¿Le falta un pata a este gato? No, es una (efectiva) ilusión óptica

La autora de esta imagen tan solo añadió el texto: “Por poco me da infarto” y no es para menos. En la imagen se ve un gato cómodamente tumbado en la alfombra y aparentemente ajeno al hecho de que una de sus patas cercenada reposa a 20 centímetros de su cuerpo.

La ilusión desaparece muy rápidamente, pero es muy efectiva. Una vez nos fijamos más descubrimos que el gato tiene la pata doblada por debajo del cuerpo y que lo que hay en el suelo es un objeto separado, aparentemente un hueso de perro, algo que encaja con la idea de que la autora de la foto también tiene perros a juzgar por las fotos de su cuenta.

¿Por qué nuestro cerebro apuesta por la opción más improbable y a la vez más truculenta? La cita de la autora ya nos predispone a ver algo que pueda resultar inquietante, pero la auténtica trampa que nos tiende nuestro cerebro es la denominada ley de cerramiento, la misma ley que nos hace ver un perro donde solo hay un montón de manchas.

La ley de cerramiento es uno de los principios que rigen la corriente moderna de la psicología conocida como Psicología de la Gestalt. Esta corriente estudia la manera que tiene el cerebro de organizar lo que percibimos en nuestro entorno.

En el caso concreto de la ley de cerramiento, el cerebro interpreta un conjunto de formas como una única entidad debido a la proximidad de esas formas, a su orientación, o a su color. Nuestro cerebro, en definitiva, tiende a agrupar objetos. 






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