimas, en explotadores y explotados.

El feminismo fue probablemente el primer movimiento transversal de cierta relevancia. Pero en sus comienzos no contaba con los medios necesarios para desplegarse. Los panfletos y las manifestaciones de aquella época tenían un alcance muy limitado.

Sin embargo, el posterior jipismo sí alcanzó mucha más popularidad, pese a su menor trascendencia, porque para entonces la televisión ya pudo darle la cobertura necesaria. El eslogan «Haz el amor y no la guerra» y el logotipo pacifista se expandieron por todo el planeta alcanzando una notoriedad hasta entonces inimaginable.

Después de aquel fenómeno global, más vinculado a una generación que a una clase social, los grupos transversales han seguido desarrollándose a partir de las más diversas reivindicaciones. El movimiento LGBT, el feminismo, el ecologismo o el nacionalismo están desbordando los enfrentamientos verticales de antaño.

Esa es la razón por la que partidos y sindicatos están tan desorientados. Fueron creados para resolver un conflicto de lucha de clases y no saben cómo incorporar estos nuevos movimientos transversales, mucho más activos y dinámicos, a sus propios intereses.

El problema radica en la propia esencia de dichos movimientos. El socialismo tradicional diferenciaba los intereses contradictorios de los antagónicos. Los contradictorios abordaban las diferencias de criterio entre grupos similares. Los antagónicos, las de las distintas clases sociales donde siempre lo que beneficiaba a unas perjudicaba a las otras.

Ese antagonismo se ha diluido en los movimientos transversales. La reivindicación de la libertad de orientación sexual no siempre distingue entre clases sociales, ni el feminismo, ni el ecologismo, ni el nacionalismo. Hay siempre una última referencia al machismo, al fascismo, o al capitalismo para fijar el enemigo. Pero lo curioso es que machistas, fascistas o capitalistas también se integran en alguno de esos movimientos.

Lo transversal ha llegado para quedarse. Y muchos de esos movimientos tienen más posibilidades de ser revolucionarios que las obsoletas estructuras del pasado. Pero, al mismo tiempo, en muchas ocasiones encubren una realidad social todavía intacta: que la explotación del hombre por el hombre, en su sentido más genérico, todavía prevalece en un mundo esencialmente injusto.

Por eso, además de las reivindicaciones masivas, que cumplen sus objetivos, hace falta profundizar en un análisis que aúne lo transversal con lo vertical más allá de eslóganes, celebraciones y pancartas. Si no, todo se quedará en una gran fiesta en la que, como decía la canción de Serrat con ese mismo título:

«Y hoy el noble y el villano,
el prohombre y el gusano
bailan y se dan la mano
sin importarles la facha».


Una fiesta que debe abordarse exclusivamente como lo que es, un altavoz que actúa de catalizador para acelerar los procesos de transformación social. Pero esa transformación no se llevará a cabo si las manifestaciones transversales no vienen acompañadas de una conciencia política que nos ayude a diferenciar el fondo de la forma. Es la única manera de que esos movimientos, aupados por los medios de comunicación y las redes sociales, no terminen como la canción de Serrat que antes mencionamos:

«Se acabó,
el sol nos dice que llegó el final,
por una noche se olvidó
que cada uno es cada cual».




Humanos: Los únicos que sienten odio

De la tendencia a relacionar sentimientos y vísceras surgió ese binomio amor-corazón tan asentado en nuestro imaginario. Pero ¿qué pasa con el odio? De tener que elegir un órgano para ubicar esta emoción tan humana, el estómago o los intestinos se llevarían todas las papeletas. ¿Acaso no se decía que la mala leche podía llegar a provocar úlceras?

Malas noticias. La que seguramente sea la más infame de las pasiones, el odio («el patito feo de las emociones humanas», lo denomina el escritor y profesor de la Universidad Pontificia de Comillas, Fermín Zabalegui) sigue presente en nuestro mundo. Eso pese a los esfuerzos invertidos durante siglos (aunque no de forma tan generalizada como sería deseable) para tratar de contenerla. Pero «la represión no ha funcionado […]. El odio siempre encuentra una salida, ya sea votando a Trump, probando misiles balísticos en el mar o creando una cuenta de Twitter», dice el propio Zabalegui.

Como hater a tiempo parcial, este profesor universitario detecta odio en todos lados. «Todos odiamos: Gandhi odiaba, mi abuela odiaba, Roger Federer odia…». La diferencia, cuenta Zabalegui en El libro del odio, es que hay quien sabe vivir con sus aversiones y «otros que expresan su odio como una hidra».

La violencia es el corolario más palpable del odio y la causante de su (justificada) mala prensa. El médico y sociólogo Albert J. Novell consideraba los asesinatos, atentados y demás actos violentos como «la parte visible del iceberg del odio». «Solo hay que seguir la actualidad para corroborar que su repercusión mediática está muy presente en nuestros días», añadía. Y precisamente por esa sobreexposición no se atisba que esto deje de ser así ya que «niños y jóvenes adultos crecen socializándose en situaciones en las que el odio y la violencia son la norma».

El galeno, quien consideraba el odio una «enfermedad mental grave», echaba en falta investigaciones científicas sobre su prevención, diagnóstico y tratamiento. Sobre todo teniendo en cuenta que de esta afectación se deriva un doble problema: para el que odia y para los odiados. «Si ha de ser un problema, en todo caso que lo sea solo para el primero», apostillaba tras proponer como estrategia sanitaria para la prevención del odio y sus consecuencias la sanción de la mentira: «La excesiva permisividad con la que se tolera y se consiente esta contribuyen a retroalimentar conductas basadas en el odio», concluía.

Novell se atrevió a dar una definición de este sentimiento. Algo que a lo largo de la historia también intentaron hacer filósofos y pensadores con más o menos concreción. Unos y otros coincidían al tratarla como una emoción presente entre los individuos de la especie humana (en mayor o menor medida), pero ¿es exclusiva de esta? Parece que sí: «Mientras que la ira es una emoción básica, necesaria para sobrevivir, el odio es una emoción construida culturalmente», explica el catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad Carlos III de Madrid Fernando Broncano a Agencia SINC.

El odio es 100% humano. Lo que sí compartimos con otros animales es la base desde la que evolucionó esta emoción. Según Henry Evrard, neuroanatomista en el Instituto Max Planck de Cibernética Biológica (Alemania), «el odio es un sentimiento que emergió evolutivamente de conjuntos más básicos de sensaciones corporales y emocionales que son comunes en humanos y otros primates, como el hambre y el miedo».

Evrard asegura que, aunque creamos advertir dicha pulsión en los comportamientos violentos de los miembros de otras especies, estos no pueden calificarse como fruto del odio simple y llanamente porque esos animales no son conscientes de dicha aversión. Lo que hace tan humano al odio es nuestra capacidad para percibirlo de forma consciente.

El odio como excusa
La universalidad del odio lo adentra en nuestra cotidianeidad. Abominamos a pequeña escala aunque, en ocasiones, necesitamos altavoces para popularizar nuestra inquina. Las redes sociales han devenido en el pozo negro de la bilis verbal.

Cuando se produce a gran escala, el odio puede desembocar en tragedias ciclópeas. Los psicólogos Karin y Robert J. Sternberg se interesaron por la naturaleza del odio que subyace en genocidios como los de Bosnia o Ruanda en su libro titulado precisamente así, La naturaleza del odio. Una de las conclusiones a las que llegaron es que aunque el odio es uno de los factores presentes en este tipo de matanzas, no se trata de algo «natural»: «Está cínicamente fomentado bien por los individuos que se encuentran en el poder para mantenerse en él, bien por individuos que no se encuentran en él para tratar de obtenerlo».

Tal es así que los Sternbeg consideran que este sentimiento, a menudo, no es una «causa», sino más bien el «resultado» cuando se emplea como «racionalización de la violencia». «Una actitud de odio dirigida convenientemente hacia las víctimas hace que sea más fácil asesinarlas, en lugar de percibirlas como antiguos amigos y vecinos, o simplemente como seres humanos», explican en el libro.

Campañas propagandísticas, como la articulada por Goebbels en la Alemania nazi, ampararían esta teoría. También la que sostiene el científico Rush W. Dozier Jr. cuando señalaba a la ausencia total de empatía hacia las víctimas la causante de todas esas tragedias.

«El objetivo del mundo civilizado debe ser pasar de antigua orientación nosotros-ellos de nuestro sistema nervioso primitivo a una orientación nosotros-nosotros, orquestada por nuestro sistema nervioso avanzado». En definitiva, ponerse en el lugar del otro como cura universal antiodio.




Twitter: ¿Es correcto decir "holi", "Sip" "Besis"?

—¿A que no sabes a quién me encontré ayer?
—Ni idea. Dame una pista
—¡Holi, cuquiiiiiiiis!
—¿Chon? ¡Qué pereza de chica! ¿Y te braseó mucho?
—Toda una línea de metro, no te digo más.
—¡Ostras, qué viaje! ¡Y has sobrevivido sin morir de un coma diabético!
—Bueno, no te creas. Desde ayer me noto que hablo raro y no sé si tendrá que ver con ella.
—¿¡En serioooooo!?
—Nop, es bromi.
—¡Uy, pues sip! ¡Y lo contagioso que es esto!
—Que no, bobi, que es de coña.
—Okis, vamos a dejarlo aquí. Vuelve a casa y márcate una sesión intensiva de documentales de la 2. A ver si te liberas de tanto azúcar. Besis.
—Desde luego, guapi, cómo eres. Hala, hasta nunqui.


Si hay algún diabético en la sala, ya disculpará esta subida de azúcar tan de sopetón, pero es lo que tiene a veces el lenguaje en Twitter, que cuando se pone tierno no hay quien lo frene.

Twitter es esa jungla de hashtags y gifs que nos tienen sorbido el coco y la dialéctica. Si algo distingue a esta red social es el uso coloquial y familiar que hacemos del lenguaje y que volcamos sin complejos en sus 280 caracteres. Vamos, que hablamos como nos sale de las tripas, sin filtros, ni normas ni ortografía que valgan.

La Academia afirma en el Libro de estilo de la lengua española que se trata de reflejos de la comunicación oral en la escritura digital. Y que, por eso, por tratar de suavizar las expresiones y darles un tono familiar e informal, los hablantes tuiteros optan por ciertos recursos para logarlo. Uno de ellos es el «uso de -i o -is en la terminación de palabras (holis, besis, okis…) o la adición de una -p en casos como sip o nop».

Si la RAE te parece demasiado mayor para opinar de estas cosas, las filólogas Carlota de Benito y Ana Estrada publicaron un estudio conjunto titulado Holi, en Twitter hablamos raro un besi: la variación lingüística en Twitter donde explican muy claramente la formación de estos coloquialismos. «El sufijo -i», dicen, «nace ya asociado con los diminutivos, especialmente su uso afectivo, debido a que es común en nombres propios y vocativos (Mari, Pati, Carloti, Javi, cuqui, cari)».

Ahora bien, si tu mundo es maniqueo y necesitas imperiosamente saber si saludando con un holi en Twitter y despidiéndote con un hasta nunqui estás obrando bien, mamá RAE te dice que sí, siempre y cuando tengas claro con quién estás hablando, en qué contexto y en qué registro.

Vamos, que mejor que no le hables así a tu jefe ni a tu cliente si solo te une a ellos una relación laboral. Pero si el roce y las jornadas maratonianas de trabajo han hecho el cariño, qué te impide enviarles muchos besis.


A mí, disculpame si me da la risa.



¡Eso no lo como!: La nueva fobia a la comida

Ese gesto de repugnancia que una persona pone ante un alimento desconocido tiene nombre: neofobia alimentaria. No es una fobia en el significado de miedo (no es conocido el pánico a las zanahorias); es una fobia de asco invencible. «Es un rechazo, una renuncia a probar y comer algo, una negación a cambiar de dieta», explica María Jesús Periago Castón, catedrática de Nutrición y Bromatología.


No importaría si fuera una manía como contar baldosas. La pega es que la neofobia puede llevar a una dieta con menos vitaminas que la de un marinero del siglo XV. «El problema de estos comportamientos alimentarios es que se trasladan al estado nutricional. Muchas veces conduce a dietas desequilibradas y poco saludables».

Pero hay matices en el rechazo a la comida. La profesora de la Universidad de Murcia señala que no es lo mismo la neofobia (una actitud) que la aversión alimentaria. Esta «se produce cuando algo no llama la atención por sus características organolépticas o porque en el pasado sentó mal y ha dejado un recuerdo negativo». Por ejemplo, el olor del brócoli al vapor. Por ejemplo, aquellos champiñones que descuajaringaron las tripas y la cena acabó en una explosión.

Tampoco es un trastorno alimenticio: no tiene nada que ver con la anorexia. El neofóbico puede comer, hasta reventar, cualquier cosa que le guste. Ni es exclusivo de una edad o de un tipo de persona. Es más común en la infancia, pero hay quien se muere sin probar una gallineja porque le produce arcadas.

Dice Periago Castón que hay dos tipos de neofílicos. Los menos: «Personas a las que no les gusta comer. Son inapetentes, no disfrutan con la comida. Es algo más fisiológico». Y los más: «Individuos que disfrutan, pero tienen neofobia educacional. Es lo que han visto en sus padres, lo que han vivido en el hogar. Está demostrado que de los padres obesos salen hijos obesos y de los padres neofóbicos salen hijos neofóbicos».

A menudo la neofobia alimentaria de la infancia va desapareciendo en la edad adulta. Aunque a veces puede aparecer en la madurez. «Los adultos con problemas digestivos pueden desarrollarla», indica la catedrática. Y señala que la adolescencia es una edad crítica: «Hay un cambio de patrón dietético. Ellos ya deciden qué quieren comer y muchos pasan a una dieta basura. Es lo que les resulta más accesible. También hay casos de ortorexia. En el gimnasio les recomiendan una dieta exclusiva en proteínas y eso produce una sobrecarga. Puede ser una dieta puntual, pero no debe convertirse en una dieta de por vida».

Neofobia alimentaria en los comedores escolares
El equipo de Periago Castón en la Universidad de Murcia hizo un estudio sobre neofobia alimentaria en comedores escolares y descubrieron que el 16% de los niños tenían comportamientos neofóbicos. Las consecuencias: comían menos frutas y verduras, no querían legumbres ni guisos y tomaban menos cereales en el desayuno que los neofílicos que se tragan sin reparos cualquier cosa que les den.

Estos estudios son cada vez más finos. «Ya se utilizan programas informáticos para leer la expresión facial de una persona y reconocer la emoción que siente ante un alimento», indica la catedrática. «Se está avanzando mucho en la valoración sensorial de los alimentos. No solo se estudia si gustan o no gustan. Se intenta averiguar qué emoción despiertan. Esto lo hace la neurofisiología y el neuromarketing, y requiere pruebas médicas: resonancias magnéticas, electrocardiogramas…».

En un estudio de la Universidad del País Vasco intentaron averiguar algo más: ¿está relacionada la neofobia con la ansiedad y la autoestima? En la infancia y la adolescencia, sí. Los neofóbicos son más ansiosos y tienen menos autoestima que los neofílicos.

La coordinadora de esta investigación, Edurne Maiz, dio algunos consejos a los padres de hijos neofóbicos cuando presentó las conclusiones en 2015. «Paciencia, para que no vayan a más», porque «se ha visto que hay una cantidad importante de adultos y niños con una problemática grave por esta razón». ¿Lo ideal? Crear un ambiente agradable a la hora de comer. Que los niños vayan a la compra y cocinen con sus padres. Que asocien los alimentos con algo amable y placentero. Y que arrojen sus ascos al cubo de la basura.